Aquella era la idea más descabellada que había oído nunca. Una medida innecesaria, más que un proyecto que hubiera surgido de manera natural. Era como intentar reunir en una misma sala a un grupo de capitanes que no tenía ejército al que mandar. No tenía ninún sentido.
Se calzó las botas rojas con evidente fastidio, ajustó el lazo a la altura del cinturón y se asomó a la terraza de la embajada, para salir como una bengala azul y roja hacia los cielos. Debía dejarlo claro desde el principio: ella tenía una misión propia, era representante de su pueblo, y trabajaba sola. Necesitaba ocuparse de cumplir sus propios objetivos.
Allí estaba la Sala de la Justicia, sobre la falda de una abrupta montaña, en medio de un ninguna parte al norte de los Estados Unidos, un lugar aislado y monumental, apropiado a las dimensiones del proyecto. |
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Aterrizó con exactitud meridiana sobre el suelo de mármol, la capa oficial ondeando tras ella, la armadura de embajadora de las amazonas, que utilizaba durante las audiencias, imponente y cobriza por el efecto del sol de la tarde, contrastando con su melena oscura. Ofrecía una imagen digna y solemne, que se correspondía con su intención de no someterse a ningún liderazgo externo o a aquella utopía de “todos para uno y uno para todos” que se iba a proponer en aquella Sala.
Tomó aire y entró en el amplio salón circular, flanqueado de columnas y presidido por una enorme estatua femenina con una balanza, una alegoría de la Justicia. Parecía que ya estaban todos, escrupulosamente uniformados, repartidos por los distintos lugares del foro. En la gigantesca pantalla, un inmenso mapamundi que indicaba que la presentación había comenzado o estaba a punto de hacerlo. Y en el centro, como siempre, él. El centro de atención. No podía quitarse de la cabeza que el Hombre de Acero se encontraba en el meollo de toda aquella disparatada idea de reunir una alianza de superhéroes.
De pronto sintió cómo la capa a su espalda era azotada por un golpe de viento.
- Flash, aunque seas el más rápido de todos nosotros, no se puede decir que seas el más puntual. – bromeó Batman – Bienvenida, Diana.
Ella se adelantó, cruzando la Sala, y pasó junto a Supermán como pasan los petroleros junto a los icebergs, con la lentitud y el respeto y la conciencia de la espantosa brecha que podría abrirse ante una colisión
- Esperemos que no nos hayas traído aquí para nada, Kal
Las capas de los dos superhéroes quedaron vibrando cuando se rozaron en el cruce.

Cuando él la vio aparecer bajo el marco de mármol donde se podía leer “Iustitia et Pax Aeterna”, su figura guerrera recortada a contraluz contra el ocaso, se dio cuenta de que en su actitud y su mirada podía leerse como a través de un cristal de hielo. Iba rodeada de ese aire de superioridad con tufo feminista que seguramente ella confundía con dignidad y firmeza. Seguramente sería el hueso más duro de roer de la asamblea, pero Clark no esperaba menos de ella; la había visto desenvolverse en público. Diana era demasiado consciente de su procedencia y de sus tremendos poderes como para poder hablar con un semejante de igual a igual.
El delegado de logística interrumpió sus pensamientos con su petición de dar comienzo a la presentación, ahora que todos los convocados se encontraban en la Sala: Flash, Batman, Supermán, el Detective Marciano, Linterna Verde, Aquaman y Wonder Woman. Clark le acompañó en el centro de la Sala para ayudarle a explicar cómo sería el proyecto.
- Las amenazas están creciendo, es bueno que tengamos un protocolo en caso de emergencia, que podamos contar con una alianza que nos permita actuar en conjunto...
- ¿Qué pasará entonces con nuestras misiones independientes? – Diana no era una mujer que gustase de perder el tiempo. Iría directa a la cuestión.
- En principio no se verán afectados. Como ya he dicho, la alianza sólo tendrá que actuar en determinadas situaciones. A veces tendremos que sacrificar proyectos personales por el bien común...
- ¿Y nos dices eso como simple integrante del grupo o como su líder? – Sólo necesitó dos preguntas para llegar adonde quería. Ver su independencia amenazada por órdenes externas hacía que su espíritu se soliviantara.
Clark encajó la provocación con tranquilidad:
- En esta alianza no existen héroes más poderosos que otros ni clases sociales más elevadas, – esta fue directamente una referencia al estatus de princesa que tenía Diana en su planeta – las decisiones se tomarán entre todos y de común acuerdo.
Bruce se sonrió bajo su oscura máscara. Clark había conseguido devolver bien la pelota, tenía el don de convertirse en un líder natural, no necesitaba imponerse. Su sensatez y su equilibrio eran lo que le daba su fuerza moral, no tenía por qué ser cruel o dictatorial para mostrar la firmeza que había en su espíritu. Estaba bien que le bajara los humos a Diana desde el principio.
- Bueno, si no hay más preguntas – finalizó Clark – hasta mañana no habrá otra reunión.
Aquí, el delegado de Naciones Unidas se adelantó:
- En las misivas que os enviamos os solicitábamos una reunión de tres semanas en estas instalaciones que hemos puesto a vuestra disposición. Creemos que un buen equipo debe conocerse bien y formar una dinámica para así poder actuar con mayor eficacia. Sabemos que vuestro tiempo es muy preciado así que reconocemos que esto será un gran esfuerzo para todos, por favor, sentíos como en casa. Hemos dispuesto un equipo de personal a vuestra disposición. Y hay una última cuestión, para referirnos a la alianza sería bueno escoger algún nombre...
Linterna Verde, de modales militares, considerado un pacificador profesional, dio su opinión:
- Considero que debería ser un nombre sencillo y claro. Liga de la Justicia, sin más.
- Americana – apostilló Wonder Woman
- ¿Qué?
- Liga de la Justicia Americana, si a Supermán no le parece mal – aquí había conseguido un nuevo punto de conflicto. Supermán no aceptaría un término tan reduccionista y seguramente apelaría por algo más universal.
Clark se estaba cansando ya de aquel juego y le sostuvo la mirada con severidad. No iba a darle el gusto de verle perder la paciencia cayendo en aquella tontería, no merecía la pena.
- Cualquier nombre me parece bien siempre que la identidad de la Liga quede clara y nuestra comunicación refleje que estamos al servicio de quien lo necesite. A este respecto, tenemos una rueda de prensa mañana. Creo, Diana, que por tu experiencia como embajadora deberías ser tú quien nos represente ante los medios, si los demás no tienen inconveniente. Tengo confianza en que estarás a la altura de una tarea de esta importancia.
Aquí Diana se tuvo que morder la lengua pero por dentro hervía. Tenía que defender una absurda agrupación con un absurdo nombre que ella misma había propuesto y evitar quedar mal con el resto de sus compañeros superhéroes.
Al fin y al cabo ellos no tenían la culpa de que Supermán fuera tan egocéntrico y pagado de sí mismo.
- Está bien

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