10. El demonio oscuro  

 

Se levantó con un terrible dolor de cabeza. El suelo estaba helado, la nieve se había acumulado sobre el tejado hasta metro y medio y el peso había provocado el que las placas se inclinasen y dejaran que la nevada se extendiera por el suelo de piedra. Estaba cubierta con una gastada e insuficiente manta gris y la almohada era dura, en forma de rollo, como las utilizadas en Oriente.

Se envolvió en la manta y decidió salir afuera. La vista era extraordinaria: un paisaje helado entre montañas y bosques. El glaciar se encontraba a escasa distancia y se divisaba desde su posición. También había un lago congelado. El aliento de Kara tomaba formas en volutas de vaho

“Qué hermoso. Se parece a Krypton” – pensó

- ¿Ya te has levantado? Espero que hayas descansado bien, ya que es el último día en que te salvarás de madrugar – Bruce apareció con una camiseta oscura sin mangas, un pantalón blanco de algodón y un fajín negro, de los que se usan en artes marciales - ¿Se te ha pasado el dolor de cabeza?

- Me has dormido para traerme...

- Siempre es mejor que seguir en una celda con kryptonita en las venas, ¿no crees?

- Me puedo marchar de aquí cuando quiera

- Explícame cómo

- Volando...

Bruce se sonrío ante la ingenuidad de su nueva pupila

- Kara... Eso es imposible, ¿es que no notas el frío en los músculos?, ¿no te duelen los huesos de dormir en el suelo? No es por efecto de la kryptonita que haya podido quedarte en el cuerpo, ni por el somnífero que te dieron para trasladarte...

Kara se mordió los labios. Empezaba a sentir una tremenda frustración e ira ante la certeza de que se había quedado sin poderes

- Puedo irme andando...

- No a menos que puedas atravesar la barrera invisible del Wonderdome, cosa que dudo bastante. El glaciar es el límite por el norte y aquella cordillera lo es por el sur...

El Wonderdome era una entidad alienígena al servicio de Wonder Woman, que podía transformarse en transportes y ciudades completas y que ahora les rodeaba como una inmensa cúpula invisible y mantenía a raya los poderes kryptonianos

- Buscaré la manera...

- Ya. Primero te convendría aprender a luchar

- Ya sé luchar. Sabes de lo que soy capaz. Me has visto usar mis poderes

- No estoy hablando de tu poder. Sino de esto otro...

Se lanzó a ella y la sujetó por el puño, poniéndola de rodillas con un solo movimiento de la mano. Kara levantó la vista con dolor

- Si tuviera mis poderes...

- ¿Y si no? Tus enemigos no te darán dos movimientos seguidos. No puedes ponerte de rodillas a la primera de cambio. Levántate.

Kara sintió cómo los huesos de su muñeca se resentían bajo la tensión. Intentaba levantarse pero no lo conseguía. Era la primera vez que se enfrentaba a alguien sin la protección y ventaja que sus poderes le daban. Bruce la liberó.

- Deja que te ataque primero – le desafió ella

- Adelante...

Ella le atacó con todo el ímpetu que pudo pero la agilidad y la destreza de Batman eran equiparables a las de pocos guerreros y sus conocimientos de artes marciales le hacían imbatible en el combate cuerpo a cuerpo. La detuvo utilizando sólo los dedos de la mano izquierda, encontrando puntos débiles en su clavícula, en su cuello, entre sus articulaciones, en los lugares donde Kara menos podía esperarse. Ella lo intentó varias veces pero siempre acababa sobre el suelo helado, con los dedos de Batman apuntando a su garganta. Kara acabó enfureciéndose por la pura frustración que sentía al quedar en evidencia que no sabía luchar y la cantidad de golpes que estaba recibiendo contra la superficie de hielo donde se enfrentaban

- ¿Es que sólo sabes jugar con ventaja? – le dijo ella - ¡Has tenido que arrebatarme mis poderes para poder hacer algo conmigo! Es como... Si me hubieras atado de manos... Como si me hubieras dejado ciega. Tu única manera de vencerme es quitándome todas mis habilidades. Resulta patético

Bruce reaccionó ante aquel tono insolente

- Si atada y ciega es como te sientes me pondré a tu altura

Rasgó el fajín que llevaba y lo dividió en dos pedazos de igual grosor. Con el primero vendó sus ojos y con el segundo ató sus muñecas por delante del cuerpo.

