Se descubrió a sí misma inclinada sobre la mesa, mirando de nuevo el folleto sobre la dichosa cumbre medioambiental. Sólo faltaban dos días. Era absurdo continuar soñando con ello. Tahití estaba simplemente demasiado lejos, demasiado caro.
Se indignó ante aquel oportunismo por parte de los ministros de medioambiente de tantos países. Polinesia era representativa del tipo de mundo que aspiraban a conseguir, habían dicho. Lo cierto es que allí estarían a salvo de manifestantes y boicoteadores... Y si de paso podían llevar a la familia de vacaciones y hacerse unos largos en el mar pues mejor que mejor.
Apuró el vaso plastificado de café y sintió cómo una ráfaga le revolvía la melena, recién cortada. De pronto aquel olor tan característico. Clark debía llevar usando el mismo champú y el mismo gel familiar desde los 10 años. Le recordó al baile de primero. Cualquier otro chico en ese baile se había hecho con algún perfume caro de su padre o hermano pero Clark no se complicaba la vida. Aquella noche de fiesta olía igual de fresco y sencillo que siempre. Igual que ahora.
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- Buenos días – dijo él a sus espaldas.
Ella se apresuró a guardar el folleto dentro de una carpeta que tenía sobre la mesa del ordenador. Ordenó los papeles y se preparó para salir. Estaba lista desde hacía quince minutos.
- Hola Clark – se volvió y le dio un beso en la mejilla, un tipo de saludo que no utilizaban desde hacía tiempo pero que en estos días parecía necesario.
Él tenía el pelo negro aún húmedo de la ducha. La supervelocidad no se lo había logrado secar del todo. Chloe no comprendía cómo conseguía llegar peinado a los sitios en lugar de llevar los mechones como si hubiera sobrevivido a un tornado. Se le humedeció la mejilla cuando le besó.
- ¿Qué estás escondiendo? – le dijo él sonriendo y llevando la mano más allá de la cintura de ella para alcanzar la carpeta roja. Chloe se apartó del escritorio y se dirigió a por el abrigo.
- No es nada – dijo fastidiada. La bufanda anudada alrededor del cuello como rematando un empaquetado.
Clark estuvo ojeando el dossier, las fotos a toda página de las selvas, las chozas del hotel Meridien plantadas como picudos gorritos vietnamitas a la orilla de la playa. Tomó los vales de hotel grapados y la hoja impresa de internet con el precio del billete de avión y las anotaciones al margen con la letra de Chloe: “demasiado caro”. Movió la cabeza con cansancio.
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- Chloe, sabes que no me costaría nada llevarte...
- Tienes mejores cosas que hacer – dijo, secamente, sin interrumpir su tarea.
- Seguramente. Pero no siempre estoy haciendo lo mejor que podría hacer. Si no, me volvería loco.
- Ni siquiera sé si tengo sitio en ese hotel. Ya se me pasó la fecha para confirmar los vales.
Clark descolgó el teléfono y se dispuso a marcar el número. Chloe puso el dedo sobre el teléfono y lo mantuvo colgado.
- No.
Clark la miró un momento y se rindió, devolviendo el auricular a su lugar. No entendía por qué Chloe tenía aquella actitud. Llevaba meses con aquel reportaje sobre el cambio climático y, ahora que tenía la oportunidad de ir... Sólo tenía que pedírselo, una sola palabra y estaría allí en un instante. Hacía unos meses se lo hubiera insinuado sin dudarlo. Como aquella ocasión en que le pidió que le ayudara a repartir regalos de navidad. Chloe tenía esa peculiar forma de pedir las cosas: hacía que grandes favores parecieran muy pequeños.
A Clark no le suponía ningún problema, le debía mucho, le había sacado de incontables apuros, pero de un tiempo a esta parte parecía que se estaban distanciando. Desde que había vuelto de su viaje de tres meses por Asia. Al fin y al cabo había sido idea de ella: “nada recupera el ánimo después de una ruptura como un buen viaje. Te ayudará a empezar de nuevo”, le había dicho. Y tenía razón, había funcionado, había vuelto como nuevo. Pero ¿por qué había insistido tanto en alejarle? Su relación se había resentido. Había vuelto hacía una semana y parecía que Chloe le hubiera perdido la confianza, que arrastrara un extraño complejo de sentirse en deuda por pedirle algún favor. Clark siempre había pensado que amigos como ellos podían estar lustros sin verse y la relación permanecería igual. Ahora ya no estaba tan seguro.
