5. Tú estabas hablando sobre el fin del mundo

Llegó el día de la fiesta y mientras se ajustaba smoking frente al espejo del salón principal de la mansión Wayne, Bruce se reafirmó en una decisión que llevaba tomando toda la semana. Hablaría seriamente con Talía, le diría que no podía seguir soportando aquella situación. Le pediría que abandonara el camino de su padre, que le diera una oportunidad a una relación libre de mentiras, libre de desconfianza. Él la protegería. No tenía por qué tener miedo. Sólo así podrían pasar de la pasión puramente física a una relación de otra naturaleza. Se lo pediría durante la fiesta. La oportunidad de intentar algo juntos más allá de la intensidad de un momento que se evaporaba a la luz del día. Le pediría que no se fuera más.

La limusina la había dejado en la puerta con su traje de alta costura, un vestido largo de lentejuelas verde oscuro que eran como escamas nacaradas adheridas a su espectacular figura, con una raja en la falda hasta lo alto de la pierna y un precioso escote que se recogía por detrás del cuello, dejando la espalda al descubierto.


- Estás excepcional

- Gracias. ¿Tienes listo el helicóptero?

- Aquí mismo

Era necesario llegar hasta Nueva York desde Gotham. Talía y Bruce permanecieron silenciosos durante todo el camino. Él la miraba fijamente mientras ella contemplaba la ciudad nocturna por la ventana y tuvo la impresión de que estaba más grave que de costumbre, menos volcada al juego de seducción. Sin embargo, para él, no era necesario que dijera nada. La sensual curva de su cuello, despejada gracias al recogido alto y marcada por la fina gargantilla de diamantes, era suficiente para rendirle a sus pies. Deseaba besar su cuello interminablemente pero mantuvo un pulso interior entre su demanda y su devoción y ganó la segunda.

Cuando llegaron a la fiesta, se convirtieron en seguida en el centro de atención. Muchos hombres y mujeres se acercaron a él para que les presentara a aquella hermosa mujer que no habían visto antes. Era la primera vez que iba del brazo de Talía en un acto social.

- El vestido es de Christian Dior. Sí, no vengo mucho por Gotham, aunque es una ciudad interesante.

Bruce sonreía mientras la veía contestar a todas aquellas preguntas que ella debía considerar de lo más superficial y vacío, pero era una mujer elegante, sabía mantener las formas y darles conversación en siete idiomas. Los fotógrafos de la prensa rosa iban a hacer su agosto con aquella aparición aunque ya estaban acostumbrados a verle del brazo de supermodelos y actrices.

No podía evitar sentirse cautivo de ella pero debía hablarle, jugársela a todo o nada, la situación actual no era suficiente. Estaba decidido. Deseaba atraerla a su propio bando, atarla a la ciudad de Gotham, abrir el camino para una relación distinta, que no estuviera basada en el equilibrio inestable de las verdades a medias. Ah, quizás apuntaba demasiado alto, Talía parecía estar por encima de cualquier sentimentalismo y sólo se debía a su voluntad.

 

 

Clark llevaba ya un rato con sus compañeros de prensa. Por fortuna, Chloe se había animado al final y llevaba un vestido rojo y unos larguísimos pendientes de oro blanco.

- ¿Quién es la novia nueva de Bruce?

- Se llama Talía. Es de fuera

¿Es de fuera? ¿era eso todo lo que podía contar? Chloe le adivinó un tono de fastidio en la voz y resolvió no seguir preguntando

 

- Es muy guapa... Mira, ahí llegan Diana y Arthur

Justo entraban por la puerta, Aquaman de smoking y Wonder Woman con un largo vestido sin adornos, de inspiración helénica pero con un toque actual. Sus únicos adornos eran un broche que llevaba sobre el hombro y los brazales plateados de los que nunca se separaba. Saltaba a la vista que tenía un cuerpo escultural y era alta, casi tanto como Arthur. Iba sin maquillaje y a pesar de todo estaba guapa e interesante. Parecía tocada por la mano de Afrodita

Al llegar crearon gran expectación, como dos celebridades que eran. Respondieron a algunas preguntas y luego empezaron a hablar con algunos de los asistentes más importantes del cuerpo diplomático. Por la puerta entraba Lex Luthor, del brazo de una importante supermodelo lituana, de tacones de vértigo. A partir de ahora la conversación en los grupos de la fiesta probablemente giraría en torno a cuál de los dos millonarios se había aparecido con la mujer más atractiva, si Luthor o Wayne.

