4. What if

“Every step that you take,
Could be your biggest mistake,
It could bend or it could break,
That’s the risk that you take,
What if you should decide,
That you don’t want me there by your side,
That you don’t want me there in your life”

 

Dejó que la nieve le cayera sobre el cuerpo y le empapara con su frío contacto. Había salido al porche trasero de la casa, vestido con un pantalón de algodón blanco, pero iba descalzo y con el torso desnudo. Enterraba los pies en la nieve y aspiraba aire profundamente, tratando de relajarse. Lo que para cualquier otro hombre hubiera sido un frío doloroso, para él no lo era. Su cuerpo estaba fortalecido contra las temperaturas y apenas lo notaba. Poco a poco la nieve le iba calando todo el cuerpo, se le depositaba en el pelo, le iba dejando la piel helada. Todo lo que hacía le recordaba constantemente que no era un hombre común y corriente. No podía escapar de sí mismo. Su historia con Chloe con tenía ningún futuro. Ni con ella ni con ninguna otra mujer.

Desde el porche se podía ver el río congelado. Se acercó hasta la orilla y resquebrajó la superficie con el puño, adentrándose en las aguas heladas. Para un mortal hubiera sido un baño de fuego frío, que le hubiera quemado la piel. Se apoyó con los codos sobre el borde del hielo y levantó la vista hacia el cielo. Caían ya pocos copos y, en medio del bosque como estaba, la perspectiva del mapa estelar era magnífica.

Se imaginó por un momento que estaba en Krypton. Sabía muy poco de su planeta natal pero debía parecerse a aquél paisaje invernal, recortado por el hielo y la nieve. Debía parecerse a La Fortaleza, su hogar, donde sólo Chloe había estado. Cómo hubiera sido su vida allí, en su sociedad original, ¿habría tenido una vida común y corriente, con un trabajo, pareja y todo lo demás?, ¿podría haber sido más feliz?... ¿O quizás todas las sociedades y todas las vidas estaban colmadas de sus propias insatisfacciones y desdichas?

 

 

Se dejó resbalar para zambullirse bajo el agua y luego salió del río, de vuelta al porche. Chloe le estaba esperando envuelta en una manta, en el marco de la puerta. Se acercó hasta ella, empapado como estaba.

- Clark, ¿qué pasa? Son las tres de la mañana…

- Nada, necesitaba dar una vuelta y distraerme un rato

Ella le puso la mano en el rostro y la retiró con dolor

- Estás congelado… Vamos junto al fuego.

Chloe le preparó un té caliente mientras él se cambiaba los pantalones mojados por otro par. Sentados en el sofá, mantuvieron la distancia

- Clark, ¿qué te preocupa? Sé que normalmente tienes muy buen dormir…

- No es nada, Chloe… - tomó un largo sorbo de té – Y es todo… Es lo de siempre…

Chloe esperó en silencio y luego le preguntó con gravedad

- ¿Sigues planteándote si debes intervenir o no en el curso de la historia humana?

- A veces simplemente no sé dónde encajo. Desde que empezó toda esta crisis me planteo el sentido de mi vida a diario

- Bueno, Clark. Yo sólo te diría que, por cómo yo te he visto actuar desde que te conozco, la respuesta no la vas a encontrar en tu cabeza, pensando en abstracto sobre tu vida en general. La respuesta te la das a ti mismo día a día, cada vez que ves sufrir a alguien y no permites que el dolor le llegue a tocar. La compasión que sientes por los demás forma parte de tu naturaleza. No la puedes negar. Cada vez que tomas la decisión de ayudar estás eligiendo el camino difícil. El problema es que no puedes evitarlo. Es lo que pasa cuando se tiene un gran corazón

Él se sonrió un momento, con cansancio

- Siempre he creído que podría parar cuando quisiera… No sé si entiendes lo que quiero decir. Se trataba de cosas siempre puntuales, de una actitud, de comportarse de una manera concreta ante la vida… Más que una etiqueta y una losa y una obligación. Me pesa mucho mi destino, Chloe, antes no me planteaba tanto las cosas. Simplemente las hacía… Porque no me salían de dentro otras opciones. Era como un impulso. Pero ahora veo que esto será de por vida, que no puedo escapar. Siempre lo he sospechado pero ahora lo veo claramente: hay cosas en mi vida que nunca podrán ser.