Había pasado más de un año desde que Lana se casara con Lex. Al principio lo había pasado mal, pero con la ayuda de su madre y sobre todo de Chloe, lo había ido superando. Cuando por fin se encontró repuesto y con ganas de vivir, le pareció que ella se estaba apartando. Era como si hubiese estado esperando a que estuviera fuera de peligro para hacerlo. Luego había venido lo de Asia. Y parecía que ahora se daba cuenta de que ya no la necesitaba. Había estado ahí en el momento duro, como buena amiga, y ahora que estaba entero, podía descansar de su responsabilidad. Lo cierto es que la seguía necesitando y mucho.
- Cuando te decidas a ir, me avisas – dijo, fastidiado -. Lo mismo me apunto yo también – la provocación en el tono y la mirada.
- Haz lo que quieras – respondió ella, con fingido desinterés, ocultando su tensión tras la hoja batiente de la puerta de la calle. Clark salió detrás de ella. ¿qué demonios le había picado?
Pasaron el día en el archivo de la ciudad, como habían acordado. Clark la miraba de vez en cuando, mientras hurgaba en las estanterías y no lo advertía. Estaba enfadada por algo o simplemente tenía un mal día. O ambas cosas. No tenía por qué tomarla con él, en cualquier caso. Ella se esforzaba por llegar a la última balda, a la cual no alcanzaba por muy de puntillas que se pusiera. Clark esperaba que de un momento a otro le mirase y le pidiese ayuda pero después de cinco minutos se levantó exasperado.
- Chloe, ¿qué te pasa?, ¿por qué no me dices qué te preocupa?
Ella seguía nerviosa, apilando folios y carpetas unos encima de otros, sin mucho orden, hasta que le fallaron los dedos y cayeron en un barullo de documentos.
- Clark, déjalo. Son cosas mías.
- ¿Cómo que cosas tuyas? Tus cosas también son mis cosas, Chloe – la tomó del brazo suavemente -. Ven, deja que te invite a algo.
En el café, Clark volvió a preguntar.
- No me pasa nada – respondió ella -. Estoy algo tensa. Por lo de la renovación del contrato, eso es todo.
Clark la conocía demasiado bien para tragarse eso. Sabía que había algo más, pero no quería presionarla. Por propia experiencia era consciente de que la hora de confesar tenía su momento y no debía forzarse. Decidió seguirle la corriente.
- Estoy seguro de que no tienes de qué preocuparte. En el Planet no sabrían sobrevivir sin ti. Y más después de ese maravilloso reportaje sobre el cambio climático que estás a punto de hacerles.
- Ya te he dicho que no voy a ir.
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Clark se quedó serio un instante, sin saber por dónde más avanzar y de repente, perdiendo la paciencia, alargó la mano hasta dejarla sobre su cabeza en un gesto a la vez cariñoso y reprobador.
- ¡No entiendo cómo dentro de una cabecita tan pequeña puede caber una cabezota tan grande!
Chloe le miró, descolocada y desprotegida. No esperaba el gesto. Sus ojos permanecían fijos en los de él, que tampoco podía separarlos. No entendía que pasaba. Los dos eran víctimas de una conexión extraña. La mano de él se deslizó por el lateral de la pálida melena antes de retirarla.
Nunca pensó que un gesto tan inocente, en broma, pudiera acabar haciéndose tenso, especialmente con Chloe. Pero no había duda, habían sentido aquella conexión, estaba ahí, era real. Se separó confuso, con muchas preguntas que aún estaban en germen pero ya empezaban a formarse en su cabeza. Tenía esa expresión deliciosa en sus ojos extraterrestres, la inocencia incapturable, viva y luminosa, que le acompañaría el resto de su vida. A pesar del tiempo y las experiencias transcurridas, Clark se revelaba en ocasiones dolorosamente vulnerable, contradictorio en su poderosa imagen, un rasgo que le hacía único y especial.
Chloe quiso huir de aquella situación incómoda. Sujetó su bolso con ambas manos, como agarrándose a un salvavidas, y se levantó con intención de marcharse pero Clark reaccionó y la retuvo:
- Chloe, necesitas este reportaje. Te llevaré y te recogeré el día y la hora que tú me digas, no estaré ni un minuto más. No te estorbaré. Te lo prometo.
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