8. La guerra esmeralda  

 

Fue un grito profundo y largo como un túnel del tiempo, de los mayores que hubieran escuchado oídos humanos o mitológicos.

 

Diana se retorció de dolor como un árbol muy antiguo que soportara de pronto sobre sus hombros todo el peso de los eones de la humanidad.

 

Isla Paraíso estaba silenciosa y completamente arrasada, una de las plazas a conquistar para que Luthor consiguiera el que era su objetivo desde hacía varios meses: anular la Liga de la Justicia, subyugar a todos sus integrantes, incluyendo a Wonder Woman y Batman que se habían incorporado recientemente, pero poniendo de rodillas en especial a Supermán.

 

Él se acercó hasta la Mujer Maravilla y puso su mano en el hombro de la amazona. Ella desde el principio se había apoyado en él, algunos decían que su admiración iba más allá de la amistad, pero en este momento le apartó y dirigió la lanza hacia su poderoso cuello, absolutamente destrozada por el dolor.

 

- ¡Todo esto es culpa de ella! Si Luthor no la hubiera tenido en sus filas esto hubiera sido imposible. Sus hordas de robots y engendros serían inútiles. Pero ella… ¡Maldita sea!

 

Clark tragó saliva. Tenía razón. La traición de Kara había dado resultados inmensamente destructivos. La guerra esmeralda, la llamaron. Los dos ejércitos contaban con kryptonita. Y ahora Diana estaba allí, arrodillada por aquel golpe inmenso: ver su hogar destruido, contemplar los cuerpos de muchas hermanas asesinadas.

 

- La mataré, te lo juro, Kal. Acabaré con ella antes de mañana.

 

- Déjamela a mí, Diana.

 

- ¡¡No!!

 

- Batman y yo la atraparemos – le dijo él sujetando la lanza de la temisciriana, tirando de su cuerpo y abrazándola con fuerza -. Y esta guerra sin sentido se acabará. Te lo prometo. Esto nunca tendría que haber pasado.

 

- Kal… Hazme justicia. Sé lo que ella significa para ti pero esto es una guerra. Tienes una responsabilidad…

 

Él desvió la mirada y se alejó hacia donde Batman le esperaba, conteniendo dolorosamente todos sus sentimientos bajo los confines de su piel de acero.

 

 


 

 

La encontró al frente de los ejércitos de Luthor, envuelta en fuego, vestida como una diosa de la destrucción. Cómo había podido llegar tan lejos, a convertirse en asesina, no podía entenderlo. No comprendía cómo Luthor había podido destruir su mente hasta ese punto pero algo estaba claro, tenía que pararla. Diana tenía razón, era su responsabilidad.

 

Dirigió la mirada a Bruce, que asintió, y se dispuso a entrar en combate con ella. Tenía el brazo derecho agarrotado y estrangulado por la kryptonita pero sabía que era la única forma de acabar rápidamente con aquello, de evitar más sufrimiento y muerte. Aquel absurdo intento de Lex Luthor de derrotar a la Liga ya había llegado demasiado lejos.

 

- ¡Sal de mi camino, Clark!

 

- ¿Cómo quieres que lo haga? ¡Es imposible! Tú estás en mi camino y yo estoy en el tuyo, ¡¡Para siempre!!

 

El puño de Clark fue como un cometa verde que golpeó a Kara de lleno bajo la mandíbula. Ella salió catapultada hasta estrellarse con una de las máquinas de guerra de Luthorcorp, a sus espaldas. Algo aturdida, se puso en pie. No estaba entrenada para luchar pero su rabia interna y su espíritu rebelde la hacían resistente. Voló hasta Clark y le enfrentó la mirada roja de fuego. Batman podía ver como los dos haces escarlata se encontraban en medio del cielo.

 

Clark la aguantó un poco más pero sabía que debía seguir golpeando. Todo el tiempo que pasara con kryptonita dentro de su puño jugaba a favor de Kara y en contra de él, así que rompió el equilibrio y la golpeó de nuevo, conteniéndose para no herirla gravemente. Pese a todo, no podía utilizar su fuerza contra ella y Luthor lo sabía.

 

- ¡¡Bruce!! – indicó a su compañero.

 

Batman se cruzó por el cielo con el avión y capturó a Kara con una red especial que tenía preparada. Se dirigió hacia el cuartel general de la JLA. Clark se deshizo del anillo con dolor y lo introdujo en la hebilla forrada de su cinturón. Nuevamente la kryptonita no era el peor de los sufrimientos posibles.

 

 

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