La Liga de la Justicia quedó entonces mermada de su arma con más filo. Durante diez largos años nada se supo de Wonder Woman en el mundo de los hombres. En ese tiempo, tres años después de su ruptura, Clark Kent siguió con su labor de reportero en el Daily Planet, donde conoció a Lois Lane... Y se enamoró de ella. A su boda, en la que Clark contaba 30 años y Lois 28, asistieron todos los miembros de la actual JLA, entre los cuales no se encontraba Diana.
Durante aquella década llegaron muchos rumores acerca de la amazona, entre ellos que se le había ofrecido su trono de vuelta en Temiscira, pero que sin embargo lo había rechazado. También llegaron noticias de que los dioses le habían dado un lugar en el Olimpo, en pago a su labor terrestre, como Diosa de la Verdad. A los diez años de su ausencia llegaron noticias de que Wonder Woman habría podido regresar a la tierra y que vivía de incógnito en Oriente Medio, donde contribuía a resolver los múltiples conflictos locales de la zona.
Clark escuchó acerca de aquellas noticias y pensó que quizás era cierto, que podría haber regresado. Era bueno saberlo, por si había que hacer una llamada de socorro desde la JLA, que ahora tenía una estación en la órbita lunar.
A nivel personal prefería no encontrarse con ella. Lois Lane era la mujer de su vida, la única. Le había dado mayor felicidad de la que podía imaginar que fuera posible. Su vida estaba completa.
Sin embargo, Lois Lane era una mujer mortal y estaba sujeta los riesgos de su profesión, a la posibilidad de los accidentes y a la mella de las enfermedades. A los 45 años se le diagnosticó un cáncer incurable que terminó con su vida en poco más de un año.
Clark Kent quedó desolado tras la muerte de su esposa. A sus 48 seguía manteniendo el aspecto de la treintena pero lo cierto es que su espíritu quedó despedazado por mucho tiempo y sólo pudo recomponerse muy lentamente con el tiempo, dejando en el proceso cicatrices que no llegaron a curársele nunca.
Cinco años más pasaron, hasta que un día encontró un mensaje en su apartamento, una cita que sabía que tarde o temprano llegaría. Diana de Temiscira.
La esperó en la antigua Sala de la Justicia. Las instalaciones estaban cerradas, en estado de semiabandono, ahora que la estación en órbita se hallaba completamente operativa. La estatua de la sala principal estaba cubierta con una gran sábana para protegerla del polvo. Las fuentes en las habitaciones de Diana ya no se escuchaban y las hojas secas habían entrado y se habían arremolinado a los pies de las estatuas de los dioses. El silencio y la oscuridad parecían haberse adueñado de todo. La luz del atardecer, como en todos los que habían sido sus encuentros, sólo que esta vez era una luz grisácea, de otoño, una tarde de cielo plomizo salpicada por algunas gotas de lluvia. Clark acarició la piedra de la estatua de la Justicia por un resquicio de la sábana mientras recordaba viejos encuentros en la Sala, conversaciones con Bruce, antiguos combates, los días de antaño en que la JLA estaba completa y había conocido sus días más grandes.
- Hola, Kal
Él siguió repasando el mármol con los dedos
- Diana...
- Era una estatua hermosa. No deberían tenerla cubierta
- Ahora ya no es necesaria. La JLA ha cambiado mucho desde que la dejaste
- Lo sé. Oí que te casaste y también... Oí sobre la muerte de tu esposa. Quiero que sepas que lo siento mucho
Ahora que había llegado hasta él, pudo mirarla de cerca. Diana era inmortal y la decadencia de sus rasgos se había detenido en la treintena, como en su caso, pero algo en su rostro había cambiado. Parecía cansada, más gastada y algo triste. Más curtida, quizás.
- Yo también oí algunas cosas de ti. Creo que vivías en Oriente Medio
- Así es
- ¿Por qué no volviste antes? Aquí hubieras sido útil...
Diana guardó silencio por un instante
- Creo que al fin y al cabo os las habéis podido arreglar bien sin mí
- Sí, la adaptación es la clave de la supervivencia en todos los aspectos de la vida...
Diana volvió a callar mientras él limpiaba el polvo de las letras de Iustitia et Pax Aeterna que figuraban en la base de la estatua.
- Escucha, Kal, sé que no tengo disculpa alguna por lo que pasó...
Él no contestaba
- Estaba la Alianza, estaba mi corona, estaba tu doble identidad...
