3. Bajo el mar del acero  

Al día siguiente Clark esperaba a la entrada de la feria junto a Arthur y Lori. Kara se presentó fumando un cigarrillo y con las muñequeras de pinchos.

 

- Hola Arthur, ¿qué hay? – dijo tirando el cigarrillo distraídamente para darle la mano – Hola Lori, yo soy Kara – se agachó para darle dos besos - ¿por dónde empezamos?

 

Arthur la miró de arriba abajo. Demasiado punk, demasiado gótica. La chica era una belleza, atractiva y con carácter pero su apariencia la tenía clasificada a ojos de A.C. Era una rara.

 

Durante la mañana, Kara pareció hacer buenas migas con Lori. Empujaba su silla y cuando se quería montar en alguna atracción, la sostenía en sus brazos sin ningún esfuerzo y la acompañaba

 

- Estás fuerte, ¿eh? – se reía Lori

 

Esto quitaba a Clark cualquier oportunidad de sentarse junto a Lori pero no le importaba. Estaba feliz de ver a Kara por fin comportarse como una adolescente común y corriente, que olvidara por un momento la constante amargura de su exilio, la tristeza que siempre la seguía como una sombra.

 

Sabía que Kara tenía arreglo, que su fondo no había sido minado por  la dura separación de los suyos en plena adolescencia, ni por la culpabilidad de haber sobrevivido a todos y a todos. Al verla así había momentos en que ni siquiera reparaba en la presencia de Lori o de Arthur, aunque este último consideraba que una feria era el lugar ideal para conocer chicas y no iba a perder la oportunidad

 

- Hemos vuelto a perder a Arthur. Voy a buscarle – les comunicó Clark por enésima vez

 

Le localizó con el oído y fue a dar con él junto a un puesto de perritos calientes. Estaba hablando con una chica de melena rubia

 

- ¡Chloe!, ¿no me dijiste que tenías planes?

 

- ¡Hola! Claro que los tenía. Venir aquí, a la feria, con Lois…

 

- ¿Qué hay, Smallville? – dijo ella saliendo de detrás de una esquina – Siempre estás por medio, parece que te multiplicases…

 

 

Clark le dedicó una sonrisa forzada

 

- Gracias. Arthur, las chicas todavía te están buscando…

 

- Oye, había pensado, - le contestó Arthur – ya que os conocéis… Lo suyo es que vayamos todos juntos, ¿no? Tienes unas amigas muy simpáticas – le guiñó un ojo a Chloe

 

Clark miró alternativamente a Chloe y a Lois, sopesando claramente entre la suerte de haberse encontrado con la primera y el infortunio de que la acompañara la segunda

 

- Está bien – dijo resignado. “Qué remedio queda”, pensó

 

El resto del día en la feria se presentó bastante bien. Arthur por fin se concentró en Chloe y la conexión entre Lois y Kara fue inmediata

 

- Qué pena que tu primo Clark sea… Tu primo – le había dicho

 

 

Esta situación dejaba algo de espacio a Clark para estar cerca de Lori, que estaba entusiasmada con el ambiente de la feria. Parecía tener siempre la sensibilidad a flor de piel y lo vivía todo con auténtica intensidad. Era como una niña que quería probarlo todo, no se cansaba nunca y siempre iba a la cabeza del grupo. Kara, con dos años menos, parecía mucho más adulta que ella.

 

Por su parte, Lois pensó desde el principio que Lori era una muchacha extraña, en apariencia dulce y cándida pero con una vena algo violenta e incluso siniestra que tenía cuidado de no manifestar abiertamente. Su intuición la llevaba a desconfiar y Lori parecía captar esta desconfianza en seguida

 

- No me gusta Lois – le dijo a Clark en un momento en que ella no estaba

 

- No me extraña. A mí tampoco

 

Hacia la noche Lori declaró que le dolía la cabeza y Clark propuso llevarla a casa ante la mirada algo resignada de Arthur

 

- ¿Te duele mucho? – le preguntó Clark mientras conducía para sacar conversación

 

- ¿El qué? – Lori le miraba divertida – Ah, ¿la cabeza? No, tonto, era sólo una excusa para quedarme a solas contigo. Gira a la derecha.

 

A Clark le pareció que se estaban alejando demasiado de las zonas residenciales. No se podía imaginar dónde vivía Lori. Siguió conduciendo hasta que empezaron a bordear las orillas del lago.

 

 

- Para aquí – dijo ella

 

- ¿Vives en el lago?

