Aquella misma noche Clark llegó hasta las cuevas. En la oscuridad de sus profundidades unos ojos azules le observaban con un extraño fuego frío.
- Al fin has venido... ¿Alzarás la mano contra tu propia sangre?
La voz era una pesadilla en sí misma. La dulce voz de Lena distorsionada por la lengua venenosa de Brainiac.
Siete días duró la terrible lucha entre Supermán y su enemigo. El héroe era incapaz de utilizar su fuerza contra Lena, aunque sabía que ella se recuperaría de cualquier herida, pero no podía correr riesgos. Era superior a él. No sabía cómo reducir a su enemigo y tampoco cómo, una vez llegado a este punto, lograría sacarlo del cuerpo de Lena. Al séptimo día Supermán estaba agotado y dolorido, a punto de desfallecer. Brainiac, satisfecho, observaba cómo ganaba poco a poco la batalla, a base de desgastar a su oponente y de aprovechar la ventaja que le daba el cuerpo de la joven Lena. A la mañana del séptimo día Brainiac no atacó. Preparaba su ataque final. Estuvo todo el día concentrando sus energías. Supermán sabía que aquél podía ser perfectamente el final. De la batalla, de él mismo, incluso de Lena.
Al caer la tarde Lex se presentó por fin en el campo de batalla.
- Será mejor que te vayas. Aquí no puedes ayudarme. El final está cerca
- No te dejaré solo
Brainiac concentró toda su energía en Supermán, torturándole con la potencia de sus armas y llevándolo al límite de lo soportable. Mientras tanto, Lex, cuya presencia el enemigo había despreciado, se acercó por detrás y abrazó fuertemente a su hija poseída. Llevaba las manos llenas de kryptonita negra.
Inmediatamente, Brainiac se dio cuenta de lo que había pasado. El desdoblamiento comenzó a producirse y, trás una dolorosa transformación, el cuerpo de Lena quedó liberado y Brainiac pareció desaparecer en el aire nocturno. Lex Luthor había muerto.
En el camino de vuelta a Metrópolis, mientras Clark llevaba a Lena en brazos a través de la noche ninguno de los dos conseguía hablar. Ella lloraba silenciosamente. La dejó tumbada en el salón de la mansión y prometió volver inmediatamente con el cuerpo de su padre. Al regresar ella ya no estaba. Había huido a través de los callejones lluviosos de Metrópolis.
Clark cogió el coche y, como un padre cualquiera, comenzó a buscar a Lena a través de las calles mojadas y oscuras. Hacia la madrugada la encontró en un portal. Había tenido tiempo de reflexionar a solas y parecía más calmada. Clark se bajó del coche y se sentó junto a ella y la abrazó fuertemente en silencio mientras la llovizna de fondo golpeaba la acera.
A los dos días se encontraron en el funeral de Lex. Lena se había convertido de la noche a la mañana, con quince años, en la dueña y directora general de la LexCorp.
- Bueno, supongo que ahora con tantas responsabilidades tendrás que asumir nuevos proyectos...
Ella se sonrió tristemente
- Sí. Me marcho de Metrópolis. Iré a estudiar al Japón. Tengo que prepararme para el futuro... O más bien para el presente. Empezaré a hacer prácticas en la rama asiática de LexCorp.
- Me parece bien. Lex también empezó por una planta pequeña. Fue así como nos conocimos, en Smallville.
- No soporto estar en la mansión. No soporto la ciudad. Necesito un cambio.
- Lo entiendo
- Pero te daré mi dirección en Japón y puedes venir a verme si te dejas caer por allí
Clark le sonrió y se dio la vuelta para marcharse
- Por cierto, Clark
- ¿Sí?
- Mi padre había hecho testamento. Me dejó una carta en la que explicaba todo lo que pasó entre vosotros. Me contó la verdad sobre lo que te hizo y cómo consiguió que yo pudiera...
Él se acercó de nuevo a ella y le acarició el rostro, limpiándole cariñosamente las lágrimas
- Todo aquello que Lex pudiera hacer ha quedado compensado por la maravillosa criatura que has llegado a ser, Lena. Sé que te convertirás en una magnífica mujer, en los negocios y sobre todo en la vida. Estoy muy orgulloso de ti. Y sé que Lex también lo estaba. Tú nos has dado felicidad y has curado cosas que parecían incurables. Que el sacrificio que tu padre hiciera por ti te sirva de inspiración para tu vida.
Al alejarse del cementerio, Clark despidió en silencio a Lex. Otra parte importante de su vida que se quedaba, como siempre al final, en un camposanto florido, entre pilares de mármol y crisantemos y oraciones