Clark pasó el día siguiente como Supermán, hablando a los líderes sobre lo sucedido con la criatura de humo negro. Por fortuna aún quedaba algún acto de clausura pendiente y el aprovechó que les tenía a todos reunidos para intentar transmitirles todo lo que había sentido y recibido de aquel extraño ser: la agresividad con que la naturaleza se había rebelado, los destrozos que había ocasionado en su entorno y lo grave que podría haber sido, la necesidad de cambiar profundamente la actitud hacia el medio ambiente.
Chloe le veía desde la televisión del Chez Armelle, donde se había quedado descansando. Era una lástima. Era su último día en el paraíso y se veía obligada a compartirle con los políticos y la prensa de medio mundo. Si no hubiera tenido tantas dudas y perdido tanto el tiempo, si no hubiera sido tan tonta… Sabía lo que ella había visto a través de aquella extraña experiencia pero no sabía hasta dónde había visto Clark. ¿Cómo sería de fuerte lo que sentía? Durante aquellos días le había puesto a prueba muchas veces y siempre había parecido decidido a dar un paso adelante por ella. Ahora se le veía en la televisión tan preocupado de todas aquellas cosas importantes, tan lejano de ella y su pequeño mundo, y sus absurdas dudas y sus pasos en falso. No sabía si todavía estaría a tiempo de deshacer tanta indecisión.
Clark se despidió como Supermán en la pantalla del televisor cuando la tarde caía suavemente, lenta, anaranjada, y dos segundos después Chloe le sintió en el balcón, vestido de nuevo como Clark, de camisa y pantalón. No había perdido un instante en volver a su lado.
- Dime que no has cenado ya
Ella le sonrió y negó con la cabeza
- Deja que te lleve a algún sitio especial
La tomó en sus brazos y la llevó volando a un lugar profundo de la isla, en la altura, cerca de una especie de lugar sagrado de piedra, polinesio, de arte naïve y poco recargado, muy bonito. Le dijo que lo había visto cuando tenía a la criatura dentro, que había visto muchas cosas, muchas imágenes de la isla.

Le pidió que esperara un instante y la dejó sola. Desde la altura de la montaña podía ver toda la isla al anochecer, las minúsculas luces de los hoteles junto a la costa, las chozas aisladas como farolillos perdidos en mitad de la selva, el rastro de algún yate lujoso que avanzaba lentamente sobre el agua oscura. Le gustó la paz que se respiraba en aquel lugar maravilloso.
Al poco, Clark había dispuesto mesa, bancos, vino, copas, velas y comida típica polinesia. Para cualquiera hubiera parecido un milagro pero Chloe ya le había visto hacer de todo, no le sorprendía. Para algo era Supermán. Ella se sentó y miró la ensalada de mango con frutos secos. Le encantaba el mango. Clark lo sabía perfectamente.
Durante la cena hablaron mucho, con la misma complicidad de siempre, con la misma conexión que sentían antes de que Clark se fuera a Asia, antes de que la situación se desajustara y todo se volviera extraño entre los dos. Ahora se sentían como si nada de aquello hubiera pasado. Reían, recordaban cosas, se sentían a gusto el uno con el otro y así terminaron de cenar y siguieron charlando. En un momento dado, en el que se hizo el silencio, ella no pudo evitar preguntar:
- Clark…
- Dime
- ¿Qué viste cuando la criatura estaba en tu interior?
- Chloe… - sonrió él quitándole importancia – Llevo todo el día hablando de eso en la televisión…
- Quiero decir – le interrumpió ella con dificultad, algo avergonzada -, me refiero… A si viste alguna cosa que no hayas podido contar allí. Me refiero a si viste algo… Sobre mí.
El la miró como si se volcara profundamente en sus ojos. La miró largos instantes, recordando la fascinación que le había producido tenerla tan cerca. Claro que había visto cosas pero intentar hablar de ellas sería un imposible. La había visto como sospechaba que era pero sin el velo que interpone la realidad entre dos personas, sin las dificultades que aparecen en una comunicación imperfecta y mutilada. La había sentido como si estuviera dentro de él, cómo iba a poder olvidar o si quiera sobreponerse a aquella sensación. Se acercó hasta ella, que también se levantó, y besó sus labios. La abrazó sin apartar los ojos de ella.
- Sí que te vi. Igual que tú a mí…
- Como si estuvieras…
- en mi interior. Sí. Como si fueras parte de lo que soy.
- ¿Y lo que viste…?
- Te quiero Chloe – le dijo él interrumpiéndola, casi suplicando que no se resistiera más, que no desconfiara más - Ya lo sabía antes. No puede ser más evidente para mí, por favor… - la abrazó algo más fuerte - ¿Qué viste tú?
- Yo también te quiero. Ya no tengo miedo. Te quiero, es lo único que hay y lo demás forma parte de eso.
- Debes saber que, aunque a veces me vaya, yo siempre volveré a ti.
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