8. Metrópolis

Kal-el y Lois empezaron a salir juntos en Metrópolis. Él vivía con su compañero en un pequeño piso alquilado y ella vivía con su hermana Lucy. Le consiguió un trabajo de mensajero en el Planet, aunque, a tres meses de su llegada a la Tierra, todavía quedaba dinero de sobra de los diamantes, pero ese era un dato que él prefería mantener oculto. Kon siempre se quejaba de tener que estar aparentando que no tenían ni un duro

- Vamos, Kal, esto no es necesario. Qué diría tu madre si te viera aquí, cocinando, haciendo la compra, llevando paquetes de un sitio a otro, no sé… ¡Esto es absurdo! Aún nos queda dinero de sobra y, si se nos acaba, podemos pedir más diamantes…

- No, tenemos que aparentar que no tenemos nada. No quiero que Lois sospeche…

- El dinero o tu posición social no son el mayor problema del que puede sospechar, ¿has pensado en ello? Acabemos con esto, dile que eres extraterrestre, que además vas a ser uno de los siete líderes de tu planeta y que quieres que se case contigo y se vaya a Krypton a ser una de las siete Damas gobernantes. Así de fácil

- Ya, chupado

- ¡Por lo menos deja que arregle un poco el apartamento!, ¡esto es un desastre!

- Está bien…

Mientras tanto, en Krypton, Lara se preocupaba por su hijo. Asomada al balcón de sus habitaciones contemplaba las dobles lunas mientras su marido rodeaba la cintura de su túnica desde atrás

- Querida esposa, deja ya de pensar en Kal-el. Seguro que estará bien…

 

 

- No podrías haber hecho nada, Lara, lo lleva en la sangre. Él es como es, como tú y como yo. Esta rebeldía ante su matrimonio concertado era algo que me temía desde que empezamos a planearlo. Siempre ha sido rebelde y visceral

- Ya. Es sólo que…

- No hagas caso de lo que digan por lo bajo las otras Damas. Nos tenemos el uno al otro, nos queremos y eso es lo importante. Aunque no esté bien visto. Aunque nos la juguemos teniendo relaciones que se supone que no deberíamos tener. La búsqueda y captura de escándalos forma parte de los sinsabores de la vida cortesana pero a cambio… Podemos hacer un bien a la sociedad. Guiar a nuestro pueblo hacia un modo de vida más sano y menos estéril. Puede que nos lleve muchos años, incluso generaciones completas, pero esto es lo que tenemos que hacer. Sé que Kal-el proseguirá con nuestro trabajo en pro de las libertades civiles en el planeta…

- Estoy pensando en mandar a Kara…

- ¿Me estabas escuchando? – sonrió Jor-el – Cuando se trata del bienestar de tu hijo no reparas en nada más…

- Es mi único hijo, sí, ¿y si está en problemas?, ¿y si no se adapta bien?, si no sabe manejar sus poderes con precaución…

- Kal-el es invulnerable allí en la Tierra, no puede pasarle nada. Y no mandes a Kara, por amor del gran Rao, no es ningún niño, dale algo de margen. Dijo que volvería al cabo de un ciclo solar terrestre y eso es lo que vamos a darle

En Metrópolis, el viernes llegó rápidamente. Kal-el había decidido invitar a Lois a cenar a su apartamento.

- ¿Sabes? En Escocia sois un poco raros, no me imaginaba que fuerais tan diferentes a nosotros, por todo lo de la inmigración irlandesa que ha habido aquí y eso pero siempre estás con lo de: “allí, en Escocia, no tenemos de esto, o allí de donde vengo no hacemos las cosas así”

- Allí no tenemos a mujeres tan increíbles como tú

- ¿Qué pasa? ¿Las chicas de allí no son bonitas?

- Son muy bonitas, pero no como tú, Lois Lane

Cuando Kal entreabrió la puerta del apartamento se quedó blanco como el papel y tuvo que cerrar de golpe.

- Lois, ¿me disculpas un segundo? Sólo será un momento…

Entró y cerró la puerta a su espalda. El apartamento se había convertido en un modernísimo habitáculo kryptoniano, con toda la tecnología y el diseño que un joven con dinero se podría permitir allí, una réplica de su piso. Kélex daba saltitos de felicidad (o lo que un robot podría entender como felicidad) en el centro de la habitación

- ¡Amo Kal-el!, ¡qué alegría! – expresó con su voz robótica

- ¡Kooon!!... ¿Pero qué has hecho?

