7. El mundo nunca es suficiente

En la sala de espera sentía cómo algo le atenazaba la garganta. El miedo... Su compañero, su aliado normalmente, su arma de combate. Pero en esta ocasión el miedo le traicionaba. Los minutos hasta que le permitieran pasar se le hacían interminables. ¿Cómo estaría ella? Pronto podría ver con sus propios ojos lo que él mismo le había hecho...


- Puede pasar. Le están esperando

Estaba esposada, vestida con un mono grisáceo. Llevaba el pelo diferente, una melena corta, castaña, pero parecía tranquila, algo cansada. Su belleza se había transformado, había perdido fuerza y agresividad, pero seguía siendo seductora, no podía evitarlo. Llevaba a la gata dentro del cuerpo. Y sus ojos verdes agarraban el corazón de Bruce Wayne y lo presionaban por muchos lados.

Él se sentó frente a ella y tomó el auricular. Ella no lo hizo. Sólo le miraba. El rencor parecía no dejarla. No quería hablar con él. Volvió a colgar y la estuvo mirando simplemente, a través del cristal. ¿No le traía recuerdos?, ¿no sentía nada parecido a lo que él llevaba en su corazón? Pasaron quince minutos y movió los labios de manera que ella pudiera entenderle.

- Volveré mañana

Así lo hizo. Al día siguiente ella tampoco le habló, ni al próximo. Pero él siempre le prometía que volvería al día siguiente y siempre cumplía su promesa. Al cuarto día Catwoman por fin descolgó.

- Hola Bruce

- Selina...

- ¿Cómo te va?

- Normal...

- Ya

Se hizo el silencio

- Selina, ¿por qué tuviste que hacerlo?, ¿por qué tuviste que probarme así?

- Necesitaba saber si me querías. Si me protegerías llegado el momento. Si me tenías algo de lealtad. Ya me di cuenta de que no...

- ¿Si protegería tus delitos? Sabes que siempre estaré del lado de la ley... Sé que no te interesaba el diamante, te daba igual, no lo querías. Simplemente eras incapaz de vivir con la duda de si te amaba lo suficiente como para perdonarte todo, como para saltarme todos los límites y todas las normas por ti...

- Las normas son algo flexible, Bruce, pero el amor es incondicional

- Intenté advertirte de que no lo hicieras. No podías seguir siendo la Catwoman que eras, la que sólo respondía a su voluntad y a su capricho, y al mismo tiempo estar a mi lado. Siento que esta haya sido la única manera de que madures y comprendas que hay líneas que no se pueden traspasar... Arriesgaste demasiado... Y te equivocaste

Selina se quedó callada. Con la miraba fija sobre la mesa gris

- Necesito saber que has pensado sobre ello y que comprendes por qué lo hice – prosiguió él - Necesito que entiendas que no tenía que ver con si te quería o no, porque sí te quería. Todo aquello del robo y la lealtad y la prueba, estabas jugando con fuego. Créeme si te digo que me tuve que arrancar el corazón del pecho para denunciarte y que desde entonces he sufrido cada día...

- Yo también he sufrido. No entiendo por qué no pudiste hacer la vista gorda. Haberlo resuelto entre nosotros. Yo hubiera devuelto el diamante... No tendríamos que habernos separado... ¡Se trataba de mí, Bruce!

- Y eso hasta cuándo... ¿Hasta tu siguiente delito?, ¿hasta tu próxima apuesta? Me lo pediste a gritos, me retaste a hacerlo, a poner mi deber por encima ¡y lo hice! Te di lo que querías. No podía estar encubriéndote eternamente. Si hubiera dejado pasar lo del Diamante Esperanza habrías jugado conmigo siempre, me habrías perdido el respeto. Habría sido un pelele en tus manos – Se paró un momento y tranquilizó el tono de su voz - Habrías matado lo que quedaba de nosotros. De esta forma por lo menos sabes quién soy y de quién te enamoraste un día.

