5. Lois

El festival no se encontraba lejos y decidieron dar un paseo

- Qué agradables, los señores Kent – dijo Kon

- Sí, sobre todo ella. Era muy cariñosa y la forma en que me miraba... Había como una conexión entre nosotros, no sé cómo explicarlo...

- Creo que le ha dado pena que nos fuéramos

- ¡Smallville! – exclamó Lois - ¿Dónde estábais? La gente está empezando a llegar ya para los extramusicales...

Kal-el y Kon-lar habían llegado ya hasta la improvisada oficina de producción cuando un chico con una acreditación colgada del cuello dobló la esquina y se desplomó contra la pared

- ¡Lois, mátame! Pégame un tiro para que deje ya de sufrir

Lois se echó la mano a la mochila

- ¡¡No!! – gritó Kal-el horrorizado mientras le sujetaba el brazo - ¡No lo hagas!, ¡Seguro que hay otra manera!

Ella se desembarazó de él, sacó una botella de agua y se la tendió al exhausto ayudante

- ¿Pero qué te pasa? ¡Es sólo una forma de hablar! Si quisiera matarle ya lo habría hecho. En concreto esta mañana, cuando desapareció misteriosamente... Y tú, Jimmy, no te quejes tanto. Clark hizo todo tu trabajo en tan solo dos horas y míralo, sigue como si nada. Venga empezad a repartir las pulseras que ya hay cola. Ya sabéis, se alarga la cinta, se ajusta la chapa y se corta. Jimmy a la derecha, Clark al centro y... Y tú, – dijo señalando a Kon – tú a la izquierda

- Oye, que yo no quiero trabajar...

- Venga, Mike, no es para tanto – le animó Kal

Al cabo del rato, Lois miró a su alrededor: todo marchaba. Los grupos de danza contemporánea ya estaban preparándose, los talleres estaban abiertos, el mercadillo comenzaba a desplegarse. Aún así, todavía había poca gente...

- ¡Lois! – escuchó una voz a su espalda. Era su jefe - ¿Qué narices pasa con la cola del centro? Hace media hora que no se mueve...

- ¿... Del centro? Clark...

Se dirigió hacia la entrada a grandes pasos sólo para descubrir con horror que no quedaban ya tres colas, sino dos y que, efectivamente, sólo la de Jimmy avanzaba

- ¿Seguro que eres escocés? Tu acento parece más bien australiano – preguntaba una chica en bikini y vaqueros, apoyada en la valla

- Nosotras venimos de Metrópolis – dijo otra de las chicas

- ¿De verdad? – dijo Kal-el – Tengo planeado ir. A lo mejor podríamos vernos y así me enseñáis la ciudad...

- Ay, qué mono – dijo una tercera – Pero para qué vas a esperar para vernos, si estamos aquí en el camping. Te podrías pasar luego por nuestra tienda y, la ciudad no, pero te podemos enseñar otras cosas...

- Eso sería...

- ¡Chicas! Se acabó la charla – protestó Lois – Estáis bloqueando la cola. Y tú, Smallville, te quiero ver poniendo pulseras más rápido que una bala o te dejo sin bocadillos

- No te metas con el pobre chico, sólo está intentando hacer amigos – dijo una

- Eso es lo que nos ha dicho – dijo otra

- He dicho fuera. ¡Andando! – respondió Lois

- Será bruja

- Zorra envidiosa... – se fueron murmurando las chicas

- En cuanto a ti, – siguió Lois – los ligues para después del trabajo. Hacer amigos... Qué cosa más simple. Las mujeres son tontas. Y, ¿dónde está tu amigo? Maldita sea, tendré que ponerme a repartirlas yo misma.

A las siete de la tarde estaban los tres de espaldas a la oficina de producción, sentados en las escaleras. Jimmy observaba el espectáculo de danza contemporánea con escaso interés, más preocupado de su propio estado, que calificaba de “penoso” y de vez en cuando disparando alguna foto desde su réflex digital.

- ¿Esta música no pertenecía a un programa de cocina de la tele?

- Sí, pero está remezclada – dijo Lois mientras encendía un cigarrillo

- Esto... Esto es arte, macho – siguió Jimmy – Esto ya no es danza, esto es performance. Clark, esto nos lo llevamos tú y yo a Japón y triunfa, nos forramos. Hay hostias por una entrada, te lo digo yo. Todos los japoneses de traje de Hugo Boss viendo lo del programa de cocina… “Siempre que vuelves a casa… Me pillas en la cocina…” - canturreó

Kal-el ya no estaba escuchando, observaba cómo Lois aspiraba el humo y éste recorría el camino hasta sus pulmones

- Eso te está haciendo daño

- No me digas

- Sí te digo

- Me da igual

Le quitó el cigarrillo de los labios y lo probó

- Esto está malísimo. En mi tierra tenemos cosas mejores...