 

 

- Bueno, me dijiste que podía arreglarlo y Kélex ya ha salido del taller, tenías un aviso en tu comunicador. Le he pedido que monte un par de cosas y cuando nos vayamos…

- ¡Estás loco!, ¡Lois está ahí fuera! Y esto está… ¡Lleno de tecnología alienígena!…¡De última generación!

- No te enfades, no sabía que la traerías... ¡Llévatela a un hotel!

- Cuando sea líder del Consejo te deportaré. Te mandaré a la segunda luna, al peor barrio que haya. Esta me la pagarás… Kélex, por favor, quítalo todo…

Cerró de un portazo y Kélex se quedó un poco dubitativo

- Parece que al amo Kal-el no le ha gustado la sorpresa…

- No, parece que no le ha gustado nada…

Afuera en el pasillo, Kal se preguntaba como convencería a Lois del cambio de planes

- Escucha, Lois, no podemos quedarnos aquí… Hay, un pequeño problema

- ¿Sabes lo que creo? Te avergüenza vivir en un apartamento pobre, en esta zona de la ciudad… No pasa nada, Clark, no me importa… De verdad…

- De todas formas…

- Está bien. Si prefieres, podemos cenar en mi casa. Lucy está fuera de la ciudad

Después de cenar, Kal insistió a Lois para que le mostrara algunas fotos “de lo que sea que hayas estado haciendo todo este tiempo”. Ella se resistía

- Clark, los álbumes de fotos son todos iguales. Monótonos y clónicos. No quieres hacer eso de verdad…

- Sí que quiero. Explícamelas…

- Está bien… Cuando te aburras, avísame

Sentados en el sofá, le estuvo contando

- Estás son del campamento militar. Este de aquí es mi padre, el general Sam Lane… Esta es Lucy el día de su graduación y su premio regional como estudiante más brillante del año… Esto es en South Beach, un verano que fui a Miami…

- Esta me gusta…

- Ya, pues a mí no… Ese con la tabla de surf es Arthur… No acabamos demasiado bien…

- Pero se ve el mar… Debe ser increíble… Las olas del mar…

- ¿No has visto nunca el mar?, ¿viniendo de Escocia?

- No… Vivo en el interior. Sólo lo he visto desde arriba, desde el cielo, cuando volaba hacia aquí. Y me pareció… Lo más hermoso de este planeta

- Yo te llevaré a ver el mar, Clark…

Se inclinó sobre él y le besó. Él le devolvía los besos, que poco a poco se hicieron más intensos, que iban abriendo el camino hacia algo más y no parecía que fueran a ceder. Lois le abrazó y le besó con una pasión superior a todo lo que él había conocido antes. Le abrió la camisa poco a poco y puso la mano sobre su corazón

- No somos tan diferentes como crees…

Siguió besándole el cuello pero Kal empezó a pensar sobre lo que había dicho

- Lois, debería… Debería irme

Ella se separó un poco de él

- No tienes por qué. Quédate conmigo

Se besaron de nuevo. Él empezó a darle vueltas otra vez: “tú eres de otro planeta, ella no lo sabe, se supone que estás prometido…”

- Sí tengo por qué. Perdóname…

Se separaron lentamente y ella le dijo

- No te preocupes, perdóname tú

Le acompañó a la puerta

- Te llamaré mañana

- No hay problema – cerró decepcionada, esperando no haberle presionado demasiado, no haber quedado mal… Quizás en Escocia no se vería bien que una mujer fuera tan lanzada

En el portal, Kal-el no sabía qué hacer. No podía explicarle todo aquella noche, pero sólo quería estar con ella, seguir adentrándose en aquel nuevo territorio, dejarse llevar hacia aquella fuente de calor que parecía poder con todo. No podía casarse con Nessa, no quería a Nessa. Si pudiera elegir, se casaría con Lois. Tenía razón en que no eran tan diferentes, había conectado con ella desde el primer momento, le había atraído poderosamente, pero como ahora… Como ahora nunca le había atraído nada en su vida. Sentía como si su corazón se hubiera convertido en satélite y Lois fuera el planeta que lo ataba dolorosamente con su fuerza de gravedad, impidiendo que se perdiera en el espacio profundo

Llamó de nuevo a su piso y subió las escaleras. Lois le abrió la puerta, nerviosa y sorprendida

Él la abrazó y la besó en el marco de la entrada

- Siento haber salido corriendo antes…

- No pasa nada

- Es que, Lois, creo que me estoy enamorando de ti… Nunca había sentido nada como esto… Y, además… No he estado con ninguna chica antes que contigo…

Lois esperó un momento y luego siguió besándole despacio

- No es necesario que hagamos nada si no quieres

- Sí que quiero… Sí quiero. Te quiero, Lois Lane

 

 

 

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