El dejó lo que estaba haciendo y la miró con severidad
- Para haber sido la Diosa de la Verdad sigues hablándome con la misma cobardía de siempre. No fueron ninguna de esas cosas. Nunca te importó realmente la Liga o te hubieras quedado para protegerla, sé que rechazaste tu trono entre los tuyos y en cuanto a mi secreto... Te lo ofrecí sin reservas, te lo regalé, porque yo sí te quería y estaba dispuesto a sacrificarme... ¿Aún después de tanto tiempo no puedes hablar de lo que realmente sentías?¿tan traumático es para ti reconocer que también tienes corazón?
Diana parecía cansada y débil, su voluntad se había rendido por el paso del tiempo. Las lágrimas se le acumulaban en sus azules ojos
- ¿Qué quieres que te diga?
- La verdad. Que tuviste miedo y que por eso me dejaste
Ella se tragaba las lágrimas con dificultad
- Sabía tan poco... Y esperaba tanto. Me equivoqué y he sufrido por ello... Cada día. He estado incompleta desde entonces. La vida entre los dioses no me hizo feliz, tampoco en Temiscira...
- Me abandonaste a mí y a todo aquello por lo que luchamos juntos. Me decepcionaste... - le dijo cortándola
Diana se preguntaba cómo después de tanto tiempo podía seguir tan furioso. No le lanzaba sólo el rencor contra ella, sino la tensión y el dolor que llevaba arrastrando
- Echaba de menos el mundo patriarcal y a ti sobre todo.
- Ese mundo te necesitaba y yo también. Si me querías, ¿qué derecho tenías a abandonarme así? Pero a día de hoy me alegro de que te fueras, me alegro mucho. Entonces pude encontrar a una persona que me quisiera de verdad, que me correspondiera... Alguien que estuviera dispuesto a todo por mí
- Veo que aún estás furioso con la muerte por lo que le pasó a tu esposa
Él no le contestó. Apretó el puño hasta que el pie de la estatua de la justicia se hizo añicos entre sus dedos
- Sin embargo, si alguna vez puedes llegar a perdonarme, querría que supieras que he decidido quedarme y que si necesitas un apoyo, una amiga, un brazo de combate... Estaré aquí
- Hubo una vez en que me diste un consejo sobre una mujer y eso me salvó y me dio más felicidad de la que hubiera imaginado, cuando ya pensaba que no tenía remedio
En la Batcueva, el caballero de la noche se deshacía del traje de Batman y lo dejaba colocado sobre una estructura protegida por una urna de cristal. Clark se fijó por primera vez en las terribles secuelas físicas que la lucha contra el mal había dejado en el cuerpo de su amigo. Bruce Wayne había sufrido todo tipo de heridas a lo largo de los años y tenía las cicatrices de un guerrero. Clark sintió una punzada de pesar
- Bruce, amigo mío... Qué caros te han salido estos años...
- No es nada. Es un precio que pago con gusto por estar a tu lado y al lado de tantos otros amigos, defendiendo todo aquello en lo que creemos
- Me alegro de que hayas burlado a la muerte tantas veces y de que sigas ahí
- Sí, pero... Clark, ni siquiera yo puedo burlar a la muerte para siempre. Mi hora me llegará y tendré que irme
Clark bajó la vista e intentó retroceder pero Bruce le puso las manos sobre los hombros y le obligó a mirarle
- Escucha. Debes hablar con ella, Clark, intentar hacer las paces, aunque sea como amigos. La eternidad es demasiado para uno solo. Chloe, Jimmy, Selina, todos nosotros acabaremos cumpliendo con nuestro destino... Y tú necesitarás apoyos para seguir con tu misión y con tu vida. Al final sólo te quedará ella, será la única de nosotros que pueda compartir tus días.
- Bruce, la echo tanto de menos que no puedo hacer ni las cosas más absurdas y corrientes sin que se me parta el pecho a cada instante. No puedo...
- Ya sé que la quieres, que siempre la vas a querer. Lois era única y nadie puede suplantarla. Pero eso no es lo que Diana quiere, no es lo que te está pidiendo. Sabe que Lois Lane siempre será el amor de tu vida. Debes darle la oportunidad de tener su propio espacio dentro de tu mundo, ella ha elegido el exilio de su pueblo... Por ti. Tenla presente porque ella será quien este contigo cuando todos los demás hayamos desaparecido. Cuando yo me vaya querré saber que te dejo en buenas manos