 

Ella rompió a reír

 

- Ayúdame a bajar

 

Junto al lago había unas construcciones de madera. Clark la tomó en brazos y la sentó junto a él sobre el parapeto. La luz desperdigada de varias farolas iluminaba el muelle

 

- Suelo venir aquí cuando necesito estar tranquila. El reflejo de la luz en el agua me ayuda a pensar

 

Clark y Lori estuvieron charlando un largo rato. A él le daba la impresión de que ella le conociese de toda la vida. Parecía capaz de adentrarse en sus pensamientos, de adelantarse a sus palabras. No comprendía como alguien a quien trataba desde tan poco podía conocerle también. La luna daba ligeros latigazos de luz aquí y allá por toda la superficie del agua

 

- ¿Sabes? Es muy extraño lo que me pasa contigo. Me da la impresión de que siempre adivinas lo que me pasa por la cabeza, de que no hace falta que te lo diga porque me conoces lo suficiente como para saberlo… No sé. Nunca me había pasado algo así con nadie…

 

- Entonces sabrás que sé lo mucho que te gustaría besarme. A mí también me gustaría

 

Clark se quedó algo cortado. Lori era muy directa y disfrutaba con aquello, parecía demasiado por encima de toda la situación. Hubiera preferido no precipitarlo, haber esperado el momento adecuado para besarla en lugar de que ella sacara el tema así. Pero tampoco sabía cómo salir de la situación, así que simplemente hizo lo que ella le pedía. Se acercó despacio y besó sus labios. Un beso extraño, algo prematuro. Sin embargo, poco a poco ese comienzo algo forzado fue dando lugar a una situación más cómoda y él se dejó llevar por la sensación de tenerla abrazada, de sentir el peso de su cabeza apoyada en el regazo, de sus cabellos rojo oscuro deslizándose entre los dedos mientras ella le contaba historias acerca de Atlantis, el reino de su primo Arthur. En un momento dado ella se incorporó y comenzó a besarle de nuevo como si no fuera a parar nunca. Le cogió la mano y la llevó a sus caderas, por debajo de la manta que las cubría siempre

 

- Espera, Lori… - le dijo en un susurro

 

- Shh… No tengas miedo

 

Ella le dirigió la mano hasta meterla bajo todos los pliegues de la manta y entonces él sintió cómo se escurría a lo largo del muslo, sobre una superficie resbaladiza y de tacto extraño y húmedo. Retiró la mano asustado por aquella sensación, descolocado por completo.

 

- Lori, ¿pero qué tienes ahí?

 

Ella estalló en carcajadas

 

- Tendrías que ver tu cara ahora mismo

 

- ¿Qué es…?

 

- Soy una criatura marina… ¿No te lo imaginas?

 

Clark la miró un momento y finalmente todos los cabos sueltos conectaron al tiempo que sus ojos se abrían de par en par. Había pensado que Lori sería físicamente igual que Arthur, humana de pies a cabeza. No sabía por qué pero no se había planteado ninguna otra posibilidad. Ahora imaginaba lo hermosa que debía ser

 

- ¿Puedo verla?... ¿Puedo verte?

 

Ella asintió y por vez primera no parecía tan por encima de las circunstancias. Él parecía fascinado por aquel misterio del cual se le había concedido participar. Bajó del parapeto, se arrodilló ante ella y comenzó a retirarle la manta con la que se cubría. Lo hacía lentamente, con auténtica devoción, descubriéndola palmo a palmo. Finalmente retiró una última capa impermeable con la que se cubría y le deslumbró el brillo luminoso sobre las escamas. En la oscuridad eran como pequeños espejos que capturaran la luz, para cualquiera serían como diminutas lunas en medio de la noche, una ristra interminable de pedacitos de nácar ensartados, pero para los ojos poderosos de Clark se revelaban los interminables matices que sólo la luz del día podía descubrir: un mosaico de infinitos azules y verdes y blancos y platas

 

- Eres extraordinaria – le dijo mientras trazaba una línea hacia abajo con las yemas de los dedos, acariciando apenas la superficie, recorriendo un delicado camino hasta el final de la cola

 

Lori no hablaba, sólo podía mirarle y sentirse seducida por aquel momento de entrega. De sí misma hacia él pero también de él hacia ella. Clark la miraba con una devoción que no había visto antes en nadie y en su mente podía leer cosas que hacían que mereciera la pena haberle confiado un secreto que sólo Arthur conocía.

 

Clark por su parte pensó que nunca había conocido a una criatura tan exótica y hermosa. Lori era un ser mitológico, sacado de los libros y de los tiempos antiguos. De una raza extinta rescatada del olvido… Como podía ser la suya propia, desaparecida en el espacio profundo. Lori podía ser, quizás, la última de las sirenas que habitaban sobre la Tierra.

 

Aún arrodillado delante de ella, besó su vientre mientras ella le acariciaba los cabellos

 

- Déjame que nade para ti

 

Él la tomó en sus brazos y la depositó en la plataforma del muelle. Lori se colocó de espaldas a él, se sacó la camisola y el sostén, se deshizo las trenzas cuidadosamente sobre su espalda de dieciocho años y desapareció por debajo de las ondas del agua.

 

 

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