 

- Lo que faltaba, Lex Luthor en la fiesta de una ONG...

Chloe intentó darle un poco de conversación:

- Bueno... Al fin y al cabo es el presidente de los Estados Unidos, alguna aparición tiene que hacer para justificarse – intentó cambiar de tema - ¿Qué tal marcha la Liga?, ¿habéis arreglado vuestras diferencias?

- Todavía falta. Aquella de allí sigue con su boicot particular – le dijo señalando a Wonder Woman

- Bueno, hablando se entiende la gente, ¿no?

- Con ella no. Es imposible hacer que te escuche. Sólo se guía por sus prejuicios...

A medida que avanzaba la noche, el cocktail terminó y los invitados pasaron a una sala nueva, con pista para bailar, barras para beber y a los laterales unas interminables escaleras hacia los pisos primero y segundo

Talía y Bruce fueron de los primeros en tomar la pista. Bruce sí que sabía bailar, de todo, sin perder la apostura ni el aplomo. Tenía cientos de fiestas de práctica. Y Talía tenía menos técnica pero era sensual e intuitiva como una pantera. Realmente hacían buena pareja.

Por su parte, Diana estaba rodeada de hombres; el mundo contaba con muy pocas superheroínas, con muy pocas mujeres tan especiales como ella. Se le acercaban presidentes de gobierno, empresarios navieros, magnates de los medios, herededos de países que habían perdido su corona... Ir del brazo de una mujer como la embajadora de Temiscira era privilegio de un status social que no podía comprarse con dinero. Pero ella seguía del brazo de Arthur y él tenía la deferencia de guardarle las espaldas en todo momento. Arthur podía dejarse llevar a veces por su peculiar sentido del humor pero era un auténtico caballero cuando tenía que serlo. "El rey de los océanos y la princesa de las amazonas: se van a morir de glamour", pensó Clark con fastidio.

- ¿Todavía te gusta beber lo mismo que cuando estabas en el instituto? – Era la voz de Lex Luthor que se dirigía a Chloe

- Más bien no. He cambiado el ponche por el ron, aunque un buen martini nunca está de más.

- Clark, creo que no te he presentado a Danielle, ¿verdad?

Seguramente al día siguiente ya no recordaría su nombre ni el propio Lex, “la llamaremos Rubia nº 29” pensó Clark

- ¿Cómo os va? No os había visto desde... Desde nochevieja, más o menos. No sabía nada de vosotros...

- En cambio nosotros sí sabíamos de ti... Por las noticias y eso – le dijo Chloe con ironía. En los últimos meses había dado bastante trabajo a Supermán y Chloe siempre saltaba a la defensiva en cuanto a lo que proteger a su amigo se refería.

- Ya veo... No deberíais pasaros toda la noche de brazos cruzados y con la cara torcida. Deberíais intentar pasarlo bien de vez en cuando.

Mientras se marchaba con Danielle, Chloe echó un vistazo a la pista. No había ni rastro de Bruce y Talía pero por el contrario Diana y Arthur se habían refugiado en el baile para huir de las conversaciones intrascendentes de alrededor. Podía ser una solución.

- Clark, ¿sabes que por una vez Lex Luthor tiene razón? No ganas nada empeñándote en aburrirte. Mira, si vamos a bailar no se nos acercarán para hablarnos de cosas que no te interesan, como el club de golf, las joyas de Cartier o las subastas de Sotheby’s.

- Chloe...

- Porfa...

Cuando estuvieron en medio de la pista, se echó los brazos de Chloe al cuello y la abrazó por la cintura.

- Oye, tú que conoces a tantos hombres guapos, fuertes y con superpoderes, podrías buscarme novio alguna vez... ¿no? – le susurró ella mientras le sonreía

- Pues mira... Es que, Chloe, buscarte novio a ti es difícil

- ¿Cómo que difícil?, ¿por qué soy difícil? – se separó un poco de él para mirarle a los ojos

- Pues nada, porque tiene que estar a la altura. Anda ven – volvió a abrazarla – Mira, Bruce, es un buen tipo pero en lo que se refiere a mujeres... No te lo recomendaría, Chloe

- Vale, ya sé que Bruce no...

