6. Lluvia de meteoritos

Después de aquello, Clark no había vuelto a la fiesta. Había llamado a Chloe y le había pedido que le disculpara, así que ella pasó el resto de la velada con Arthur. Diana tampoco regresó. Necesitaba estar tranquila

Clark pasó el domingo reflexionando sobre lo que había pasado. Deambulaba por los alrededores de la montaña, preguntándose sobre aquella confesión precipitada que había traído a su consciente muchos pensamientos, que había hecho real muchas cosas. Verdaderamente le traía de cabeza, le preocupaba su postura ante la Alianza, le sacaba de sus casillas, le ponía su mundo del revés. En verdad ella diferente...

Temía encontrársela después de aquel arrebato de sinceridad. También le había dicho cosas ácidas como que la consideraba insoportable y cabezota. Seguramente estaría cabreada y furiosa

Diana, mientras, pasaba el domingo en Temiscira, junto a su hermana Donna Troy

- No sé a qué vino todo aquello... No lo entiendo. Pero el lazo no puede fallar

- Lo que está claro es que te ha dejado pensando, ¿tanto te preocupa lo que tenga que decir?

- No me preocupa. Me da igual

- No es cierto. Creo que es la primera vez en tu vida que has encontrado a alguien que esté a tu altura, que pueda plantarte cara, creo que él no te da igual en absoluto, ¿tan malo sería que acabara interesándote? Como hombre, quiero decir...

- ¡Eso nunca podría pasar! Él sería la última persona con la que estaría, ¿me oyes?

- Ya... Quizás deberías usar tu propio lazo, sobre ti misma... ¿no crees?

 

 

Hacia la tarde, el día se había nublado y la luz estaba apagada. Clark volvió a las instalaciones de la Sala de la Justicia, que estaba desierta. Parecía que aún no había vuelto nadie. Llegó a la cafetería y se empezó a servir un café mientras, a su espalda, sintió el paso inconfundible del hombre murciélago.

- Sé lo que hicistéis el último verano... – dijo con una sonrisa sin volverse

Al no recibir respuesta a la chanza, se volvió, sólo para ver que su amigo estaba sentado en una de las sillas, con el aspecto sombrío de un funeral, demacrado y oscuro.

- ¿Qué...?...¿Qué ha pasado, Bruce?

- Lo he dejado con Talía

- ¿Por qué? Ayer parecía...

- Ayer era una trampa. Ya ha decidido su bando. Definitivamente

Clark puso otra taza para Bruce y se sentó con él en la mesa

- He sido un estúpido – prosiguió Bruce – Me ha manipulado todo lo que ha querido. Mira que me intentaste advertir...

- Esas cosas son muy fáciles de decir desde fuera y muy difícil verlas cuando uno lo está sufriendo. Le podría haber pasado a cualquiera...

- ¿Por qué no podrá gustarme alguna vez alguna mujer normal? Mis fracasos se me repiten constantemente

- Porque entonces no serías tú. Sólo te hace falta encontrar a una que, además de no ser normal, te dé el trato que tú te mereces, que confíe en ti, que te quiera...

- Parecen muchas cosas, ¿no?

- Yo creo que Selina te quería, a pesar de todos sus defectos... Y creo que tú la querías también. Quizás esto sea meterme donde no me llaman pero siempre he creído que salías con Talía porque te recordaba a ella...

- No me hables de Selina. Está en la cárcel

- Ya lo sé, ¡pero en algún momento saldrá! No te meten la perpetua por robar unas pocas joyas...

- Selina me odia. Yo la denuncié. La traicioné, Clark.

- De eso nada, tú cumpliste con tu deber. Intentaste llevarla por el buen camino y no resultó, pero aún no se ha acabado. Seguro que aprendió la lección. Lo de que te odia no lo sabes, ¿has ido a verla alguna vez?

Bruce negó con la cabeza

- No me he atrevido. No, después de lo que pasó

- Deberías ir a visitarla. Estoy seguro de que entiende por qué lo hiciste

- Ella cree que no la quería. Me lo dijo cuando la arrestaban

- Pues ve y dile que eso no era así. Sabes que Catwoman tiene un lado oscuro pero no es un caso perdido. Os he visto juntos, Bruce, y parecíais felices. El resto de relaciones que has tenido han estado marcadas por tu culpabilidad con Selina. Vete a verla y líbrate de eso. Aclara lo que pasó, lo que sea que haya entre vosotros. No debes seguir sin saber...

