- Bueno, pues esto es... – dijo señalando las montañas de vasos de plástico, servilletas, bolsas y paquetes de tabaco a su alrededor – Yo me tengo que ir a ver si puedo reclutar a algún otro voluntario en el pueblo antes de que llegue mi jefe y se encuentre este desastre. No te rajes tú también, por favor...
- ¿Rajarme con qué? Es sólo plástico, no puede rajarme un plástico...
- Mmm... Lo que tú digas. Apunta mi número de móvil por si necesitas algo
- No tengo para apuntar. Dime los números...
- 4-8-1-5-1-6-2-3-4. Oye, esto es sólo para uso profesional. El número se autodestruirá en veinticuatro horas así que no intentes usarlo para invitarme a salir...
Lois esperó pero Clark siguió mirándola seriamente, sin inmutar ni un músculo de su cara
- Era una broma. Se suponía que debías reírte
Él le sonrió de forma forzada
- Genial. Bueno, me voy. Aquí tienes una mochila del festival y unas camisetas, de regalo, para ti – le lanzó la bolsa - La basura a los contenedores, así de simple. Hasta luego

Al cabo de dos horas de no encontrar a ningún incauto en todo Smallville que quisiera hacer de voluntario en el festival de música, Lois se volvió al recinto para hacer frente a su jefe y a la cruda realidad: la organización había sido pésima, para la noche no habrían recogido ni la mitad de la basura y todo estaría en un estado penoso. Para su sorpresa, a su llegada no quedaba ni un sólo plástico
- 4-8-1-5-1-6-2-3-4, 4-8-1-5-1-6-2-3-4... – Clark permanecía sentado al borde de uno de los escenarios, con la camiseta del festival puesta, cargado con la mochila vacía y repitiendo el número de teléfono
- ¿Cómo?, ¿cómo lo has...?
- ¿El qué?
- ¡Lois, muchacha! – el jefe llegaba por detrás – Esta organización es excelente. Esto está impecable... ¡Y a las 11 de la mañana! Debes ser muy buena con la motivación, porque tu equipo ha trabajado a tope
- Sí... El equipo... Ha hecho un buen trabajo... – Lois miraba a Clark, que ojeaba la programación del festival y sintió lástima por haberle hecho trabajar de aquella manera. Cuando el jefe se hubo ido se fue a sentar junto a él – Oye, Clark, ¿por qué grupo vienes, exactamente? Para venir desde tan lejos tiene que ser porque eres muy friqui, ¿no?
- ¿Friqui? No... Vengo un poco por todo, por Smallville, por conocer un poco todo esto y a la gente...
- Es que si te interesa mucho alguno a lo mejor te puedo conseguir algún pase de backstage o alguna cosa así. Esto de la basura... Ha sido una paliza, debes estar muy cansado
- Tranquila. Yo aguanto mucho
- Por la noche, ¿dónde os quedáis? No os he visto tiendas de campaña...
- Aún no lo sé. No tenemos mucho dinero... – mintió Clark
- Ya... Bueno, os puedo conseguir unas tiendas si queréis
- Gracias, Lois.
- Bien. Gracias por salvarme esta mañana. Eres mi héroe – Lois le dio un beso en la mejilla y con un impulso se bajó del escenario – Nos vemos, Smallville – le guiñó un ojo y se dio la vuelta
Kal-el aprovechó para dar una vuelta por el pueblo. Hacía dos horas que Kon se había marchado y no sabía nada de él. Le localizó en comisaría. Esto fue lo que pasó:
- Hola, buenos días, mi nombre es... – Kon intentó recordar el nombre que había acordado con Kal – Michael Landon. Vengo a obtener dólares
- Chico, pareces un vaquero – le sonrió la chica de la ventilla del banco - ¿tienes tu número de cuenta o tu tarjeta?
- Tengo esto – Kon sacó la bolsa de terciopelo llena de diminutos diamantes
-¡Uf...! ¿Son auténticos?
- Claro...
- Oye, guárdate eso, no te lo vayan a robar. Aquí sólo admitimos moneda y billetes. Lo mejor es que vayas a la joyería... Yo salgo dentro de media hora. Si quieres puedo acompañarte. A cambio de alguno de esos... Total, tienes muchos
- Vale