Kara estaba segura de poder aprovechar su ventaja. Se quitó las botas y caminó tranquilamente a su alrededor, observándole. El hielo hería las plantas de sus pies pero estaba dispuesta a soportar el dolor con tal de engañarle, de no hacer el más mínimo ruido mientras se movía cerca de él.

Finalmente, cuando estuvo a sus espaldas le descargó un puñetazo contra la base de la nuca. En un rápido movimiento, Bruce se giró y con los brazos atados desvió su puño, al tiempo que la hacía girar, poniéndola de espaldas, y la hacía caer al suelo con un movimiento de su pierna derecha. Al caer le atrapó el cuello entre los dos antebrazos, muy juntos debido a las ataduras. La presión era insoportable y Kara no podía respirar. Intentaba hacer llegar aire a sus pulmones pero no lo conseguía. Bruce estaba detrás y la alzaba, hasta que ella sólo conseguía tocar el suelo con las puntas de los pies, lo único que la salvaba de asfixiarse. Se le acercó al oído

- ¡Jamás!, ¿escuchas?, jamás hagas algo tan tremendamente obvio como lo que acabas de hacer. Nunca ataques por el que parece claramente el punto más fácil para derrotar a un enemigo, puesto que te estará esperando con todo. Debes ser imprevisible, ¡siempre!, debes sorprenderle y descolocarle la cabeza. Que nunca sepa lo que estás pensando...

- Hhhhggg...

Bruce desatenazó los brazos y ella cayó a plomo sobre el suelo, inspirando grandes bocanadas ruidosamente por la garganta y tosiendo por la falta de aire que había experimentado.

- Te comportas como una auténtica principiante, no sabes absolutamente nada y para colmo ni siquiera pareces tener sentido común. Eres capaz de caer en la trampa más simple, eso sí que es patético. Es posible que ni siquiera merezca la pena entrenarte. Será mejor que te devuelva al cuartel de la Liga para que hagan lo que tengan que hacer contigo. En el fondo le estoy haciendo un favor a Clark al evitarle la vergüenza de tener entre sus filas a alguien como tú, que no haría sino deshonrar su escudo y sus colores

- Si él estuviera aquí...

- Pero no está. Aquí no tienes a nadie que te proteja. Si vuelves a faltarme al respeto tendrás que dar cuenta tu sola

Bruce se alejó hacia el templo mientras Kara se quedaba tirada sobre el suelo frío cubierto de hielo.

- Maldito cabrón... – susurró después de quedarse sola. Se levantó, se calzó las botas forradas de piel para calentar sus doloridos pies y se acercó lentamente hacia la orilla del lago mientras se arrancaba las lágrimas de furia con el dorso de la mano - ¡Cabrón! Caminaba en círculos, cerca del borde, qué podía hacer, tenía que lograr escapar, no soportaría estar al lado de aquel demonio. Siguió caminando hasta el límite del glaciar, no podía llegar hasta él puesto que, prácticamente invisible, se interponía la barrera del Wonderdome. Seguía terriblemente furiosa, lo atravesaría, aunque fuera lo último que hiciera. Lo palpó con las yemas de los dedos: era completamente sólido, no tenía fisuras.

Probó un primer puñetazo. Absorbía los golpes sin inmutarse. Era frustrante. Después de probar con quince, veinte golpes, entre puñetazos y patadas, se tiró de rodillas junto a la orilla del lago, gritando de furia y abrió un agujero contra la superficie, allí donde el hielo era menos grueso.

- ¡Maldita sea!

Al menos el hielo si se resquebrajaba. Se había hecho cortes en las manos pero había valido la pena, poder al menos romper algo. Sólo tenía ganas de destrozar cosas y aquello la calmó un poco. Volvió a la cabaña a vendarse los puños ensangrentados y a hacerse una fogata para calentarse. Pasó el resto de la mañana y también la tarde. Ella seguía junto al rincón de su cabaña, esperaba que el odioso Batman le hubiera traido al menos algo que echarse a la boca pero ni eso. Era capaz de dejarla morirse de hambre si no iba a pedirle comida. No iría. Echaba de menos la guitarra pero al menos tenía su propia voz y cantó en susurros para acompañarse.

 

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