12. Maestro Wayne  

 

Mientras acariciaba la cabeza de Clark que descansaba pesadamente sobre su pecho, no podía dejar de preguntarse cómo aliviar aquella preocupación que le tenía tan absorto. De todas las heridas de Luthor, la de Kara había sido con diferencia la más cruel, la que le había dañado más profundamente. Odiaba a aquel hombre, odiaba que estuviera haciendo sufrir a Clark, si hubiera podido salir a defenderlo con un bazooka lo habría hecho. Verlo tan abatido le parecía la mayor de las injusticias

- Iré a verla, no te preocupes. Le echaré un ojo y le daré ánimos para que se porte bien y pueda volver pronto – dijo Lois.

Clark estrechó entre sus brazos el cuerpo desnudo de su novia y bajó un poco, acomodando la cabeza sobre el vientre de ella

- Sí... Yo creo que Bruce podrá. Creo que es el único que puede...

- Seguro que sí

De pronto se escuchó cómo llamaban a los cristales del salón. Lois tomó aire

- Detesto que haga eso... Dile que coja el maldito ascensor y llame a la puerta como todo el mundo

- Ya se lo he dicho... Muchas veces

- Pues díselo otra vez. Parece que lo hace aposta. Que intuye cuándo estamos en la cama para venir a molestar

- Lois... Déjalo ya

- No espero que lo entiendas

- Te va a oír y me vas a causar un problema

- Pues que me oiga. A ver si se hace a la idea de ciertas cosas de una vez...

- Estoy harto de estas crisis tuyas. Siempre con lo mismo
Clark se puso unos vaqueros y una camiseta y cerró la puerta del dormitorio. Abrió la puerta a Diana, que esperaba en la terraza.

- Hola Diana, ¿qué pasa?

- Siento molestarte

- No es nada – se pasó la mano por el pelo para evitar el aspecto de recién levantado

- ¿Puedo pasar?

- La verdad es que no es muy buen momento...

- Ya - Diana se apoyó sobre el lateral de la terraza – Está bien. Seré breve. Querría disculparme por algunas de las cosas que te dije sobre Kara cuando estábamos en el cuartel...

- Pero...

- No dejo de preguntarme si hemos tomado la mejor decisión

Supermán negó con la cabeza. Sabía que había algo más

- Escucha, – continuó ella – una criatura con tus poderes y con la escuela de Batman... Será invisible, imposible de dominar, utilizará el terror como arma arrojadiza. Si decide hacer un mal uso...

- Ya hemos hablado de esto. Bruce se encarga. Además, enviaré a alguien para que la vigile...

- Supongo que no puedo hacer nada para que cambies de opinión...

- No. La estrategia contraria no es buena. Ya lo he comprobado

- ¿Has oído algo nuevo sobre lo de Cadmus? – le dijo intentando cambiar de tema

Clark negó con la cabeza

- No hay forma de localizarlos. Si están preparando algo tendremos que esperar a ver qué es

- Clark, sabemos qué es... Están intentando clonarte, por Atenea, ¿es que soy la única que se preocupa por la seguridad de este planeta?

- Son sólo rumores... Sólo tenemos eso... ¡Aire!, ¡Nada! Además, no hay mucho que podamos hacer. Oráculo está en ello día y noche. Esos laboratorios son un territorio fantasma.

- Bien, veamos si podemos luchar contra un Supermán oscuro y una Supergirl con alas de murciélago... Dale saludos a tu mujer de mi parte.


La noche se llenaba progresivamente de ecos y de sombras en aquella sala de armas y armaduras japonesas, hasta que éstas se difuminaron y la oscuridad lo cubrió prácticamente todo. Kara respiraba agitadamente y no perdía de vista ninguna de las sombras, ninguna de las puertas ni de las ventanas. Su agitación sólo provocaba que los vapores de la infusión de flores azules le llegaran antes a los pulmones. El silencio era sólo interrumpido por los crujidos de la madera vieja y las ráfagas de viento ocasional. De repente empezó a escuchar algo diferente, muy lejano pero terriblemente conocido. Sonaba como si toneladas de metal se dejaran caer pesadamente en el suelo, como si hubiera una atracción magnética entre aquella cosa y la superficie sobre la que se acercaba. Durante muchas noches, éste era el sonido que rompía el sueño de los niños de Kandor y mandaba a los guerrilleros de vuelta a las trincheras. Brainiac. El amo, el estudioso. La indefensa y minúscula Kandor se preparaba para cualquier posibilidad: podía partirla en dos, podía llover ácido o arañas gigantescas, podía simplemente pasar un imán por encima de la ciudad, llevarse a dos o tres ciudadanos a los que no volverían a ver... Cada vez estaba más cerca, Kara sufría de pensar que había compatriotas suyos en aquella situación. Por fuera de las ventanas del templo podía advertir su sombra pasando.

La sala estaba cubierta por una claraboya de cristal. Cuando parecía que el monstruo había pasado de largo se apoyó pesadamente sobre el techo con un golpe, hizo temblar la estructura, parecía un terremoto. Kara miraba hacia arriba aterrada, cuando Brainiac se inclinó sobre el cristal mirando con su tremendo ojo como a través de una cerradura. Abrió la claraboya y el frío de fuera entró en la sala. Brainiac introdujo su mano sintética, mientras Kara se arrinconaba lentamente contra una esquina para evitar que se la llevara. Pero aquella no era su intención. Llevaba algo agarrado en la mano cerrada. De repente la abrió en medio de la sala y enormes murciélagos del tamaño de águilas se agitaron violentamente y empezaron a sonar y a volar en círculos dentro de la sala. Kara gritaba, rodeada del torbellino de agresivos murciélagos. De entre todos ellos, uno bajó y la abrazó con sus grandes alas.

- ¡Kara! ¡Despierta, estás en shock! – le gritaba Bruce sin dejar de zarandearla – Vamos, tienes que salir de la ilusión...

Kara no podía dejar de gritar mientras Bruce la arrastraba fuera de la sala, al aire libre. La sujetó en un abrazo mientras ella se arrodillaba en la nieve e intentaba no ahogarse.

- Tranquila. Nada de aquello era real. Ya estás a salvo

Kara seguía intentando recuperar la respiración, sus manos crispadas sobre los brazos de Bruce

- ¿Por qué lo has hecho? Era demasiado pronto... Para una prueba como esta... Si no te hubiera oído gritar, podrías haberte herido tú misma…

- Lo siento. Sabía dónde las guardabas. Creía que si te demostraba que podía con ello, me dejarías salir...

Bruce se separó de ella

- Si estás tan desesperada por irte no tiene sentido que continúes aquí. Dime cuándo quieres marcharte y desactivaré el Wonderdome. Ya no eres una prisionera

Se levantó y se dio la vuelta

- Espera... Déjame quedarme... Tú tenías razón. No tengo la capacidad, ni la valentía ni nada con lo que pueda enfrentarme a Brainiac. No tengo nada...

- Tienes tu fuerza de voluntad

- Sé que no es suficiente. Dame una oportunidad... Maestro

 

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