Al cabo del rato estaban en la joyería, el anciano joyero con los ojos desorbitados
- Esta es una joyería pequeña, no puedo comprarte más de seis o siete. Te haré un cheque
A la hora de cobrarlo, de vuelta en el banco, le señaló una de las chicas que trabajaba en las mesas , delatándole ante el guardia de seguridad
- Aquél es
- La envidiosa de Rachel – susurró la acompañante de Kon – No puede soportar que nadie tenga suerte
- Me va a permitir que le haga unas preguntas acerca de esas piedras que lleva – dijo el guardia
Ya en comisaría, el agobio de Kon era monumental. Habían llegado hacía escasas horas y su viaje a la Tierra ya se veía comprometido
- Nombre...
- Michael Landon
- Vaya, como el actor... Teléfono...
En ese momento, Kal-el entraba por la puerta a grandes pasos
- El teléfono es el 481516234. Perdone, es que mi primo y yo somos escoceses y aún estamos acostumbrándonos – le dijo agarrando una silla y sentándose junto a Kon
- Una bolsa llena de diamantes es un asunto sospechoso. Aquí, en China y en Sebastopol
- Son de una herencia – improvisó Kal-el – Tenemos una tía en América. Bueno, teníamos... Ella acaba de morir, la pobre, éramos sus sobrinos favoritos y esto era lo único que tenía
- Ya, bueno, y dónde están todos esos papeles de la herencia...
- Pues... En casa
- Bien, pues confiscaremos los diamantes... Y cuando traigáis los papeles os los devolvemos
- ¡¡No!! – gritó Kon
- Shhh...
- ¡Pero, Kal!
- No pasa nada, agente, no se hable más. Iremos a por esos papeles y se los traeremos enseguida
- Vamos, Bob, deja de atosigar a los chavales, qué van a decir allí en Europa de nuestra hospitalidad – dijo una voz a espaldas de ambos
- Kent... Sólo intento hacer mi trabajo correctamente
- ¿Kent? – Preguntó Kal-el levantándose de la silla - ¿Es usted Hiram Kent?
- No, muchacho, Hiram era mi padre. Yo me llamo Jonathan... ¿Cómo sabías...?
- Mi padre y el suyo se conocieron hace mucho
- ¿De verdad? Bueno, tu padre debía ser muy joven entonces, dada nuestra diferencia de edad... ¡Prácticamente yo podría ser tu padre!
Kal-el sonrió. Aquel hombre parecía muy agradable y hospitalario
- Vamos. Os invitaré a comer a la granja. Los amigos de mi padre bien merecen una buena acogida. Yo me encargo, Bob
En la furgoneta de Jonathan, Kon lloriqueaba por lo bajo en el asiento de atrás
- Moriremos de inanición... Vestiremos harapos... Dormiremos bajo los puentes...
- Déjalo ya, Mike. No estamos tan mal... Jonathan, cuénteme más cosas de la granja... Y del pueblo
- Bueno, Smallville es un lugar tranquilo. Algún huracán de vez en cuando pero poco más. Tenemos el maíz, las vacas... La tasa de crimen es prácticamente nula y, bueno, gran parte del pueblo vive de la producción de la planta Luthor. El hijo del señor Luthor vivió aquí un tiempo pero hace mucho que se marchó a Metrópolis
Al entrar en la cocina se encontraron con la mujer de Jonathan, que sacaba del horno una bandeja de galletas recién hechas
- Uf... Cómo quema...
Kal-el se adelantó rápidamente y le cogió la bandeja de las manos
- Gracias... ¡Pero suéltalo, chiquillo, que te vas a quemar! – dijo ella
- Marta, estos son Clark y Michael, vienen de Europa. Por el festival de música
- Mucho gusto, señora
- Su padre era amigo del abuelo Hiram
Marta abrazó a Kal-el y le dio dos besos
- ¿De verdad? Qué suerte tengo, qué chicos más guapos me traes a comer. Sentíos como en vuestra casa, por favor
Kal-el no entendía por qué se sentía tan bien en la granja de los Kent, era como si la conociese de siempre, un lugar cálido y acogedor, seguramente debido a la disposición amable y cariñosa del señor y la señora Kent, que se deshacían en atenciones

- Podéis venir por aquí siempre que queráis. Aquí tenéis una familia. Si necesitáis una casa en los Estados Unidos, ya sabéis – les dijo Jonathan al despedirse
- Venid a visitarnos de vez en cuando y cuidaos mucho
- Gracias, señora Kent, vendré siempre que pueda – se despidió Kal-el
Mientras se alejaban, Jonathan Kent rodeó a su esposa con el brazo
- Bueno, otra vez solos, Marta...
- Sí...
volver al principio |