14. Capital City

A su llegada al palacio, Kal-el quedó desconcertado por la gran cantidad de naves espaciales que se alzaban por encima de él, naves del ejército y naves civiles llegadas de Argo City e incluso de otros planetas, como refuerzos solidarios con la causa democrática. Nada más entrar por el portal, su madre Lara se echó a sus brazos, apenas pudiendo expresar su dolor. Cero negro había hecho público un comunicado en que anunciaba la muerte de los siete miembros del Consejo. Justo después, hacía su aparición ante los medios el general Zod declarando el estado de excepción y dando plenos poderes al ejército para la necesaria restauración del orden público y el arresto de los rebeldes.

 

 

En esos momentos llegaba también Kara, triste pero aún entera, dispuesta a unirse al resto de sus compañeros policías en aquella larga noche de batalla que acababa de comenzar. Le entregó a Kal-el una larga vara, el cristal de mando, que brillaba como una bandera.

Kal-el se mantuvo junto al marco de las grandes terrazas del palacio de sus padres. Lo que vio le dejó sin aliento. Aquello era demasiado. Facciones enteras del ejército, el cuerpo de policía al completo, jóvenes civiles de Argo City y de todo Krypton, brigadas internacionales de todas las razas y posiciones sociales… Y él tenía el deber de conducirlas a todas ellas. Si tan solo tuviera a Lois a su lado… Kara tomó su mano y se adelantó con él

- Vamos, yo te ayudaré… - le sonrió, a pesar de la tristeza y el cansancio que había en sus ojos. El coraje de Kara le inspiró, como tantas veces. Ella era incansable, la chica de acero, la increíblemente valerosa Kara, trabajando día y noche por hacer de su mundo un lugar mejor. Kal-el decidió que le había llegado el momento de abrazar su destino y  llevar su apellido como algo más que un escudo sobre su pecho

- ¡Escuchadme todos! – comenzó Kara - Algunos habréis oído que el Consejo ha sido asesinado pero yo os digo que eso no es cierto… El Consejo se encuentra a salvo y ha delegado sus poderes en Kal-el, hijo de Jor-el, capitán de los ejércitos de Krypton y leal a nuestros legítimos representantes de gobierno. ¡Y esta vara es prueba de ello!

Entonces él se adelantó, tomó aliento y se dirigió a todas y cada una de sus unidades

- Ciudadanos y ciudadanas de Krypton, algunos habéis venido desde muy lejos, no importa si lleváis mucho o poco tiempo entre nosotros, porque hoy todos estamos aquí con un propósito por encima de nuestras razas y nuestras posiciones sociales, por encima de quién lleva la vara de mando. A algunos de vosotros, los más jóvenes, os conozco de la Academia, otros sois militares con experiencia a los que admiro y respeto, miembros del cuerpo de policía que trabajáis día a día porque este sea un planeta más justo y habitable para todos, ciudadanos de a pie que tenéis fe en una sociedad abierta y libre, sin miedo, sin oscuridad, alienígenas, cyborgs… Seres venidos de todas los sistemas que estáis hoy aquí, defendiendo un ideal común: el triunfo de la democracia, de los poderes elegidos por el pueblo. Yo os digo que hoy todos somos ciudadanos porque es la esencia de ser kryptoniano lo que defendemos: ¡el derecho a ser nosotros mismos en nuestro propio planeta!

La audiencia estalló en aplausos

- Buen discurso… - dijo Kara - Un poco largo, ya te iba a meter el codo…

- Oye, no me dio tiempo a preparar nada… ¡He tenido que improvisar!

- Ahora te queda la parte más difícil… El pueblo está confuso, muchos mensajes contradictorios cruzan los medios… Voy con los míos… Suerte

- Gracias, Kara, te veré en la batalla

Cuando ya iba a subir a la nave junto a Kon-lar, distinguió una figura familiar a contra luz en las terrazas de su casa

- Kara me dejó un mensaje pidiéndome que viniera – le dijo Nessa

- Te necesitamos. Es necesario que haya acuerdos cuando todo esto haya terminado. Necesitamos una sociedad tolerante y en paz… Hay que preparar al cuerpo diplomático y legislativo…

- No sé qué tiene de malo nuestra sociedad actual – dijo ella evitando su mirada

- Nessa, esto… Todo esto ha podido ser por el descontento social que hay. Si no se produce ningún cambio, si sigue habiendo kryptonianos de primera y de segunda, ¿cuánto tardará en estallar una revolución de verdad? Esto puede ser el aviso que necesitábamos…

- ¿Por qué me pides esto? Sabes que estoy con los conservadores… Al igual que toda mi familia. Nuestros privilegios nos vienen por tradición. Tu tienes tus ideales y yo los míos

- Sé que estás con la derecha y tenéis miedo del cambio pero también sé que amas la vía diplomática, que quieres la paz y detestas la violencia al igual que nosotros. Tú más que nadie sabes que es necesario ceder y lograr acuerdos para conservar bienes mayores. Esta es la oportunidad de nuestra generación…

- No puedo creerte… Vienes aquí y me pides que me ponga de tu lado… Después de haberme abandonado como lo hiciste…

- Hay mucho en juego, Nessa – le tomó las manos - Si alguna vez fuimos amigos de infancia, si en algún momento hubo algo que amaras en mí, no conviertas esto en algo entre tú y yo…

- Lo siento – dijo ella retirando las manos - ¿encontraste en la Tierra lo que estabas buscando?

Kal-el se dio la vuelta decepcionado, su capa ondeando tras él, dispuesto a embarcar en su nave para enfrentarse con Zod.

En el campo de batalla, alrededor de la torre del Consejo, Zod veía cómo poco a poco se quedaba solo, contando únicamente con el apoyo de unidades robóticas controladas por Brainiac. Gran parte de los militares que le apoyaban habían dejado su bando al ver cómo el cuerpo de policía y el gobierno de Argo City luchaban en su contra. El resto de militares ultraconservadores y sus facciones estaban acorralados por las fuerzas comandadas por la casa de El y Zod había tenido que retirarse al interior de la fortaleza con el escuadrón cero y los más leales de sus soldados.

Kal-el entró en la fortaleza secundado por Kon-lar y por algunos de los militares con más experiencia y acabó enfrentándose a Zod en el piso más alto de la torre, junto a las plataformas de aterrizaje

- Kal-el, hace escasos meses que te arrodillabas ante mí, ¿cómo has podido levantarte contra la propia institución a la que juraste lealtad? – dijo Zod descargando un golpe con la espada láser

- No fue ante ti, Zod, sino ante el pueblo de Krypton, al que has engañado y manipulado para intentar que renuncie a su libertad. Yo no me arrodillo ante asesinos ni dictadores

- Tu palabra no vale nada, como tampoco la de tu padre. Años en el Consejo y qué ha conseguido: nada más que una sociedad más descontenta, con menos poder, una civilización decadente y sin valores. Las Casas como la tuya sólo consiguen desvirtuar lo que significa ser kryptoniano. Yo tenía un sueño para restaurar la gloria y el poder de este planeta, para que nuestra civilización volviera a ser superior. Vosotros, niñatos sin galones, habéis truncado ese destino

- Tu único destino a partir de ahora será la zona fantasma – sentenció arrebatándole el láser de las manos y amenazándole con la espada en el cuello

 

 

 

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