Clark y Bruce habían dicho de ir a media tarde a recorrer los alrededores de la Sala de la Justicia, para observar hasta qué punto había aislamiento y seguridad en la zona. Antes de encontrarse con Bruce, Clark llamó a la puerta de la habitación de Wonder Woman, que ella abrió de un tirón. Todavía estaba furiosa. Cómo se podía mantener el ceño fruncido tanto tiempo, se preguntaba él.
- He venido a traerte los documentos legales de la Liga, por si te ayudan para preparar lo de mañana...
Ella se los arrancó de las manos y cerró de un portazo.
Bruce estaba en el pasillo y Clark se volvió hacia él y le dijo en un susurro:
- ¡Esta mujer me odia!
En su tiempo de descanso le daban un respiro al uniforme. Bruce se deshizo del traje de Batman y se puso una camisa blanca de marca y unos carísimos vaqueros negros. Clark llevaba vaqueros y camiseta de manga larga.
- Oye, ¿hasta para dar una vuelta por el bosque te tienes que vestir como si fueras a la ópera? Deberías reservarte para tus citas, que a mí no tienes que impresionarme – bromeó Clark
- Ya te gustaría a ti saber lo que yo llevo a mis citas. Esta es mi ropa de sport. Yo por lo menos no voy en manga larga en pleno verano
- Es un coñazo pero ya sabes que tengo que tapar el traje
- Pues es una pena porque mira, lo que en realidad le gusta a las mujeres es esa camisa remangada a media altura, ese aire desenfadado que es elegante pero sin pretenderlo...
- No me cuentes historias
- ¿No te molesta llevar ese traje puesto a todas horas?
- No. Es como un guante, no como el tuyo, que está hecho para aparentar más músculo del que tienes en realidad. A mí me basta con lo que la naturaleza me ha dado. Lo que ves es lo que hay : P
- Mira, capullo, ya quisiera verte yo a ti cargando con un traje antibalas las 24 horas, mister “soy el tío de acero, no necesito armadura”
- Bueno, bueno, no te piques – le sonrió Clark – En fin, respeto a los que hablábamos... ¿Cómo lo ves?, ¿crees que esto funcionará?

- Pese a Diana, quieres decir...
- No entiendo por qué no puede hacer un pequeño esfuerzo por integrarse en el equipo
- Escucha, para ella el esfuerzo es todo menos pequeño. Para empezar, se trata de una extranjera, no es de la Tierra... Ya sé que me va a decir que tú tampoco lo eres – se adelantó cortando a Clark – pero tú has crecido aquí, eres de nuestra cultura. Siento decírtelo pero eres más yanqui que el pollo frito de Kentucky, amigo mío. Te gustan el fútbol, los perritos calientes y los fuegos artificiales del cuatro de julio. Diana, por el contrario no lleva aquí mucho tiempo. Punto dos, Diana es una princesa de su pueblo y vive como tal, en una mansión, con servicio, con los privilegios del cuerpo diplomático. Se codea con los dioses griegos, ¿qué esperabas? Y punto tercero pero no menos importante: Diana es una mujer... Que viene de una isla... Donde sólo hay mujeres. Con eso te lo digo todo.
- La necesitamos, Bruce. Sin ella, la Liga no funcionará. Tengo que conseguirme su confianza de alguna manera
- Te deseo suerte
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En su habitación, Diana terminaba de estudiar los documentos de la Liga. Llegado un punto, los dejó sobre la cama y arregló las flores al pie de la estatua de mármol de Afrodita, que estaba en el centro de la estancia. Muy apropiado, Afrodita era una de sus protectoras en Temiscira. Cambió el traje por una túnica corta y decidió salir a tomar un té a la cafetería. El detective marciano estaba allí, leyendo “El castillo” de Kafka.
- Hola Jonn, ¿cómo estás?
- Bien, Diana, aquí descansando un rato – Apartó el libro y dirigió toda su atención hacia su interlocutora
- Sigo preguntándome qué estamos haciendo aquí. Probablemente nos estarán necesitando en otro lado.
- Tómalo como unas pequeñas vacaciones. Estoy seguro de que dentro de unos días lo verás con otra perspectiva
- Quizás... – Diana apuró de un trago un té que a cualquier otra persona le hubiera durado una tarde completa
- ¿Qué tal te ves entre los terrestres?, ¿crees que ya vas comprendiéndoles un poco mejor? |
- La mayoría de las veces no puedo evitar sentirme una extraña... Muchas veces me cuesta controlar mi temperamento y frenarme de decir lo que pienso. Lo políticamente correcto no va conmigo, en mi tierra decimos lo que pensamos. Hay ocasiones en que me gustaría simplemente abrir un portal y volver con los míos – Diana no sabía por qué, pero la apariencia peculiar y relajada de Jonnz´s le daba confianza – Echo de menos a mis hermanas
- Yo también echo de menos a los míos pero por desgracia no tengo ningún pueblo al que volver...
- ¿No te queda ninguno de los tuyos?
El detective negó con la cabeza
- Todos desaparecieron. Vivo en el exilio, al igual que Kal-el
- Al menos a ti no se te ha subido a la cabeza
El detective se sonrió.
