El sol se ocultaba en el horizonte del mar Egeo cuando Lara se despedía de sus padres con un beso y embarcaba con su gran familia en un barco que les llevaría de vuelta al continente. Atrás quedaba un día completo de celebración, durante el cual se habían reunido todos los descendientes de la pareja de superhéroes más grande que había visto el planeta: sus hijos, sus nietos, sus bisnietos, sus tataranietos. Un árbol genealógico que se había ramificado de forma fructífera durante aquellos casi 300 años de historia del mundo. La última en despedirse había sido su hija mayor, la primera, su primogénita Lara Kal-el, su físico detenido en su madurez como había sucedido con sus padres antes que con ella.
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Cuando ya el barco se alejaba, Diana tomó la mano de Clark
- Bueno, no ha sido una mala fiesta, teniendo en cuenta que cumples 333 años y no sucede todos los días, ¿no?
Ella llevaba una túnica morada, los brazos enjoyados de brazaletes y la melena negra adornada con cuarzos y horquillas de plata. Seguía hermosa e inmortal como las estatuas griegas, que pierden los pigmentos superficiales de su policromía sólo para revelar el mármol, mucho más auténtico y hermoso, lleno de la fuerza inmutable de las piedras, imposible de transformar por la picadura del tiempo
Clark la besó sin soltar su mano
- Es cierto. Ha sido una reunión como hacía años no conseguíamos organizar. Ha sido una fiesta hermosa, digna de una despedida
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Ella sonreía, aún feliz por las alegrías del día
- Una despedida... Pero sólo hasta que tú quieras de nuevo. Esta vez casi ninguno puso problemas para venir. Todos te quieren mucho...
- Diana, debo hablarte de algo en lo que llevo pensando mucho tiempo
Ella llevaba algunos meses preocupada por él. En parte la fiesta había sido idea suya, intentando quitarle aquel peso invisible que parecía hundirle hacia las raíces de la tierra, cada año un poco más. Ya casi nunca volaba. Sólo parecía esperar. Su rostro y su cuerpo seguían siendo jóvenes, pero su espíritu tenía el lustre desgastado de las hojas de otoño, los desgarros propios de una bandera de oraciones que llevara demasiado tiempo azotándose en el viento.
- Kal... ¿Qué es eso en lo que has estado pensando?
- Se trata de mi tiempo, Diana. Tengo la impresión de que todas las fuerzas con que contaba un día están desapareciendo. El mundo envejece, mi generación se ha extinguido y yo me siento... Extinto por dentro...
Diana volvía a sentir el miedo. Tan pocas veces lo había sentido... Nunca en la batalla, nunca en presencia de sus enemigos. Sólo él podía mover su mundo de aquella manera, atenazar sus entrañas desde la base. Su ojos reflejaban todos sus temores
- Escucha, Diana, me has hecho muy feliz. Yo había muerto y tú me diste una segunda oportunidad, una vida nueva con la que no contaba. Me has dado una familia, lo que siempre había querido. Cumpliste tu promesa de quedarte a mi lado. Pero lo cierto es que yo no creo que pueda quedarme siempre al tuyo. Al fin, Mujer Maravilla, mi mundo empieza a desvanecerse. He vivido más de tres vidas de hombres completas, necesito descansar.
- No... Tú eres Supermán... El mundo te necesita...
- Ya no... Tienen a las nuevas generaciones. Es su turno en la historia y es mi momento de hacerme a un lado...
- Y yo... – Diana no sabía qué decir ni qué hacer - Te necesito mucho más... ¿Qué haré si me abandonas? Te lo suplico, no lo hagas
Y echándose a su pies le abrazó las rodillas como hacían los guerreros en la épica clásica, como los vencidos de la Ilíada imploraban a Aquiles su piedad en combate.
- Diana...
Él separó los brazos de ella y se arrodilló a su lado
- La kryptonita te envenenará la sangre – siguió ella entre lágrimas – Sufrirás. Será horrible. No mereces algo así...
- Debo hacerlo. Es mi último deber. Es mi último deseo. Sé que lo que te pido es lo más grande que se puede pedir a nadie, pero debes dejarme marchar antes de que empiece a sentir la muerte en vida y la tristeza empañe mis días y mis recuerdos felices. No te diré palabras de consuelo, porque para semejante dolor no hay consuelo dentro de los confines de este mundo. Pero mira, más alla del Egeo, más allá de la Estigia y de las puertas de los cielos: no estamos sujetos a esta realidad, y del otro lado hay algo más que recuerdos...
- En verdad que será esta la más grande de las separaciones, la más grande de todas, porque no podré seguirte allá donde vas y deberé llevar conmigo esta ausencia tuya hasta el fin de los tiempos
- Diana... Mañana veré el sol salir por última vez, el sol que me dio poder y fuerzas durante tantos años para transformar en obras lo que mi espíritu tan intensamente deseaba. Mañana me despediré y sé que no tengo derecho a pedirte que estés allí conmigo pero si quisieras, me gustaría ver tu rostro una vez más antes de empezar mi largo viaje, me gustaría que fueras la persona que estuviera allí para decirme adiós

13. El último vuelo
Veía pasar por delante de sus ojos las ramas de los árboles, el brillo del sol, las nubes cambiantes, el vuelo de bandadas de pájaros migratorios
- ¿Estamos volando?
- Sí – lloraba y reía Diana – Sí, estamos volando – el sufrimiento apenas la dejaba hablar mientras le llevaba en sus brazos.
- Perdóname...
- No, no hay nada que perdonar Clark. Si hay alguien que se ha sacrificado siempre has sido tú. Este es el único deseo que has guardado para ti... Quiero que sepas que siempre te he querido...
Aquí, al final de todas las cosas, se había rendido completamente, incluso en el nombre por el que le llamaba. Clark le tomó el rostro con la mano y le sonrió con las últimas fuerzas que le quedaban
- Diana... Mi compañera, mi hermana, mi amante... Mi último adiós. Mi último vuelo...
La kryptonita le llegó al corazón, que dejó de latir, y el mundo de los hombres se quedó un poco más silencioso y más oscuro y más triste.
Diana le enterró junto a Lois Lane. Él nunca se lo había pedido pero ella sabía que en lo profundo ése era su deseo
Después volvió a Temiscira y nunca más se la volvió a ver en el mundo de los hombres
Para entonces era el último miembro que quedaba con vida de lo que había sido la JLA
FIN

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