- Luego está Bart, está como una cabra, tiene espíritu de adolescente. El detective es todo lo contrario, demasiado serio, demasiado nostálgico, es muy mayor. Y luego está John... Es más seco que una uva pasa, no se preocupa más que del deber, es demasiado rígido... Bueno, y Diana que también cuenta porque seguramente será lesbiana... Pero es muy borde. No te la recomiendo – le dijo con una sonrisa irónica

- Clark, ¿de dónde te sacas eso de que es lesbiana? Lo dices por fastidiar, le tienes manía...

- Ella me tiene manía a mí

- ¿Qué me dices de Arthur?, ¿te lo has dejado fuera a propósito?

- Pasa mucho tiempo fuera... Bajo el agua – recalcó lo último

- Pero aparte de eso...

- Sólo eso

Chloe se separó de él, se giró y se dirigió a Wonder Woman, que bailaba con Aquaman a escasos centímetros.

- ¿Le importaría prestarme a su acompañante por unos momentos?

Diana se quedó sin palabras. Miraba alternativamente a Chloe y a Clark sin saber qué decir. Arthur se adelantó y cogió la mano delicada de Chloe. Sonrió a Wonder Woman

- Volveré

y se alejó con su nueva pareja de baile hacia otro lugar de la pista.

- Aprovecha para aclarar las cosas – susurró Chloe a su amigo mientras se alejaba. Sabía que sólo él podía haber la oído.

Clark no se lo podía creer. Esto había sido una maniobra en toda regla. Cómo había podido acercarse tan cuidadosamente y luego dar un golpe de efecto semejante. Luego arreglaría cuentas con Chloe. Ahora se hallaban frente a frente. Diana por fin reaccionó: se la habían jugado. Se cruzó de brazos en medio de la pista y Clark hizo lo mismo. El más mínimo contacto físico era impensable con lo cual no podían bailar, así que se quedaron así, mirándose fijamente, uno enfrente del otro, por muy raro que esto pudiera parecer en medio del resto de la gente, que bailaba tranquilamente.

- ¿Qué tal la fiesta? – empezó él

- Muy bien

Wonder Woman olía de un modo que no conseguía identificar, a un tipo de flores completamente desconocido, embriagador y ligero a un tiempo. Seguramente no eran especies de la tierra

- ¿Qué tal Arthur?

- Encantador

- Chloe también es muy maja

De fondo Clark empezó a escuchar algo que le puso en alerta, alguien podía estar en peligro. Respiración acelerada, golpes en las paredes, la voz de una mujer que se quejaba... Estaba claro, tenía que localizar el sitio y resolver aquella situación. Le daría una buena excusa para pasar de Diana. Siguió afinando, cada vez lo oía más claro, al fin consiguió identificar la voz de un hombre: “Talía, me encanta tu cuerpo, no dejaré que te vayas nunca...”, “Tampoco iba a irme lejos, Bruce, no era necesario hacerlo en medio del pasillo...”

- ¿Te ocurre algo? – Diana le sacó de su shock – Pareces ausente

- Mmm... No, necesito un poco de agua, nada más – dijo tragando saliva. Apenas le salía la voz.

Diana le siguió al salir de la pista, hacia las mesas con las copas. A medida que caminaba poco a poco le fueron llegando de nuevo, como si fuera una conexión por radio, todos los detalles de lo que pasaba con Bruce y Talía dos pisos más arriba. Normalmente conseguía desconectar y orientar el oído sólo donde le interesaba, pero esta conexión volvía inconscientemente una y otra vez, era como una frecuencia que se hubiera quedado enganchada, trayendo consigo gemidos, quejas y susurros demasiado privados. “Bruce, que es la fiesta de la UNICEF, por amor del cielo”, pensaba para sus adentros. Se tapó los oídos físicamente por ver si se libraba de aquella involuntaria sesión de vouyerismo auditivo. Esto no le había pasado nunca, vivía en un bloque de pisos, podría haberle pasado con sus vecinos pero... ¿Por qué allí?, ¿por qué en aquel momento?

- Kal, ¿qué te pasa?, me estás preocupando... ¿Te duele la cabeza?

Él se tapaba los ojos, luego se los destapaba. Diana seguía mirándole fijamente, en espera de una respuesta. Se los volvía a tapar. No podía dejar de oirles. Su subconsciente le estaba jugando una mala pasada. “Por favor, que acaben ya...”

