“When you try your best but you don’t succeed,
When you get what you want but not what you need,
When you feel so tired but you can’t sleep,
Stuck in reverse,
And the tears come streaming down your face,
When you lose something you can’t replace
Or you love someone but it goes to waste,
Could it be worse?
Lights will guide you home,
And ignite your bones,
I will try to fix you”
Estaba en medio de una extensión de polvo oscuro que lo cubría todo. El cielo estaba oculto por una gran nube. La ceniza se depositaba lentamente sobre más ceniza. Completamente sepultadas bajo la tierra quedaban las ciudades y monumentos que habían sido el orgullo y el exponente de la prepotencia del ser humano. Ahora todo parecía un silencioso mar estancado de pólvora y el cielo se mantenía en un monótono amarillo enfermo. No quedaba nadie. No quedaba esperanza. Le dolía en los oídos la voz de sus antepasados advirtiéndole de la suerte que correría la Tierra, la misma suerte que su planeta natal. Una catástrofe que, nuevamente, había sido inevitable.
Se despertó con la tristeza habitual que le causaban este tipo de pesadillas, que se habían vuelto cíclicas. A su lado, muy cerca en la almohada, el flequillo de Chloe le rozaba la mano. Se había quedado dormida con los vaqueros y el jersey, como tantas veces a lo largo de las últimas dos semanas, sin querer apartarse de su lado. No había conseguido que se marchara. Se ausentaba por cortos espacios de tiempo pero siempre volvía.
Se llevó la mano a la sien. Le temblaba el pulso. Las malditas pesadillas, ese terror a quedarse solo que siempre le perseguía. Lana le había dejado completamente expuesto a sus miedos más profundos, vulnerable por todos los flancos, extraviado en un abismo. Sus días de altruismo habían acabado. Al fin había visto la verdad: que todo lo que hacía era inútil y que la muerte es una marea inevitable, que acaba llevándoselo todo.
Abrió los ojos y se encontró con los de Chloe, entrecerrados y soñolientos, pero fijos en él.
- Has vuelto a tener un sueño de destrucción, ¿verdad?
Clark no le respondió. Estaba profundamente serio y cansado. La vida le había desaparecido de los ojos. Lana parecía haberle asesinado con su traición.
- Clark, esto es sólo una mala racha, ya lo verás. Las depresiones pasan. Por muy oscuro que te parezca todo ahora mismo…
- Chloe, yo… Sólo querría morirme
- ¡Ay, Clark! – Chloe sintió un pinchazo de dolor en el corazón por ver a su amigo en ese estado. En un arranque protector le abrazó con fuerza – No, no te mueras, por favor… - Él que siempre había sido tan positivo y luchador. Debía estar sufriendo horriblemente.
El pelo de Chloe olía a vainilla. Siempre le había parecido un olor muy dulce, le recordaba a natillas, a casa, y el abrazo le reconfortó. Aspiró profundamente y se quedó dormido. Chloe en cambio estaba demasiado preocupada. Lana debía andar con Lex en algún punto del mediterráneo, disfrutando de su jet privado y sus coches y sus hoteles de lujo, mientras Clark yacía apuñalado en aquella cama.
Cuando él se despertó de nuevo era ya por la mañana, debían ser las 7 o las 8. Debía ser domingo también. Ella estaba tan cerca que podía sentir su leve respiración en el rostro. Estaba distinta con aquella luz, tan pálida y delicada, y seguía oliendo a vainilla. La había besado tantas veces en el pasado y por razones tan absurdas… Muy despacio se acercó un poco más y le besó los labios entrecerrados. Intentó separarse pero Chloe, que aún parecía dormida, le devolvió el beso y le mantuvo cerca de ella. Entonces él actuó sin pensar, empezó a besarla con ternura, tomándole los labios suaves… Y luego la besó con deseo, con creciente desesperación. No sabía lo que hacía. La abrazó por la cintura y la atrajo hacia sí, acariciándola por la espalda, por debajo del jersey…
- Espera… Espera Clark
Él se separó de repente, como si acabara de despertar. La miró un momento, entre sorprendido y avergonzado.
- Yo… Lo… siento. Perdóname Chloe. No sé qué me pasó
- Yo sí. Te dejaste llevar. No pasa nada. Quizás no deberíamos seguir durmiendo juntos…
Ella hizo ademán de darse la vuelta para bajar de la cama pero él la agarró de la muñeca
- Chloe. Por favor, no pasará nada, te lo prometo. No me dejes solo. Por favor…
Ella lo miró. Clark seguía sin ser el mismo. Por primera vez en su vida parecía tener miedo de verdad. Durante las últimas dos semanas se habían repetido las pesadillas, comía muy poco, temblaba sin razón, no quería salir a la calle. Si había habido una etapa en que Clark la necesitara, era esta. No podía dejarle, pero tampoco quería que su propio corazón acabara hecho trizas en el proceso. Ella no podía permitirse el lujo de dejarse llevar. Simplemente no podía acostarse con él sólo por inercia. Cuando todo esto hubiera terminado él seguiría con su vida y sería ella la que se hundiría. Estaba demasiado enamorada de él.