- Ya...

- Mira, lo de Talía era una cuestión de sexo, tú lo sabes, yo lo sé, no es lo que te está haciendo daño desde hace tiempo. Esta crisis viene de antes. Cada vez que tienes un fracaso sentimental sale la misma mujer. Deja ya de buscarla en otras chicas, si ya sabes donde está...

- Está bien... – se quedó un momento pensando y sonrió al recordar – Pero no fueron unas pocas joyas sin importancia, sino el diamante azul Esperanza. Irónicamente, es famoso por las desgracias que ha causado a sus propietarios a lo largo de la historia. Pero eso Catwoman no lo sabía cuando se lo llevó del Smithsonian. Lo leí después en internet...

- Bueno, esperemos a partir de ahora sea conocido como un diamante que trae cosas buenas y que le haga honor a su nombre, ¿no? – le sonrió Clark.

 

Pasaron los días y Diana no había vuelto a las instalaciones. Probablemente tenía trabajo con su fundación o dentro de la ONU, en cuyas reuniones participaba frecuentemente como embajadora de Temiscira, país con estatus de observador. La última semana era la más ligera en cuanto al trabajo de la JLA, casi todos los puntos a tratar ya estaban solucionados. Excepto, para Clark, la sensación de que no había conseguido integrar a Wonder Woman en la alianza y, en concreto, la sensación de que le estaba evitando a él personalmente.

El sol estaba cayendo poco a poco por detrás de la falda de la montaña. Clark se había vuelto a quedar solo en las instalaciones. En la sala principal descansaba sentado en un escalón, leyendo un fragmento del libro que había escrito la amazona, en un intento por comprender sus ideas, su cultura, por ver si conseguía encontrar alguna forma de diálogo. A pesar de todo lo que había sucedido, aquella emboscada con el lazo de la verdad había hecho patente que también veía cosas buenas en Wonder Woman y que merecía la pena intentar traspasar la barrera con la que se rodeaba. Hasta donde la paciencia le permitiera aguantar, hasta donde su juicio lo soportase. Acabaría dándole la razón, aunque tuviera que estar hablando con ella hasta el fin de los tiempos.

Pasó por encima la parte relativa a la Ecología y llegó directamente a Diplomacia: Diana tenía una tremenda experiencia en este campo, teniendo en cuenta lo joven que era y el poco tiempo que llevaba en lo que ella llamaba “el mundo patriarcal”, el mundo de los hombres, la Tierra en definitiva. No entendía cómo podía ser un miembro respetado en la ONU, cuando con él no podía tener una conversación ni de 10 minutos. ¿Por qué siempre estaba a la defensiva?, ¿era por qué le veía como a un rival, como había apuntado Jonn? Con el resto del mundo no se comportaba como con él. Bien que hacía algo de proselitismo con sus ideas, que parecía orgullosa de los modos de vida y la filosofía griega que aplicaban las amazonas, pero en su vida pública no existía la imposición o la falta de respeto. Era buena dialogando... Cuando quería. Había por lo menos algo de esperanza...

La escuchó subir los escalones de la Sala principal y de pronto su figura se recortó ante la luz de la tarde, entre las columnas, como la primera vez que se habían visto dentro de aquel recinto.

- ¿Andabas buscándome?

Ella ignoró la pregunta

- Veo que has conseguido un ejemplar del libro. ¿Has encontrado alguna idea que concuerde con tu visión personal de las cosas?

- He encontrado que cuando estás cerca de mí te comportas de manera diferente a como eres – él se levantó y se encaminó al centro de la sala - ¿Por qué?, ¿de qué tienes miedo?

- Desde luego no de ti – se adelantó ella desafiante para encararle.

- Pues te veo insegura, te tiemblan las manos. Pierdes los papeles...

- Eso es porque me pones furiosa con tu sola presencia, con tu pedantería. Tienes...¡tienes que usar siempre ese tono de superioridad!