Diana le puso la mano en la frente, sólo las yemas de los dedos, pero casi le hizo saltar del susto

– Tranquilo, que no te voy a hacer nada... Estás sudando pero no tienes fiebre. ¿Vamos fuera?

Él asintió con la cabeza. Cuando salía se le cruzó otra frase de otro sitio: “Intentaré encontrar al alto comisionado, me parece que está en el segundo piso...”, era uno de los organizadores, un hombre de unos 70 años que ostentaba un cargo honorífico dentro de la ONG.

- Antes tenemos que pasar por otro sitio – le dijo a Diana. Salió a paso ligero, abriéndose camino entre la gente y ella le siguió, preguntándose todo el tiempo qué pasaría.

El organizador alcanzó la parte de arriba de la escalera. Bruce le oyó llegar y le hizo un gesto de silencio a Talía, que estaba medio desnuda contra la pared, a la vuelta del pasillo. Cuando el organizador empezaba a acercarse, Clark lo llamó.

- Disculpe, señor Bernstein. Soy ayudante de seguridad, me han dicho que buscaba al alto comisionado y he venido a informarle de que lo hemos localizado en la terraza.

Bruce se sonrió al escuchar la voz de su amigo

- Bueno, aprovecharé que estoy aquí para ir a los servicios, están aquí mismo, a la vuelta del pasillo...

- Mmmm... Me temo que tenemos que tener esta zona monitorizada en todo momento. Además... Estos servicios están averiados, en la primera planta tiene unos igual de buenos...

- Está bien, joven, cómo son ustedes los de seguridad. Siga haciendo su trabajo, que lo hace muy bien

Clark esperó a que se hubiera marchado y luego tomó aire y se dio la vuelta

- ¿A qué ha venido todo eso? – le preguntó Diana

- A nada, ¿salimos fuera entonces?

Mientras se alejaban, a Clark le llegó un susurro: “Te debo una”

Un rato después de que Clark y Diana se hubieran marchado, Bruce se entretenía deshaciendo los nudos de la delicada sandalia con tacón de Talía, que se había descolocado. Le acarició la larguísima pierna y le besó el pie antes de volver a colocarla y atársela.

- Talía, he pensado... Que es necesario que esto deje de ser un juego. No quiero tener la sensación siempre de que es la última vez antes de que desaparezcas

- No crees que sin esa sensación será mucho menos interesante...

- ¡No! Quiero que salgas de los negocios de tu padre. Es demasiado peligroso. No podremos ser libres hasta que lo hagas

 

 

- Ya hemos hablado de esto. Es imposible. No estoy con mi padre por obligación, sino por que quiero, ya lo sabes. Te niegas a aceptar la realidad.

- La realidad es que no te intereso lo suficiente. O... Que no te intereso nada, ¿no?

- Tampoco tú me quieres, Bruce. Estás conmigo porque te gusta demasiado el riesgo...

- Me gustaría pensar que podemos tener algo más que lo que tenemos ahora

- No, no podemos – le acarició el pelo y por dentro sintió la necesidad de confesarse, de terminar con el plan que estaba llevando a cabo. Bruce tenía en el fondo un ramalazo romántico, lejano a su imagen pública de frivolidad, una gran capacidad para enamorarse y dejarse llevar por sus sentimientos. Y era esa capacidad lo que más le cautivaba de él – Escucha, debo irme. Llevo un localizador en el vestido. Les dije que no me separaría de ti ni un momento. Quedamos en que te traería hasta la segunda planta y ellos entrarían por la azotea.

Bruce se quedó un momento sin habla. Fue como si alguien hubiera arrancado un velo.

- Entonces... ¿todo esto era tan solo parte de un plan?, ¿por eso has estado toda la noche tan seria y tan callada?

- Como tu has dicho, esta situación no podía durar. Sabías que esto pasaría. Mi padre y sus hombres estarán aquí de un momento a otro. Pero si me marcho, me seguirán. Les diré que me descubriste. Les diré que hemos terminado.

- Y estarás diciendo la verdad

 

 

La terraza seguía siendo un lugar muy concurrido, con lo que, sin tener que mediar palabra, estuvieron de acuerdo en bajar las escaleras y caminar por los jardines: si tenían que arreglar sus diferencias respecto a la Liga, era mejor que no hubiera público. Al fin y al cabo, Clark tenía una identidad secreta que mantener.