Selina sintió como la tensión se rompía como una cuerda dentro de ella. Se le encogió el corazón. Se había prometido durante estos tres días que dejaría caer sobre Bruce todo el rencor que llevaba dentro y que no permitiría que él la culpabilizara de la situación. Pero en el fondo sabía que la había jodido bien, que la tentación había podido con ella como con Eva en el Paraíso. Había comido del árbol del bien y del mal porque necesitaba saber, porque si Batman se rendía en ese momento en concreto, ella confirmaría su poder sobre su voluntad. Porque sabría a ciencia cierta que no le perdería nunca, pasara lo que pasara, que él estaba loco por ella hasta el extremo de traicionarse y destruirse a sí mismo. No había sido así. Se había quemado en su propia trampa y ahora las lágrimas le quemaban las mejillas por el tiempo que había pasado separada de él, por la ruptura consciente de lo que una vez fue hermoso y feliz.

- Tenía miedo de perderte. Creía que si me demostraba a mí misma que nunca  podrías dejarme, volvería a dormir tranquila, podría ser Catwoman sin preocuparme de nada más. Tenía tanto miedo de decepcionarte sin querer que decidí hacerlo a sabiendas. Acelerar aquello que me estaba causando tanta angustia. Perdóname... Perdóname... Sí te quería, siento haberte hecho esto... – el llanto no la dejaba seguir hablando

- Selina...

Se quedaron frente con frente, apoyados en el cristal, incapaces de abrazarse pero al fin liberados del abismo que les separaba y Bruce descansó por fin después de mucho tiempo.

 

- Vamos, si no te estás quieta no habrá manera de que esto quede como debería...

Recostada en la bañera detrás de él, se dedicaba a acariciarle el pelo con el champú. Clark sostenía el traje de Wonder Woman, un tejido de otro mundo, orgánico y fuerte, y lo iba cosiendo con el láser. Las fibras se fundían y reagrupaban con el calor de sus ojos.

- ¿De que trata la canción? – dijo señalando un cristal luminoso que cantaba sobre el lavabo

- Es una canción kryptoniana. Trata de una hermosa mujer, una mujer terrible y poderosa... Y del hombre que se enamora de ella... Juntos podrían haber escrito una de las más bonitas leyendas de mi pueblo pero...

- ¿Qué pasó?

– Ella es muy mala. Le pega, le obliga a que le cosa la ropa...

- ¡Serás!...¡Me lo estaba creyendo! – le empujó la cabeza

- Por favor, no me pegues más... – le dijo riéndose

- No tendrías que coserla si tuvieras más cuidado

- Tú también me has roto alguna cosa. Este apartamento ha cambiado mucho en los tres meses que llevamos juntos...

- Qué exagerado. Dime de qué trata... La canción. Entiendes la lengua kryptoniana, ¿verdad?

- Claro...

Quedó un rato en silencio y después respondió:

- La canción es una nana... Para mi viaje. Mi madre, Lara, la cantó para mí y me la dejó en la nave. Quería que tú también la escucharas

Al cabo del rato él bajó a buscar comida china y ella se quedó en su habitación envuelta en la toalla. Miraba los cristales de música que él tenía en el armario, eran cinco, traídos de la Fortaleza de la Soledad, último bastión de conocimiento de la cultura kryptoniana.

Decidió activar uno de ellos. El cristal reconocía a la persona que lo activaba, registraba su lenguaje, buscaba en su biblioteca de idiomas y hacía traducible el kryptoniano para el usuario.

- Registro post-lanzamiento. Título desconocido. Sujeto: Lara de la casa El. Absorción de datos no solicitada. Tiempo registrado: 5:32. Archivo temporal en espera de ser clasificado o eliminado

El cristal proyectó una serie de imágenes confusas y una música teñida de distorsiones, desprendimientos, explosiones. La música de fondo parecía una plegaria. Una plegaria desesperada de mujer, un último ruego antes del fin del mundo. El cristal había conseguido captar la conexión claramente en algunos puntos y la perdía en otros. Era una canción hermosa y triste, una canción terrible frente a la certeza de la destrucción. Un planeta completo, ciudades enteras, millones de vidas. La Tierra no había visto nunca un cataclismo semejante... Y ojalá no lo viera nunca.

