4. The survivors of Krypton  

- …Yeah! Gonna freak out let it go

 

Kara hizo una señal al batería para que parase en seco y acto seguido recolocó el micro en su trípode

 

- Esto ha sido todo. Somos “Kara Zor-el & The survivors of Krypton”. Volvemos a tocar aquí dentro de quince días. ¡Espero veros a todos!

 

La audiencia del Clarence era pequeña pero fiel. Allí, en el sótano, era donde los grupos emergentes se turnaban para dar a conocer sus maquetas, aunque Kara y los suyos aún no tenían nada grabado y de momento sólo contaban con un puñado de canciones medio ensayadas y algunos covers de Nirvana en unos cuantos locales de las afueras de Metrópolis.

 

Clark había estado completamente en contra de su carrera musical desde el principio. No la había apoyado en ningún momento. Estaba obsesionado con evitar la notoriedad y quería para Kara el mismo anonimato. En un intento de sobreprotegerla sólo conseguía que ella se alejara cada vez más, en un rabioso intento de resguardar su libertad.  Había decidido plantarle cara definitivamente a su primo desafiándole, poniéndole su auténtico nombre al grupo e incluyendo como coletilla el de su planeta de origen. Qué más daba, se trataba de un grupo cualquiera underground de mala muerte, ninguno de los cuatro friquis que iban a sus conciertos iban a relacionarla seriamente con Supermán.

 

Mientras ayudaba a recoger los cables y a llevar los bafles a la furgoneta, no podía evitar pensar en todo lo que había escuchado el día anterior en la feria: Clark y Arthur se habían apartado del grupo un momento. Debían pensar que estaban a salvo de indiscreciones, que ella estaba ocupada llevando a Lori de un sitio a otro. Lo cierto es que su oído era tan poderoso como el de Clark, podía escuchar un susurro a una distancia extraordinaria. La sola mención del nombre de Brainiac era suficiente para acaparar todos sus sentidos de inmediato. Si eran ciertos los rumores de que aquel monstruo podía volver a estar cerca de la tierra, entonces había una oportunidad para liberar a los cientos de rehenes kryptonianos que guardaba en una botella, donde había miniaturizado a la ciudad completa de Kandor.

 

Era la oportunidad de Kara de reencontrarse con su pueblo, con gente a la que pertenecer y donde reconocerse. Los humanos sólo eran extraños para ella, seres anónimos entre los que andar y ser todavía más anónima, pero la Tierra estaba muy lejos de ser un hogar.

 

***

 

El grupo se reuniría aquella noche en Metrópolis, en lo que era la incipiente JLA. Los convocados eran Oliver, Arthur, Bart y Clark.

 

Clark fue el primero en llegar al ático situado tras el reloj de la torre de Metrópolis, que era la base de operaciones de la Flecha Verde, o al menos él pensaba que era el primero en llegar, puesto que al introducir el código y entrar en el salón, se encontró con alguien que no esperaba. La media luz de una lámpara de escritorio iluminaba la brillante melena pelirroja de Lori Lemaris.

 

- Lori, ¿qué estás haciendo aquí?, ¿cómo has entrado?

 

- Igual que tú. Metiendo el código

 

- Se supone que el código es un secreto…

 

- Clark, creo que tenemos que hablar.

 

Clark se acercó hasta ella y se arrodilló junto a la silla de ruedas. La encontraba irresistiblemente hermosa, no había podido dejar de pensar en ella desde que la dejara en su casa el día anterior, después del lago. Recordaba su espalda desnuda fundiéndose con las escamas a la altura de las caderas, la cola agitándose bajo la superficie acuosa y oscura. Le retiró la melena y besó sus labios.

 

 

- Cuéntame…

 

- Escucha, lo de que a veces parezca… - dijo ella, determinada a contarle sus secreto, intentando evitar que las dudas le asaltasen - Que puedo adivinar tus pensamientos. No es una casualidad.

 

Clark la miró perplejo, intentando asimilar lo que trataba de decirle.

 

- El código de Oliver o la reunión de esta noche – continuó ella – no son los únicos secretos que conozco de ti. Y no porque Arthur me haya dicho nada…

 

Clark se incorporó y lentamente dio unos pasos por la habitación mientras ella proseguía.

 

- Escucha, lo he sabido siempre, desde el primer día en la facultad. De dónde venías, la relación con Arthur, todo. Puedo leer lo que estás pensando ahora mismo como si fuera el tablón de notas de biología. No te lo había dicho antes porque no quería que te asustaras. Me gustas mucho, Clark. No debes tener miedo a lo que pueda saber de ti.

 

Clark esperó para terminar de encajarlo.

 

- Te entiendo. Algunas cosas no son fáciles de compartir… Hay todavía algo que no entiendo, ¿por qué me lo dices aquí y ahora?

 

- Hay algo que debes saber. Ayer, cuando hablabas con mi primo, te oyó Kara, ¿sabes? Ella planea unirse a vosotros. Sé que te preocupa mucho mantenerla alejada de tus enemigos. Lo he visto en tu mente, ella aparece muchas veces, te absorbe, en ocasiones te consume de preocupación. No constantemente pero a veces, entre clase y clase, en un tiempo muerto, en un semáforo cuando conduces, cuando parece que no estás pensando en nada. Ella no te quiere, Clark, su mente está llena de odio.

 

- No hables así. Su mente de lo que está llena es de dolor. Tú no la conoces. No es que no me quiera. No es eso. Está… Sufriendo… Nada más.

 

- Lo que tú digas. Pero no deberías preocuparte tanto por ella. Es una desagradecida. Es… Mala.

 

- ¡Lori…! - Clark sintió una punzada de dolor. No podía creer que le estuviera hablando así. Kara no tenía mal corazón.

 

- Bien, yo sólo venía a advertirte de sus planes. Aquí ya he hecho lo que había venido a hacer.

 

Clark se debatió entre su impulso de pedirle que se quedara y sus ganas de dejarla marchar. No le gustaba lo que había dicho sobre Kara, le había dolido, pero por otro lado deseaba tener cerca a la sirena, le atraía mucho y ahora que todo parecía empezar a ir bien…

 

- No tienes por qué irte. Al fin y al cabo todo lo que digamos aquí podrías leerlo después en mi mente… O en la de Arthur…

 

- Sí. Ya lo haré cuando más me convenga. Adiós.

 

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