16. En ocasiones veo muertos La tradición no se hereda, se conquista*
A partir de entonces Lex Luthor hizo el anuncio oficial de que había tenido una niña de su ex-esposa Alexandra y la crió como su hija de cara al público. La niña parecía completamente normal, cuando se ponía a correr no parecía una bala y tampoco parecía tener una fuerza fuera de lo normal, auque nunca se ponía enferma. A Lex ya no le importaba nada de eso. Sólo quería que la niña pudiera llevar una vida feliz y tranquila. Aunque había algo que le molestaba terriblemente. A medida que la niña se hacía mayor aumentaba, como sucedía con todos los niños, su profunda admiración por el héroe de la ciudad: Supermán. A los seis años la había encontrado con una manta roja en la cocina, subida en la encimera, pegando saltos. A los ocho le había dicho que quería ir a la fiesta de disfraces del colegio vestida de Supermán.
- Lena, todos los niños van a querer ir de lo mismo. Esa fiesta estará llena de supermanes. Además, eres una niña. Deberías ir de princesa, o algo así.
- Yo quiero ir de Supermán.
A los diez había pegado en su cuarto una foto de Supermán que había publicado el Daily Planet en el suplemento dominical.
- Papá, ¿por qué te cae mal Supermán?
- Porque es un mediocre, Lena, no como tú y como yo
Lex le había prohibido terminantemente hablar con desconocidos, pero especialmente prohibido tenía hablar con Clark Kent. Él se pasaba a veces por la inmediaciones del barrio. Las niñeras habían contado a Lex que a veces se cruzaban con él en el parque o en el colegio, pero que nunca se había acercado mucho a Lena ni había intentado hablar con ella.
A los doce años Lena llegó llorando del colegio.
- Mi niña, Lena, ¿qué te pasa?, ¿qué?
- Mis ojos... Mis ojos... Me duelen
- Déjame ver
Parecía que no tenía nada
- Lena, tus ojos están bien
- No, papá, no están bien. Veo cosas raras. Tengo como alucinaciones. ¡Estoy viendo muertos!...
No paraba de llorar
- Me puse a mirar un gato callejero en el camino desde el colegio. Y le vi el esqueleto. Y luego miré a su hijo, un gatito que había parido y también le vi el esqueleto. Y finalmente miré al barrendero y...
- Y le viste el esqueleto... No pasa nada, Lena
Lex la abrazó con todas sus fuerzas.
- A ver, si cierras los ojos... ¿Puedes ver a través de los párpados?
- Papá, tengo mucho miedo
- No te preocupes, no te preocupes...
Lex no sabía muy bien qué hacer. Lena se fue a la cama aterrada. No conseguía dormir por las noches. No quería cerrar los ojos. Tenía miedo de lo que podía ver. A los dos días había dejado de comer y de dormir. No quería ir al colegio. Estaba muy angustiada. Tenía derecho a saber la verdad.
A la semana siguiente Clark recibía una nota remitida desde la mansión Luthor, después de once años de silencio. Era una foto de Lena. En el anverso rezaba “Para Clark Kent” y en el reverso “Querido Clark. Soy Lena Luthor. Me gustaría poder verte. Te esperaré a la salida del colegio en la cafetería “La hamburguesa de Michael”. Firmado, Lena”
Cuando Lena llegó a la cafetería, Clark le estaba esperando sentado en una de las mesas, con un batido de chocolate entre las manos temblorosas. Ella se sacó la mochila y se sentó enfrente.
- Hola – le dijo él
- Hola
- ¿Qué quieres tomar?
- Lo mismo que tú
Lena parecía una chica con mucha personalidad. Mayor de lo que su rostro delicado podía sugerir. Era una auténtica Luthor, decidida y sabedora de sus posibilidades. Pero su padre no la había criado en la crueldad ni en el desprecio por los demás. Parecía que no había hecho un mal trabajo, después de todo. Ella se quedó observándole y enfocó los ojos. Clark conocía bien ese gesto...
- ¿Y bien?
- ¿Alguna vez te has hecho lo de los rayos-x a ti mismo?
Él se reía y negaba con la cabeza. Aquello era mágico
- No
- No te preocupes. Todo normal. Veo lo mismo que con los demás.
- Vaya, qué alivio
Lena cogió una pajita del bote junto a la ventana y la metió en el batido de Clark, pegándose unos buenos tragos
- Oye, oye... ¡Camarera!. Otro batido aquí, por favor. Vaya modales que te ha enseñado tu padre
- Él no es mi padre
- Lena, no hables así. Me consta que Lex te quiere mucho
- ¿Me quiere porque no me quisiste tú?
Clark respiró profundamente
- ¿Qué te ha contado Lex exactamente?
- Que mi padre es en realidad ese tipo que sale en las noticias con una capa volando y que por eso yo también tengo poderes. Algo así, resumiendo mucho. Y que Supermán está muy ocupado y que por eso no se puede encargar de mí... Bueno, para mí eso es un cuento chino. Me sospecho que mi madre se debió enamorar de Supermán y que mi padre se hizo cargo de mí porque alguien tenía que hacerlo.
Lena permanecía seria, terminándose el batido, manteniendo su postura de superioridad, de quien demanda una explicación. Adoptaba una falsa postura herida, clásica de adolescente.
- Y... ¿por qué no has ido a ver a Supermán?
- Bueno, tú eres más accesible, además...
En un movimiento relámpago intentó arrebatarle las gafas. Era rápida pero ni la mitad de lo que había sido Clark a su edad. Le paró la mano y esbozó una media sonrisa. Se quitó las gafas por sus propios medios
- Además...
- No he visto de cerca a Supermán nunca pero a ti sí. Muchas veces a lo largo de estos años. Sé por qué mi padre me prohibe hablar contigo, por qué tiene igual odio hacia Supermán y hacia ti. Cuando me contó lo de mis orígenes me dio tu dirección y me dijo que tú podrías ayudarme a entenderlo todo mejor. Todos los superhéroes tienen una identidad secreta, Clark, no es nada nuevo.
- Sabes que esta información puede ser peligrosa para ti... Y también para mí
- No te preocupes. Soy una chica adulta
El segundo batido llegó a la mesa. Lena dejó el vaso vacío y metió la pajita en el lleno.
- Tráigame otro más, por favor
- ¿Fue eso lo que pasó?
- ¿El qué?
- Que mi madre se enamoró de ti estando ya casada con mi padre... Y que por eso yo soy tu hija
- Más o menos eso fue lo que pasó, sí. Pero eso fue hace mucho tiempo... Y todos cometemos errores.
- Vale. No pasa nada.
- ¿Qué más puedes hacer...?
- Bueno... soy un poco más rápida que las demás chicas, me curo pronto de los rasguños y creo que tengo un oído algo más sensible de lo normal. A veces puedo oír conversaciones en otras habitaciones. Pero no mucho más. No puedo volar ni esas cosas. Aunque lo de los rayos-x ha sido lo más fuerte, casi me muero del susto. Todavía lo controlo fatal
- Ya... Es un rollo. No puedes ver a través del plomo... Si es como la mía.
- Dice mi padre que tú puedes ayudarme a llevarlo bien y a que no me duela la cabeza cuando me pasa