- Lo olvidaremos pero a cambio necesito que hagas algo por mí.
- Dime
- Hoy desayunaremos fuera
- Está bien
Dónde podía llevar a Clark… Desde luego la cafetería no podía estar a menos de 100 metros del Talon. Necesitaba alejarle de los lugares que le trajeran recuerdos. Si lograra animarle para hacer algún tipo de excursión…
- Café cortado, chocolate, zumo de naranja, muffins, bacon y tostadas. Ah, y dos vasos de agua por favor
Habían acabado en la cafetería de un área de servicio, en la carretera de camino a Grandville. Un lugar aséptico, tierra de nadie. Clark cogía el taco de servilletas entre las manos y las miraba silencioso, repasando los bordes.
- ¿Las vas a necesitar todas? – sonrió Chloe. Con cuidado se las quitó y las dejó a un lado. Le cogió las manos
- Chloe, no voy a desayunar tanto…
- Es para mí. Necesito algo energético – Chloe sólo tomaba café por las mañanas pero pensaba que a lo mejor, si se ponía a comer, Clark se animaría. Normalmente no podía simplemente mirar comer a otras personas sin picar él también. El apetito era tan contagioso como cualquier otra cosa – Clark, esto no puede seguir así, pasas demasiado tiempo en casa. Creo que deberíamos irnos de Smallville, aunque fuera por cuatro o cinco días…
Clark se revolvió en la silla con gesto de estar agobiado
- Mira, estoy segura de que te vas a sentir más relajado, las ideas se te van a poner en orden… He reservado un sitio en plan casa rural. Con sus montañas, sus bosques, un lago, caballos… Te va a gustar.
Él intentó ponerse en la situación. Imaginó el lago con las montañas de fondo, el silencio, el olor a tierra mojada, el resplandor cálido del fuego en la chimenea. Se sonrió levemente, por primera vez en días, contrastándole la sonrisa con los ojos tristes.
- Bueno, aprovecharemos para pescar y esas cosas
Chloe estaba triunfante. Había dado resultado. No podía dejar que esta chispa de ilusión se apagara. Había costado mucho progresar hasta aquí.
- Bueno, le he dicho a tu madre que te prepare la maleta, así que será pasar por tu casa y marcharnos
- ¿Ya?
- Sí, tenemos que conducir unas tres horas
Por la carretera Clark iba de nuevo ensimismado, mirando por la ventana mientras Chloe conducía. Ella se había sentido tentada de pedirle que la cogiera en brazos y empleara tres minutos en llevarla, en lugar de las tres horas que tenían que hacer en coche. Por no mencionar el gasto de gasolina. Pero no le había visto usar los poderes en las últimas dos semanas y tenía miedo de pedírselo. No quería obligarle a hacer nada que no quisiera. Además, sabía que en el fondo Clark culpaba a los poderes de muchos de sus problemas con Lana. Se pasó todo el camino muy serio, sin decir ni una palabra, y Chloe decidió no perturbar su silencio.
Cuando llegaron, Chloe se dio cuenta de hasta qué punto la página web del lugar era desafortunada. Las fotos que habían puesto no captaban ni la décima parte de lo precioso que era el paisaje. Las cabañas de madera estaban dispersas por la montaña, alejadas unas de otras, modernas pero con sabor rústico. Después de conseguir las llaves y localizar la cabaña, entraron para dejar las cosas. Había dos habitaciones aunque Chloe pensó que seguramente una de ellas no haría falta. La chimenea estaba apagada y sin embargo no hacía frío: eran las ventajas de unas instalaciones modernas. Habían tenido la atención de preparar la cabaña antes de que llegaran. Eran las tres de la tarde y Chloe sacó los bocadillos que había traído para la ocasión. Empezó a prepararlo todo en una mesa junto a la ventana, que daba al bosque. Mientras tanto, Clark había cogido leña de una cesta que habían dejado junto a la puerta y utilizaba cerillas para encender el fuego. Chloe le observaba de reojo con preocupación. Parecía que había renegado seriamente de todos sus poderes.
Después de comer ella le propuso ir a explorar un poco el entorno, pero Clark insistió en que quería dormir la siesta. Habían madrugado mucho, decía. Se acostó en el largo sofá frente al fuego, donde Chloe se había sentado a leer un libro, pero dejó las piernas colgando para ocupar sólo la mitad y no invadir el espacio de ella. Cerró los ojos e intentó relajarse. Chloe levantó la vista del libro y se quedó mirándole con ternura.
- Clark, ¿no estarías mejor tumbado en la cama?