Clark y Chloe se quedaron dormidos en el sofá y ambos tuvieron sueños largos y complejos. Ella soñó que era reportera en situaciones de crisis. Había ocurrido una catástrofe natural, algún tipo de huracán o de terremoto. Se encontraba en un país asiático y la gente recorría desesperada las calles, en busca de agua potable, medicamentos, mantas… Chloe se alojaba con los periodistas, en un hotel a las afueras. Tenía todo lo necesario, sabía que con una llamada de móvil llegaría un helicóptero de prensa desde el helipuerto de la azotea y que la sacaría de allí. Sentía la necesidad de ayudar, pero todo se estaba derrumbando a su alrededor. Hacían falta manos por todos sitios: sujetando paredes, poniendo barreras para las riadas, distribuyendo ayuda humanitaria. El móvil no dejaba de aullar: su editor jefe la estaba friendo a llamadas. Llevaba un día de retraso con el reportaje, necesitaba enviarlo con urgencia. Había grandes dificultades para moverse por el territorio, le había dicho a su superior, pero no bastaba. Estaba allí para hacer un trabajo, su trabajo. No para ayudar a que las casas no se cayeran, no para evitar que los niños murieran de diarrea o de fiebres, no para mitigar los efectos de la devastación. Su carrete aún estaba vacío y ella se encontraba bloqueada, sin poder moverse en medio de aquél caos.

El sueño de Clark era muy diferente. Había adquirido unos poderes que le impedían tener contacto físico con cualquier persona. Había visto este tipo de efectos en algunos mutantes que se habían cruzado en su camino: eran como vampiros. Absorbían la energía, la vida y el calor humano. Sus habilidades eran como una maldición que les separaba completamente de la sociedad y les abocaba a estar solos. Soñaba que abrazaba a Lana y ella se quedaba sin vida en cuestión de segundos. Luego se encontraba con Alicia, la besaba y al separarse ella estaba helada. Era como si su naturaleza kryptoniana se hubiera revelado del todo, convirtiéndole en un hombre de hielo que acababa con la vida a su paso. De repente sentía cómo le abrazaban por detrás: era Chloe. Ella le abrazaba fuertemente, el tiempo pasaba y seguía viva, no parecía afectarle…

Clark se despertó y encontró a Chloe abrazada a su espalda. Era otra vez por la mañana. Ojalá el sueño pudiera hacerse realidad. Ojalá Chloe fuera la mujer de su vida y rompiera la maldición que le perseguía, aquella soledad tan radical. Ojalá pudiera estar con ella sin tenerle miedo a las consecuencias, a que se quebrase entre sus brazos, a estar haciendo peligrosos experimentos con la naturaleza. Eran los poderes o la vida. Con Lana había escogido la vida y se había equivocado. No podía permitirse repetir ese error.

A lo largo del día Clark estuvo frío y distante con Chloe. Rehuía su contacto. Se propuso ser fiel a la decisión que había tomado. Al fin y al cabo sólo quedaban un par de días para volver a casa, una sola noche. Después podría refugiarse de nuevo en su territorio, sentirse seguro en sus dominios. Sólo dos días más de evitarla, todo sería más fácil cuando estuviera en la granja y no tuviera que compartir cada segundo con ella. Chloe notaba que él se sentía incómodo y respetó la distancia que le imponía. Era obvio que se había precipitado con su actitud de la noche anterior. Le partía el corazón, pero sabía que él necesitaba su espacio, que era pronto para todo aquello, que tenía demasiadas cosas en la cabeza. Estuvieron de visita por el pueblo, paseando tranquilamente, sentados en una cafetería durante una comida en la que apenas hablaron. Clark estaba tenso pero tenía una actitud resolutiva e inamovible. Chloe no sabía qué hacer. Finalmente toda aquella absurda idea de la excursión le estaba pasando factura a sus emociones y a sus sentimientos.

Volvieron al refugio al caer la noche. El momento de la cena fue un calco de lo que había pasado a mediodía. Cuando terminaron, Clark se levantó de la mesa y le dijo a Chloe que se iría a dormir temprano. Ella se levantó y comenzó a ordenar los utensilios de cocina con frustración. Finalmente, la tensión pudo con ella y le paró cuando ya se iba.

- ¡Clark!

- Dime

- Yo esto… No lo entiendo. Me gustaría que me explicaras lo que está pasando

- ¿El qué?

- Llevas todo el día evitándome, tratándome con una indiferencia que jamás te había visto. Entiendo que lo de anoche quizás fuera precipitado pero esto…

La estaba haciendo sufrir. Veía el dolor en su rostro. Se sentía entre la espada y la pared.

- Chloe, esto… Todo esto… No puede ser. Mi único camino es estar solo

Ella no podía mirarle. Se dio la vuelta para que él no viera sus lágrimas y se apoyó sobre la encimera.