- Te equivocas con él, amazona. Supermán no busca el protagonismo, sino que el protagonismo le encuentra a él... Por las cosas que es capaz de hacer
- Aunque no le conociera, desconfiaría de alguien que se presenta a sí mismo como “super-hombre”. Y ahora esta idea de la Liga de superhéroes...
- Lo de Supermán no se lo puso él, se lo puso la gente... Como a ti Wonder Woman. Y lo de la Liga en realidad fue idea mía
- ¿Tuya?
- La amenaza es real, Diana. Fui yo el que acudió a Supermán en busca de ayuda. Él fue quien se encargó de organizarlo todo. Porque yo se lo pedí
Diana se quedó callada un momento, absorta, y Jonn apoyó la mano en su hombro. El detective tenía un punto de ternura y de compasión por las otras razas, esa era una de las razones por las que había llegado a la Tierra, para evitar que las catástrofes que habían acabado con la vida en Marte se cebaran en los humanos.
- Princesa, tú eres agreste y firme como las rocas a la intemperie, pero hasta ellas acaban rindiéndose al abrazo del viento y a las palabras del agua y a las huellas de los animales. Si a los terrestres les das una oportunidad, puede que no estés tan sola. Deja la soledad para tipos como yo. Mírame, tengo la piel verde, – sonreía – los niños se asustan de mí. Pero tú eres muy hermosa, estoy seguro de que te aceptarán y tu pueblo podrá sentirse orgulloso.
Diana abrazó al marciano, que le sacaba dos cabezas. Era la primera vez que abrazaba a alguien desde que había salido de Temiscira.
- Gracias Jonn
Sentados a la mesa para la cena, Clark se dio cuenta de la verdadera magnitud del desafío:

Arthur Curry, un rey de los océanos. Habían tenido oportunidad de conocerse en su juventud, al menos hablaban el mismo idioma, aunque hacía mucho que Aquaman se había retirado a sus dominios submarinos.
Jonn Jonnz´s, el último superviviente de una desconocida raza marciana. Un corazón fiel y fuerte al que confiaría su vida, sin duda, aunque marcado por su interna desesperanza y su nostalgia del pasado
Bruce Wayne, un enigmático millonario acostumbrado a trabajar por su cuenta y riesgo. Sin embargo conocía bien a Batman y sabía que pese a sus excentricidades, era un tipo de confianza, un colega, con un alto sentido de la justicia.
John Stewart, Linterna Verde, un guardacostas profesional del espacio exterior, hermético e inaccesible, con su propio sentido de la justicia y su disciplina militar
Barry Allen... El alocado de Bart que era como un rayo que nunca se sabía dónde iba a caer. Ya se le veía venir desde que era un niño
Y por último Diana de Temiscira, probablemente la más poderosa, la más lejana, la más desconocida de todos.
A la cosa habría que darle tiempo. Diana parecía seguir tensa con él, aunque por lo menos parecía comentar con el detective de vez en cuando. Arthur y Bart eran los que habían hecho mejores migas y se la pasaban hablando de surfear y de olas de miles de metros. Linterna Verde y Batman permanecían mudos como tumbas.
Decidió probar suerte con Diana, sacando un tema que pudiera interesarle y alimentar un poco su ego:
- He oído que escribiste un libro, ¿cómo van las ventas?
- Bien... Van bien. Aunque no lo escribí pensando en las ventas, como comprenderás. Lo importante es que el mensaje le llegue a mucha gente
- Ya. Mi periódico hizo una reseña bastante buena. ¿No puedes dejarme algún ejemplar?
- Mmm. Seguramente no te va a gustar...
- ¿Y eso?
- Bueno, no creo que la filosofía que desprende comulgue mucho con tus ideas, que al fin y al cabo se han formado en el seno de una sociedad tan cerrada como la de la América rural – Diana intentó decir lo último con un tono aséptico, sin que pareciera despreciativo, pero no lo consiguió
- Vaya puya – pensó Bruce, sonriendo para sí. Aunque no les miraba, lo cierto es que tenía la antena puesta en todo momento
- Y, según tus profundos conocimientos acerca de las sociedades humanas, ¿cuáles son esas ideas y valores que supuestamente tengo y que me impiden ver más allá de mis narices?
- Bueno, pues empezando por falta de conciencia medioambiental, materialismo, machismo y una galopante hipocresía en todos los estratos sociales...
- Venga ya, Diana, América no será el mejor de los mundos, pero también tenemos cosas buenas – dijo Arthur. Para este punto, ya todos estaban atentos al cruce de acusaciones
- Sí – completó Flash – tenemos a los Simpsons, a Spielberg, a Tiger Woods... Deberías pasarte por un cine alguna vez...
Clark seguía callado sin quitarle ojo a Diana y ella estaba tan solo pendiente de su contestación.
- Veo que tienes ya muchas ideas preconcebidas sobre mí. También yo he leído algunas cosas sobre tu pueblo. Los dioses griegos tienen fama de ser caprichosos, de dejarse llevar por sus pasiones o de carecer de cualquier tipo de misericordia o piedad. Seguramente la gente de la Tierra también te clasificará y tú desearás que te den la oportunidad que les has negado a otros. Sólo espero que si llegas a conocerme un poco, tu opinión sobre mí sea más favorable. |
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