- No, Chloe, prefiero estar aquí contigo
- Anda ven, apóyate en mí que si no luego te va a doler todo el cuerpo
Clark se acercó a Chloe y apoyó la cabeza sobre su regazo y luego volvió a cerrar los ojos. Chloe sentía una extraña mezcla atenazándole el estómago. Sus sentimientos por Clark jamás habían desaparecido y había hecho un esfuerzo sobrehumano por dejarlos a un lado durante la etapa en que él y Lana habían estado juntos. Ahora, de repente, todo parecía querer avivarlos, pero sabía que todas estas sensaciones y situaciones que estaba viviendo eran temporales, derivadas de una circunstancia. Clark la quería mucho, pero más como a una hermana y sin embargo… La había besado, la había abrazado con pasión, seguramente hubiera llegado a más si ella no le hubiese parado. Era mejor no engañarse. Lo de aquella mañana había sido un error. Clark echaba de menos estar con una mujer y ella se había cruzado de casualidad en este arranque de nostalgia sexual. De todas formas no conseguía estar resentida con él. Le miraba y sólo le inspiraba una sensación de protección mutua y cariño, una dolorosa mezcla de inocencia y deseo. Clark Kent: único en multitud de sentidos.
La noche cayó rápidamente debido a que se encontraban en pleno invierno y la luz se extinguía a partir de las siete. Chloe había ido a buscar pizza y una película de DVD mientras Clark daba una vuelta por los alrededores. Cuando ella volvió encontró la cabaña vacía. Salió por la puerta de atrás y allí se enfrentó con el paisaje de la noche, la linde del bosque apenas a diez metros, iluminado levemente por las luces exteriores de la casa. Había hielo en el suelo y su respiración, en medio del silencio, dejaba un rastro intenso de vaho que se perdía en el aire nocturno.
Encontró a Clark a pocos metros, de pie, inmóvil. Le sostenía la mirada a un lobo. Se agachó y le ofreció un pedazo de pollo que había sobrado de los bocadillos pero el lobo se acercaba muy lentamente y luego volvía a alejarse. Con paciencia, finalmente el animal reunió el valor para llegar hasta la mano: un salto fugaz y una rápida huida con la preciada pieza en la boca. Clark se incorporó despacio y miró a Chloe, que le esperaba en el porche.
Chloe había cogido una película de Tim Burton, un cuento hecho con muñecos, algo que pudiera distraer un rato a Clark. Aunque ella no lo advertía, él a veces se perdía en sus propios pensamientos. Bajo la manta del sofá, sentía la necesidad de abrazarla y de cogerle la mano. Sabía que no debía hacerlo bajo ningún concepto, no quería ahuyentarla, le había prometido que no pasaría nada. En aquél estado de confusión no podía distinguir agradecimiento de egoísmo o de nostalgia o de otros sentimientos. Quizás con Lana se había acostumbrado a los pequeños placeres de la vida en pareja y ahora no quería renunciar a ellos, quizás se sentía en deuda con Chloe por todo el cariño que le daba en aquellos momentos, o quizás es que aquella mezcla de cosas que sentía por ella se estaba haciendo más fuerte. Chloe le había parecido atractiva en muchos momentos de su vida, el problema es que siempre había estado Lana y lo que sentía por Lana era como una catástrofe natural que le ponía las entrañas del revés. Ahora Lana había desaparecido y se había llevado su tornado de emociones. Pero no se podía arriesgar. No quería que Chloe se sintiese utilizada. Qué complicado era tener a una mujer por mejor amiga.
La película acabó y Clark se fue hacia una de las habitaciones con la mochila. Chloe le siguió. En el marco de la puerta, él se dio la vuelta y la encaró.
- Chloe, ya no hace falta que te quedes. Esta noche me las apañaré.
- Oh, bien. Si necesitas algo o te despiertas y quieres hablar…O lo que sea, llámame.
Él le sonrió y le dio un beso en la mejilla
- Gracias Chloe. Buenas noches.
Cerró la puerta y dejó a Chloe clavada en frente. Odiaba cuando hacía eso. Cuando la miraba con aquella ternura y la besaba en la mejilla despacio, con cariño. Le daban ganas de llorar. Se fue hasta su habitación y cerró la puerta. Si lloraba, él podía oírla. Se acostó en la cama con la ropa puesta. Sólo podía pensar en él, en cómo quería entrar en su habitación y abrazarlo como en estas dos semanas, acariciarle el pelo, sentirlo cerca. Cómo le gustaría decirle lo mucho que lo quería y lo insoportable que era separarse ahora de su cuerpo por las noches. Sentía una gran sensación de vacío. Esa misma mañana la estaba abrazando con sus brazos, la atraía hacia su pecho, la besaba con sus labios y en cambio ahora, era como si la hubiese expulsado de su lado. En tan solo dos semanas se había enganchado a aquella dinámica y le resultaba amargo volver a la realidad. Abrazó la almohada con fuerza. Lamentó no haberse acostado con él. Mantenerse detrás de la línea de mejor amiga le suponía un tremendo esfuerzo. Ojalá tuviera el valor para ir a su cuarto y meterse desnuda en su cama y decirle que sí, que quería que le hiciera el amor y que no le importaba lo que pasase mañana.
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