Me despierta su olor a chucherías, a fresones de azúcar y nubes y piruletas de corazón que camufla ese otro perfume más oscuro, el regusto de la pólvora y del gas nervioso que se le queda flotando alrededor como un recuerdo mientras camina. No sé por qué Batman la tiene aquí. Debería estar en Arkham o en la simple y llana cárcel. No me explico cómo se ha podido escapar, pero aquí, en el espacio exterior, a pocos sitios podrá ir. Sólo estamos ella y yo y el límite de la circunferencia de la tierra. Está amaneciendo en Gotham. Bruce me va a matar.

Los cascabeles del cuello de su disfraz tintinean mientras me besa. Me pregunto por qué Batman tiene que lidiar con Catwoman, Poison Ivy y compañía mientras que a mí sólo me caen en suerte tipos de mal aspecto y peor carácter. No es nada justo, la verdad. Siempre me he preguntado cómo sería ella debajo de tanto artificio. Le acaricio el rostro y milagrosamente  el polvo blanco de su maquillaje se me queda en los dedos como si fuese un talco volátil. Bajo ese antifaz de mapache me sonríen unos ojos azules que deben tener más o menos veintidós.

- Joker no me cuida absolutamente nada. Ha intentado matarme ya tres veces. Necesito un novio algo más cariñoso – me dice mientras sigo clavado en el asiento de vigilancia. Parece que llevara horas a horcajadas sobre mí. Lois me va a matar

- Harley, soy un hombre casado...

- Bueno, si tú no le dices, yo no le diré...

Me pregunto qué llevará debajo de ese gorro absurdo de arlequín. Seguro que es rubia. Le pega. Apostaría contra Bruce un cinco a uno. Pero que estoy diciendo, tengo que devolver a esta chica a su celda, ya.

- En realidad siempre he sido una fan tuya en secreto, mira me he hecho un tatuaje en la cadera con tu escudo

Es verdad. Lleva un tatuaje que se pierde por no se sabe dónde. Voy a tocarlo pero mis manos están enguantadas. No sé cómo pero me he convertido en Batman. Puedo verme desde fuera, besándome con una apasionada Harley Quinn...

- ¡Supermán!, ¡eh!, ¡Supermán!

Mis ojos soñolientos se acostumbran rápidamente a la oscuridad de la atalaya. Sigo en el asiento de vigilancia, con la capa hecha un churro.

- ¡Menudo carcelero eres! Ni comida, ni bebida... Cuando se entere mi pastelito os gastará un par de bromas de infarto a ti y al murciélago

Nota mental: tengo que evitar quedarme a solas con las prisioneras en la atalaya de la JLA

- Encima del calor que hace aquí, que parece que es verano hasta en la luna...

Harley se desprende del gorro, lo tira al suelo con fastidio y deja a la vista dos coletas rubias.

Lo sabía.

 

 

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