Jimmy lanzó un par de fotos a los dos

- Ya estamos con el complejo de superioridad europea. Devuélvemelo

- Me temo que se me ha partido

- ¿Qué se te ha...? ¡Lo has hecho aposta!, ¡Y ese era el último!

 

 

- Ya lo sé

- Que te den – Jimmy lanzó otra foto – ¡y que te den a ti también! – Lois se levantó y se marchó

- ¿Qué me den qué? – preguntó Kal-el a Jimmy

- Pues... En el mejor de los casos... Que te den morcillas y en el peor... No lo quieras saber

Mientras tanto, Kon-lar se escondía en la zona de cafetería, lamentándose de su suerte y de aquella loca aventura

- Perdona, he visto que llevas acreditación – le dijo una chica junto a la barra - Me llamo Chloe Sullivan, estoy cubriendo el festival para el periódico del instituto... ¿Qué te parece la organización de este año?

- Bueno, la chica que lo organiza todo tiene mérito pero...

- No seas muy duro... Soy su prima

- ¿Eres prima de Lois? No te pareces nada a ella. Tú eres más... Simpática. Lois es muy...

- ¿Muy sargento? Bueno, eso es por su formación militar pero ahora que va a entrar en el Planet yo creo que se calmará un poco. O quizás no, la verdad es que es algo incorregible. Pero tiene talento para las historias. Mi sueño es también entrar allí pero aún no he conseguido una historia importante. Lo más emocionante que ha pasado en Smallville en los últimos años es el lío que tuvo Lana con el pelirrojo de oro así que ya te puedes imaginar. Si lo único que llama la atención en el pueblo es el romance relámpago entre una menor y el hijo de un magnate industrial, apaga y vámonos...

Cuando llegó la noche Kal-el tuvo por fin la oportunidad de enfrentarse al oleaje de música que revolvía los cuatro escenarios del festival. Quedó impresionado de la increíble descarga de energía que movilizaba la música terrestre, teñida de secuelas tribales, emocional hasta la médula, contradictoria y caótica en apariencia pero con un sentido armónico en lo profundo. Su intensidad y su violencia le tenían cautivado. Comparada con la música aséptica, abstracta y escrupulosamente depurada de Krypton, la de la Tierra podía considerarse ruidosa pero a Kal-el le pareció llena de fuerza, conmovedora, apasionada, como todas las artes humanas. A Lois le encantaban los Pixies y se sabía todas las canciones.

Cuando llegó la parte de Strokes la muchedumbre ya estaba algo descontrolada. Lois parecía incombustible

- ¡Lois! ¿No tienes miedo de que te pisen? Si quieres te subo... – había visto como los chicos subían a las chicas sobre los hombros en los conciertos

- No, gracias – le dijo a gritos para que le oyera sobre la multitud

- ¿Seguro?

- Sí. Quiero seguir bailando

- Yo me aburro. Me voy a la tienda

- Haz lo que quieras

Kal-el llegó al campamento, donde no había ni un alma, aún era pronto para que la gente se retirara. Miró la tienda de Lois, que era como cuatro veces la suya. La de Lois era una tienda profesional, la de alguien que ha acampado mucho, cabía una familia entera, y la suya era de la organización del festival, algo para salir del paso. Además, no se aclaraba con las varillas, cómo aquella tecnología podía ser a un tiempo tan simple y tan complicada. La dejó montada a medias. Ya terminaría el trabajo después. Entró por los pies y se quedó con la cabeza fuera para poder mirar el cielo. Cuando se colocó las manos bajo la nuca escuchó una voz conocida

- Bueno, tampoco eran para tanto. Además, vienen todos los años... ¿Más alcohol?

Kal-el arqueó la nuca hacia atrás y vio a Lois bocabajo a pocos centímetros, con los vasos de tubo en las manos.

Dos horas después, Lois ya se había bebido unos cuantos vasos y hablaba animadamente a la entrada de la tienda grande

- Oye, soy una maestra bebiendo pero tú aguantas lo inaguantable

- Ya

- ¿Y a qué te dedicas, allí en tu país?

- Bueno, soy militar... Aunque también he estudiado otras cosas...

- ¿Militar? No puedo creerte. He convivido con muchos militares y no te pareces nada a ellos. Tú eres diferente

- No es muy vocacional...

- ¿Una cuestión de familia? Eso es algo que tenemos en común. Mi padre también está en el ejército y tuve que pasar toda la instrucción...

- ¿Por qué dices que soy diferente?, ¿en qué soy diferente?

Lois le miró un momento a los ojos y luego se acercó para besarle

- No sé... Me gustas...

Kal-el le devolvió los besos hasta que ella murmuró:

- Si quieres te puedes quedar aquí. Esa tienda tuya es un desastre – y se quedó dormida en sus brazos.

Kal-el terminó de recostarla con cuidado y se quedó junto a ella, mirándola de perfil. Lois Lane... Qué diferente era también ella de todo lo que él había conocido

 

 

 

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