- Quédate solo entonces

Chloe lloraba en silencio. No entendía cómo Clark había pasado tan radicalmente de actuar con espontaneidad y cariño a ser el hombre más frío del mundo. Todo aquello le parecía más bien cobardía. Seguramente temía haber cometido un error con ella y ahora estaba echando para atrás.

Clark por su parte sentía cómo el corazón se le encogía dentro del pecho. Chloe sólo le había dado amor y cuidado y apoyo y él a cambio no le hablaba claramente, ocultaba sus verdaderos pensamientos y preocupaciones, le mostraba una actitud confusa y oscilante. Se acercó a ella desde atrás y la abrazó, con intención de sincerarse.

- Chloe yo… Quisiera poder darte todo lo que deseas. Estar contigo, ser tu pareja. Pero hay cosas que no pueden ser y Chloe, aunque yo no sea humano, no estoy hecho de roca. Lo cierto es que me gustas muchísimo y que no puedo estar congelándome las venas dentro del cuerpo cada vez que tengo ganas de hacerte el amor. Y últimamente esa sensación es omnipresente…

- No tiene por qué ser así. No te castigues de esa manera…

- Tú eres humana y yo no lo soy. Mi carne y mi sangre son distintas a las tuyas. No estamos hechos de lo mismo. Esta es la realidad, Chloe, no puedo simplemente cerrar los ojos y pretender que todo va a salir bien.

Ella sintió que él le estaba revelando cosas que yacían muy profundamente en el fondo de su mente. Preguntas sobre sí mismo que llevaban años persiguiéndole.

- ¿De qué tienes miedo? ¿Qué es eso tan malo que podría pasar?

- Pues… No lo sé. No lo sé, Chloe, pero prefiero no descubrirlo. Anoche soñé que todas las mujeres a las que tocaba acababan muertas. Desde que era adolescente me asaltan ese tipo de pensamientos…

- Pero con Lana… No había ningún problema, ¿no? Cuando salíais juntos…

- Aquello fue diferente. Estaba sin poderes. Tenía una naturaleza distinta. Tenía un pacto…

- Lo recuerdo. Clark, - le cogió el rostro con las manos y le miró muy fijamente a los ojos – escucha, no sé que es lo que tu subconsciente tendrá arraigado acerca de lo que puedes o no puedes hacer pero negarte completamente las posibilidades no me parece la solución. ¿Cómo puedes haberte condenado así sin haberlo probado siquiera? No tiene por qué pasar nada…

- Chloe, no te utilizaré como campo de pruebas. Tengo miedo… - Clark esperó y tomó aire. Esto le estaba resultando muy difícil – Tengo miedo de herirte gravemente y luego está la posibilidad de que algo falle, de que te quedes embarazada o algo… - No podía creer que le estuviera diciendo todo aquello. Le estaba abriendo su alma de par en par.

Ella lo miró con una mezcla de ternura y compasión.

- Clark, no sé cómo serán las cosas allí de donde vienes, pero las mujeres de la Tierra no se quedan embarazadas así como así. Hay muchas maneras de evitar que eso pase – aquí Chloe decidió asumir todos los riesgos – Déjame que te demuestre que todo este tiempo has estado escondiéndote de fantasmas. Quiero estar contigo, Clark.

Ella le miraba con resolución y seguridad. Quizás… Quizás ella tenía razón. A lo mejor su bloqueo psicológico era lo que no le permitía acercarse. Chloe continuó:

- Podemos parar en cualquier momento, si es que no te sientes seguro, si crees que no vas a poder aguantarlo

- Chloe…

Ella no le dejó seguir hablando. Le besó con todo su amor, le abrazó como si quiera anclarlo a su cuerpo. Él sintió como poco a poco le volvían las sensaciones de la noche anterior, las ganas de refugiarse en sus brazos. Su frágil muro de distancia se estaba derrumbando. Chloe continuó:

- Te quiero. Siempre te he querido. Con todo lo que eres, con todas tus maravillas y también con tus dificultades. El único daño que puedes hacerme es el de romperme el corazón si me alejas de ti.

- Oh, Chloe…

Clark sintió finalmente cómo el amor de ella le sobrepasaba, le envolvía y le arrastraba con su calor y su determinación. Sentía una llama inflamada dentro de él y no era sólo deseo, no era sólo necesidad. Chloe se lo entregaba todo, estaba dispuesta a arriesgarse hasta el límite por estar con él. Por primera vez le aceptaban completamente como era, con todas sus consecuencias, sin engaños ni medias verdades. Era la oportunidad de amar y ser amado, lo que siempre había estado buscando

 

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