- ¿Ves? Ya tiemblas otra vez...

- Vete al infierno – se dio la vuelta dispuesta a salir de la sala disparada. Pero él la agarró de la muñeca y la obligó a volverse

- De eso nada. No volverás a faltarme al respeto

- ¡Quítame las manos de encima!¡Te recuerdo que soy una princesa!

- ¡Que no me grites!

- Puedo librarme de ti cuando quiera – pegó un tirón y liberó su brazo - ¿Lo ves? Soy mucho más poderosa que tú

Se dio la vuelta y salió volando. Era un desafío, claramente. Clark no pudo resistirlo. Hasta donde su paciencia le permitiera aguantar había dicho, pues bien, su paciencia se había acabado. Salió volando detrás de ella. Diana no entendía más que un sólo lenguaje y no era el del habla, sino el de la fuerza. Si quería competencia, la tendría. Si tenía que vencerla en combate para dejar las cosas claras de una vez por todas le daría una lección, no le había dejado otro camino.

Le dio alcance en una zona desértica a varios kilómetros. El lugar parecía abandonado, salvo por algunas construcciones de hierro diseminadas y lo que parecían ser los restos de un volcán apagado hace años. Consiguió un buen placaje sobre Wonder Woman y la bajó a tierra en picado. La tierra se resquebrajó y se hundió con el golpe de ambos sobre el suelo. Diana intentó librarse de él de una patada, conseguir el suficiente margen para ponerse en pie, pero él la sujetó de las botas. Ella le golpeó con los brazales para que la soltase, éstos sí que eran poderosos, forjados de la Égida de Zeus, y le obligaron a retirarse con dolor

 

 

- Pero qué bruta eres

Diana salió a la carrera y llegó hasta las ruinas de acero y cemento. Desde luego, no podía esconderse. Entre los rayos-x y el superoído no tenía escapatoria posible. Él la volvió a alcanzar, cuando se daba la vuelta para encararle, y la estrelló contra la pared de cemento que se destrozó. La atravesaron y cayeron juntos al suelo

- Pues anda que tú

Ella subió la pierna y le dio un rodillazo, consiguiendo quitárselo de encima. En caso de que hubiera sido otra mujer le hubiera dado igual, pero esta era Wonder Woman así que contaba como si él no tuviera superpoderes.

- Ouch...

Se recuperó pronto, pero Diana ya había aprovechado para ponerse en pie nuevamente y huir a las entrañas del volcán. Él volvió a seguirla, hasta el interior del mismo, y cuando estuvo frente a ella, Diana creyó tener su oportunidad: sacó el lazo y se lo lanzó pero a Supermán no se le podía sorprender tantas veces con la misma maniobra y ese truco ya se lo sabía. Lo agarró al vuelo y lo utilizó para atraerla hacia sí de un tirón y hacerla morder el polvo otra vez. Por fin tenía ventaja. Sin soltar el trozo de lazo que agarraba, se puso encima de ella, le sujetó en alto los brazales y se los ató juntos. Con el peso de su cuerpo la mantenía contra el suelo y le controlaba las piernas.

A pesar de esto ella seguía intentando pegarle, forcejeaba en un pulso por ver si se soltaba. Él la ató más fuerte y le tiró de la melena hacia atrás

- ¿Te vas estar quieta de una vez?

Aún con los brazos atados ella consiguió golpearle la mandíbula, a lo que él respondió arrancándole el frontal de la armadura y la ropa que iba adherida, dejándola desnuda de cintura para arriba.

Esto la dejó sin respiración, vulnerable, incapaz de responder. Se sentía impotente y desprotegida, una sensación que era desconocida para ella.

Él la miró a la luz que llegaba desde el cono del cráter y que se filtraba por las grietas de las paredes y la encontró increíblemente atractiva y hermosa, sudando por el esfuerzo de la pelea pero altiva hasta el final. El orgullo herido le llenaba los ojos de lágrimas. Le quitó despacio la tiara de princesa y le acarició la melena negra, a la altura de la frente, sin dejar de mirarla, sin dejar de sujetarle los brazos. Ella respiraba agitada, cerró los ojos cuando él se acercó despacio para besarla. La besó en los labios, la besó en las mejillas, en los labios de nuevo, lentamente, dándole tiempo, y ella poco a poco le devolvió también los besos y sintió ganas de abrazarle

Este fue un momento que lo cambió todo. Es como si ella hubiera perdido toda su resistencia. Como si hubiera conseguido ganar su voluntad. Pero Clark necesitaba estar seguro.