Ella caminaba por detrás de él. Si se ponía tacones, la diferencia de altura con la mayoría de la gente aumentaba considerablemente. Con Clark, sin embargo, seguía estando a media cabeza.

- Kal, escucha, quizás deberíamos intentar entendernos un poco más antes de que el resto de la Alianza nos excluya por puro cansancio.

- Sí, quizás deberías escucharme de vez en cuando

- Quizás tú deberías escucharnos más a todos

- Quizás... – se dio la vuelta y se la encontró de bruces y a pocos centímetros, con la barbilla alzada y las manos en jarras. Parecía enfadada de verdad – quizás deberías sacar menos las cosas de quicio

- Así que no sacar las cosas de quicio, ¿eh?, ¿qué hay de hablar mal de tus compañeros a sus espaldas? Lo de borde pasa pero, ¿de dónde te has sacado eso de lesbiana? Y tú me acusas a mí de tener prejuicios...

- No sabía que lo habías oído...

- No tendré tu supertímpano pero no estoy sorda. Estabas a medio metro.

- No... No es lo que pienso realmente. Estaba furioso contigo.

- Bien. Pues no soy lesbiana. Y si lo fuera, ¿qué? No es asunto tuyo... Muchas de mis hermanas amazonas lo son, no pasa nada...

- Ya...

- ¿Ya?, ¿esa es toda la disculpa que se te ocurre? Estoy harta de esa actitud. No eres capaz de bajarte de tu escalón ni por un momento, siempre Diana he decidido esto, Diana vamos a hacer lo otro, Diana no hagas tal...

A Clark le dio la impresión de que si no se callaba le iba a estallar la cabeza, no podía aguantarla más. Le tapó la boca con la mano, acercándose a ella y hablándole en voz baja

- Shhhh... Calla... Calla, princesa... Hablas y hablas y hablas... Te desgastas en palabras... ¿Quieres saber lo que pienso realmente?, ¿lo que pensaba cuando estaba furioso?

A Diana estas palabras le dieron una idea, de debajo del vestido sacó el lazo de Gea y en una maniobra rápida sujetó a Clark de la muñeca, consiguiendo de un tirón que la mano de él se despegara y la desamordazara.

- ¡Sí, quiero saberlo!

- Pensaba, qué pena que sea tan hermosa, que brille tanto entre la multitud, que no necesite maquillaje ni joyas para destacar, qué pena porque tiene un carácter que es insufrible y empuja a todo el mundo lejos de ella y en cuanto se pone a hablar deja muy claro que no quiere a nadie cerca. Y es terca e impaciente y sería una pena que se quedara completamente sola porque en el fondo quiere aprender... Y el caso es que tiene cosas buenas, cosas que admiro y que respeto... Y a veces me gustaría mandarla a paseo pero otras veces, cuando no está, no puedo dejar de pensar en ella... Es... Tan... Distinta de las demás... - se separó un poco de ella, atónito por todo lo que estaba diciéndole. Intentaba callar pero no lo conseguía.

Diana estaba también lívida. Le liberó del lazo, para no seguir obligándole a revelar sus pensamientos. Bajó la vista, sintiéndose culpable e incómoda

- ¿Qué me has hecho? – reclamó él, desorientado – Yo no he podido decir todo eso...

- Sí que lo has hecho...

Clark vio el lazo de Diana rendido en el suelo y lo relacionó. Lo llamaban el lazo de la verdad. ¿Qué es lo que había dicho?, ¿era todo aquello lo que realmente pensaba? Era absurdo negar sus palabras, el lazo no permitía las mentiras.

- Bien. Supongo que ya tienes lo que querías, al menos no podrás volver a acusarme de hablar a tus espaldas. Volveré a la fiesta. Chloe me estará buscando.

Se dio la vuelta y se marchó y Diana se quedó allí, en medio de los jardines, con una mezcla extraña de sensaciones, a cada cual más agitada. Había esperado una respuesta insultante, una crítica detrás de otra, pero él había dicho algunas cosas... Había hablado de respeto y admiración, había dicho era hermosa, que brillaba entre la multitud, que pensaba en ella... Cómo era posible. Se le había dado la vuelta el estómago. Estaba descolocada, le temblaban los labios.

 

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