Clark cogió en volandas la pesada silla de cuero que Luthor reservaba para su interlocutores, a gran distancia de su mesa. Se adelantó sin ningún tipo de reserva hasta el mismo escritorio de Lex, la dejó caer en el suelo con estrépito y se sentó enfrente. Le miró con un profundo rencor y mucha seriedad, esperando lo que tuviera que decir. El silencio duró varios minutos de tensión. Lex mantenía su rostro apoyado pesadamente en la mano. Parecía cansado. Clark permanecía impertérrito, con los ojos clavados en su oponente, demandando una explicación. Finalmente, Lex aspiró aire profundamente.
- Escucha Clark, tampoco fue para tanto
Desde su asiento y sin inmutar el gesto, Clark pegó un puñetazo limpio sobre la gran mesa de mármol, rajándola en dos partes iguales y dejándola inservible.
La mitad izquierda cayó pesadamente sobre el suelo. Ninguno de los dos se movió de su sitio
- Esto sí que no ha sido para tanto
Lex volvió a tomar aire y se movió incómodo en su silla
- Sospecho que no has venido a hacer una entrevista común. No te preocupes, pediré a mi secretaria que envíe un comunicado a tu periódico por la mañana.
- A lo largo de este año y pico no he llegado a una conclusión clara sobre lo que voy a hacer contigo – le contestó él ignorándole - Pero se me han ocurrido muchas ideas.
- Vamos, Clark, la Contessa fue la que estuvo siempre detrás de ese loco plan. Esa mala harpía. Me libré de ella hace tiempo. Como puedes ver, el plan fracasó...
- No te creo nada
- Puedes creer lo que quieras. No hay niño alguno. El tema no prosperó. Los médicos se encontraron con demasiados problemas
Clark le hablaba muy despacio, manteniendo la templanza
- Lex, de todas tus traiciones, esta ha sido la más retorcida y más sádica. Voy a dedicar mi vida a desenmascarar tu falsa reputación de buen ciudadano de Metrópolis. Pagarás por tus crímenes, Lex, por la muerte de aquellas doscientas personas entre las que me contaron y por el sufrimiento de Lana y por el de mi familia. Mantente alejado de los problemas porque voy a ir a por ti y no voy a tener piedad. Me dijo tu ex-mujer que el pez grande se come al pequeño en cuanto tiene ocasión... Así que no me des ninguna. No quiero volver a saber de ti.
Clark se dio la vuelta y se fue hacia la puerta dispuesto a marcharse. Lex ardía por dentro de odio y de furia. Hubiera deseado hacerle callar. Ningún hombre en aquella ciudad se atrevía a hablarle en ese tono, a poner en entredicho de esa manera su posición de poder. Hubiera querido acabar con él en ese momento. Abrió el primer cajón de la parte del escritorio que aún se mantenía en pie y cerró la mano alrededor de la piedra de kryptonita que guardaba por seguridad.
Clark advirtió a sus espaldas el movimiento de su enemigo y su cuerpo se puso en tensión, en guardia ante un posible ataque. Le miró por encima del hombro en espera del próximo movimiento. Pero Lex no se decidía. Sabía que debía aprovechar ese momento antes de que Clark se convirtiera en un obstáculo para muchas cosas. ¿Y si por algún casual averiguaba que Lena existía?, ¿y si intentaba apartarla de él? Era un pensamiento que Lex no podía soportar. Y sin embargo algo permanecía frenándole. La mano seguía envolviendo el pedazo de roca. Poco a poco el puño agarrotado se relajó y cerró lentamente el cajón.
- Buenas noches, Clark.
Él salió de la habitación sin responder. A su salida, un miembro de seguridad de la mansión le esperaba para guiarle a la puerta. En su camino empleó la visión de rayos-x a través de todas las habitaciones para asegurarse de que Lex le había dicho la verdad. Por lo que parecía, Lex vivía irremediablemente solo.
Una vez se hubo marchado su interlocutor, Lex se levantó con gran cansancio y fue a tomar el pavo frío de una cena tardía en el gran salón, a la luz de la chimenea. Una vez hubo terminado de cenar se encaminó escaleras abajo y a lo largo de un gran pasillo de paredes forradas de plomo. Allí, en una habitación decorada con todos los lujos para el bebé, se inclinó sobre la cuna de Lena y la tomó en su brazos, estrechándola una y otra vez. Allí estaba, la garantía de un poder futuro más grande que todo el imaginable. Ningún hombre volvería a hablarle como esa noche lo había hecho Clark Kent.