- No me gusta tener que usar el lazo, pero eres tan orgullosa que eres capaz de negar lo que sientes sólo por no rendirte. Si quieres que pare, dímelo ahora y te dejaré en paz

- No... No pares. Quiero estar contigo. Abrázame.

 

 

Cuando se despertó era ya de noche. El fuego crepitaba casi inaudible a pocos metros. Tenía el brazo de Kal rodeándola a la altura de las caderas, sujetándola firmemente contra su cuerpo, como si quisiera evitar que se fuera a caer... O a escapar. Su capa les cubría a media altura.

Se sentía agotada después de aquel choque de trenes que había dejado todo tipo de secuelas en el paisaje de los alrededores. Se sentía liberada, tranquila, feliz. Ya no pensaba en si los brazos de él podían ser un peligro para su independencia o en la disciplina amazónica o en su ascendencia noble... Ya no pensaba en nada, de hecho, no podía pensar. Su naturaleza femenina la había dominado, sólo podía sentirse bien, no podía evitarlo. Recordaba la intensidad con que Kal le había hecho el amor aquella tarde, cómo le había dicho que ella era única, que con ninguna otra había podido entregarse así, dejándose llevar sin reservas. Le hacía sentirse especial. Recordaba sus palabras y su besos. Recordaba las pulsaciones de placer que había logrado desencadenar por todo su cuerpo

 Suavemente intentó alzarle el brazo, con la intención de cambiar de postura.

- Shh... ¿Dónde vas?

- ¿No estabas durmiendo? – le dijo ella con una sonrisa

- Mmm. Sí...

- Quería darme la vuelta

- No. Así estoy a gusto. Anda, duérmete - protestó él

- Sólo son las diez. Es muy temprano – consiguió darse la vuelta y se encontró muy cerca de su rostro. La miraba con los ojos entrecerrados

- Estás guapa... – agarró la capa y la subió un poco para cubrirla hasta el pecho - ¿Qué tal?

- Muy bien

- Perdona por lo del traje...

- Bueno, es sólo un trozo de tela roja. Iré a Temiscira a por uno nuevo

- Te van a preguntar... No te dirán algo por estar con alguien que no tiene ni sangre real ni pueblo al que gobernar, bueno de hecho ni pueblo al que pertenecer...

- ¿Es eso lo que te preocupa? – le acarició el pelo – No te preocupes. Los tiempos han cambiado. Además, tú tienes tus propios méritos... La mitología griega está llena de grandes héroes que no tenían títulos

- ¿Como por ejemplo... Teseo?

- No, ese era hijo del rey de Atenas

- Jasón

- Era príncipe

- Vale, Héctor era príncipe de Troya, y ¿Ulises?, ¿Aquiles?... ¿Heracles?

- Ulises era hijo de rey, Aquiles, de rey y de diosa, Heracles era hijo de Zeus y su madre era reina también

- ¿Lo ves?, me rindo. No tengo nada que hacer

- Ya se me ocurrirá alguno – le sonrió - ¿Qué vas a hacer la semana que viene?

- ¿Cómo que qué voy a hacer? ¡Tengo que ir a trabajar! Si no voy de vez en cuando me van a echar del periódico. Se me han acabado las vacaciones. Pero bueno, el miércoles me ha pedido un compañero de la sección deportiva que le cubra un partido de los Knicks, si quieres puedes venir y te das un baño de cultura americana conmigo

- Preferiría darme un baño contigo, simplemente. He visto una cascada increíble en el camino

- ¿En el parque nacional? Diana, nos van a pillar...

- Seguro que no. Además, si lo hacen desapareceremos tan rápido que pensarán que lo imaginaron

- Estás acostumbrada a hacer todo lo que se te antoja. Ay, me traerás problemas...

 

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