2. La princesa oscura  

Hacia las ocho estaba en un pequeño apartamento de Metrópolis. No sabía de dónde su prima sacaba el dinero pero sólo llevaba un año en la tierra y desde entonces había insistido en salir adelante sola. Tenía dieciséis años y había accedido a acudir al instituto pero no había querido hablar de adopciones o de vivir en la granja o de compartir piso con nadie.

 

- Kara, ¿estás en casa?

 

La puerta estaba abierta. No se preocupaba de cerrarla. Desde su habitación llegaba el sonido de una minicadena, con música de Linkin Park.

 

- Kara...

 

Al abrir la puerta se encontró con la figura adolescente y delgaducha de su prima, tendida sobre la cama, su delgadez acentuada por la ropa negra que siempre parecía preferir. Llevaba botas altas militares, que descansaban descuidadamente sobre la colcha y ocultaba su rostro con un cómic japonés.

 

 

 

 

- Oye, tenías la puerta abierta

 

- ¿Y qué?

 

- Puede ser peligroso...

 

- Sabes que no

 

Clark se sentó en una silla frente a la cama. Ella seguía parapetada detrás de su cómic

 

- Kara, ¿podrías mirarme cuando te hablo?

 

- Vete. Estás molestando

 

- Venía a proponerte algo – Clark se armó de paciencia y siguió insistiendo. Sabía que todo era cuestión de no darse por vencido

 

- No me interesa

 

- Mmmm...

 

Clark esperó. Al cabo de unos segundos ella habló

 

- ¿Todavía estás aquí?

 

- Baja ese tebeo y escúchame

 

El cómic bajó un poco. Unas llamativas mechas rojo chillón destacaban en su melena rubia y de repente aparecieron unos clarísimos ojos azules, resaltados por el fondo de sombra negra que llevaban alrededor. Recargados de aquel maquillaje gótico le daban el aspecto de una oscura princesa.

 

Kara tenía la presencia imponente de los kryptonianos, a pesar de su cuerpo de apariencia frágil y manierista. Su mirada era desafiante y su constante mal humor hacía que Clark se preocupara a menudo por el control de sus poderes.

 

Finalmente bajó el cómic completamente, dejando ver su nariz afilada y sus labios maquillados de rojo

 

- ¿Qué es lo que quieres?

 

Clark paró la música en la minicadena y se fijó en la pared repintada, donde se apreciaba una reparación en yeso algo chapuza, rematada con un color pálido ligeramente diferente del resto de la habitación

 

- ¿Has vuelto a tener pesadillas sobre… lo que pasó?

 

Kara se puso tensa de repente. No soportaba que Clark tuviera esa pose compasiva con ella, le producía rabia, le daban ganas de matarle. No necesitaba la pena de nadie. Podía valerse por sí misma y se lo demostraba cada día

 

- Eso a ti no te incumbe

 

- Kara, soy familia tuya. Me incumbe que estés bien

 

- Entonces déjame en paz

 

- Está bien. Hablemos de lo que venía a proponerte

 

Clark tomó aire... Por dónde iba a empezar. Cómo había podido dejar que Kara se alejara hasta tal punto que fuera intratable, no sabía cómo entrarle a la más simple conversación. Reaccionaba mal a todo cuanto intentaba y hacía complicado lo más sencillo. Seguramente sería una etapa adolescente y pasase pero mientras tanto... Decidió decírselo sin rodeos

 

- Me gustaría que me acompañaras a un sitio el sábado. Con amigos...

 

- ¿Un favor? Bueno y, cuál es la otra parte del intercambio, ¿qué me llevo yo?

 

- No sé, ¿qué es lo que quieres?

 

- Ya lo sabes

 

- No. Ya te he dicho que las capas las traigo de Thanagar. Tengo que cruzar media galaxia para ir a buscarlas. Además, qué harías con ella, no quiero que se tome a cachondeo, necesito que la gente me respete...

 

- La llevaría en los conciertos

 

- Pues eso, lo que me temía. No puedo dártela

 

Kara saltó de la cama con fastidio, agarró la guitarra eléctrica y volvió a acostarse en la cama, dedicando toda su atención al instrumento

 

- Pues ya sabes. No hay capa, no hay favor.

 

- Pongámoslo de otra manera. Tú vienes el sábado y yo cubro dos de las cinco jornadas de servicio a la comunidad que te metieron por destrozar las taquillas del instituto

 

- Cuatro

 

- Tres y es mi última oferta

 

- Mmmm

 

- ¡Son tres días a cambio de uno!

 

- Bueno, bah, adónde tengo que ir...

 

- Vamos a la feria de Grandville

 

- No me jodas... ¡Qué coñazo!

 

- No digas tacos. Vendré a buscarte a las diez

 

- No hace falta. Ya iré yo

 

- Al final no aparecerás...

 

- No me rajaré, ¿vale? Estaré allí

 

- Bien

 

- Vale. Pues hasta el sábado

 

Kara siguió revisando un bloc de notas que estaba junto a la guitarra. Clark la miraba en silencio

 

- ¿Has escrito algo nuevo?

 

- Pssee...

 

- ¿Puedo oírlo? Ya que prefieres que no vaya a tus conciertos…

 

Sorprendentemente no protestó. Enchufó la guitarra y se puso a cantar en voz baja. Tenía la voz dulce y agresiva a un tiempo. Una voz personal y rebelde pero una voz de niña, llena de matices.

 

“Me gusta cuando callas

porque estás como ausente.

Ojalá que pudieras callar para siempre

y yo contigo, marcharnos de aquí.

 

Sueñas con cruzar el cielo

sin fecha de caducidad.

 

Pero no, no tengo una pistola.

No, no tengo una pistola”...

 

Kara terminó el punteo de guitarra, esperó y levantó la cabeza

 

- ¿Qué? – lo dijo con toda la provocación que su edad adolescente le permitía

 

- Bueno... Kurt Cobain estaría orgulloso...

 

- Ya... – cogió la guitarra de nuevo y siguió ajustando el volumen

 

 

 

 

Clark la miró un momento, sabía que lo que iba a decir no le iba a sentar bien y se preparaba para su protesta, pero no podía evitarlo

 

- Kara, ¿hay algún día de la semana en que no hayas comido pizza congelada o algo por el estilo?

 

- Ya empiezas otra vez con el rollo de la anorexia y de que tengo mal aspecto y de que estoy muy delgada y bla bla bla bla...

 

Clark se vio saturado por toda aquella agresividad y decidió dar la conversación por acabada

 

- Lo siento pero no puedo evitar preocuparme por ti – dijo mientras se levantaba hacia la cocina – Te dejaré la cena hecha antes de irme

 

Camino de casa se preguntaba si había alguna manera de acercarse a ella. ¿Estaría siendo demasiado protector?, ¿estaría prestándole mucha atención o más bien poca?, ¿debería mostrarle más cariño?, ¿pasar más de ella?, ¿reñirla más? No tenía ni una pista.

 

 

capítulo siguiente

volver al principio