- Diana... No llores... – Clark la abrazaba desde atrás – No tendrías que haber visto eso. Fue un registro involuntario, el cristal lo captó a gran distancia del planeta

- Lo siento... Mucho – la fuerza sobrecogedora del cristal la había paralizado. Había sido como estar allí, tal era el realismo de la ilusión que creaba – Lo siento...

 

 

Era el tercer cuaderno que recibía en aquel mes. Sus compañeras de pasillo envidiaban las visitas y la atención que Catwoman recibía desde hacía muchas semanas

- Para que sea como si no te hubieras perdido nada – le dijo Bruce. Le iba enviando periódicamente los cuadernos sobre lo que había sido su vida desde que se separaron. Recortes de periódico, publicando las hazañas del hombre murciélago, sus aventuras, sus fiestas. Recopilaba la información durante los fines de semana y solía enviársela los lunes “para que tuviera algo para leer”, según decía.

- Vaya con el novio de la gata. Parece que tiene miedo de que te escapes por los tejados.

Las provocaciones de Michelle le resbalaban completamente. Le había sacado las uñas en el pasado incontables veces pero ahora era inmune a sus tonterías. Michelle le tenía tanta envidia que jugaba con su ira y sus instintos, se dejaba arañar y golpear a propósito, con tal de ver con satisfacción el castigo posterior que le aguardaba a Selina. Quería que no le dieran ni un mes de reducción por buen comportamiento. Quería verla consumirse todo el tiempo posible en aquella celda.

- Cállate estúpida, en unos meses estaré paseando por el alféizar de tu ventana mientras tú te sigues preguntando por qué aceptaste la provocación de aquel tipo y lo acabaste ahogando en el río Hudson. No cometeré el error de dejarme llevar. A mí me espera la libertad.

Michelle se quedó callada un momento. Catwoman la había calado. Michelle sólo quería para los demás lo mismo que tenía para ella: la provocación deliberada, la tentación de delinquir, el delito, el castigo. Por aquel orden, eran los eslabones de la cadena que la mantenían atada a aquella celda. Quería lo mismo para el resto del mundo, y en aquel reducido pasillo el mundo era Selina Kyle.

- Zorra del demonio, a cuántos hombres y mujeres no habrás matado tú durante tus correrías como Catwoman. Te crees que en la oscuridad de la noche no se ve nada, no se sabe nada, no se habla de nada. Pero aunque no se hable, todos lo sabemos, los que os movéis en ese mundo de superhéroes y supervillanos os creéis por encima de todas las normas y de todas las leyes. No eres más que una puta asesina a la que todavía no han pillado en su mejor momento pero ya te cogerán. En alguna de tus aventuras te harán culpable de matar algún policía o a algún tipo que pasaba por allí y al que ni siquiera habías advertido...

- Basta ya, perra, me estás agotando

- Así que perra, ¿eh? Ya sabes lo que hacen las perras a las gatas. He visto uno de tus cuadernos, del mes pasado, en que estabas tan triste porque no recibiste nada... Lizzie se encargaba del reparto y se lo cambié por una chuchería. Veamos que tenemos aquí: “Creí que el Espantapájaros habría dejado Gotham para siempre... Bla, bla, bla...”, ah, sí, aquí “Me hubiera gustado que termináramos este trabajo juntos. Me recordaba a los buenos tiempos, cuando acabamos con aquellos mafiosos de la calle 43 y terminamos la noche haciéndonos de todo sobre los rascacielos. Te echo de menos Selina” – hizo una pausa deliberada - Fin.

- ¡Maldita puta! ¡Te voy a arrancar los ojos en cuanto pueda ponerte las manos encima!

- Shhh, ¿qué está pasando aquí?, ¡Callaos de una vez o tendré que llevaros a celdas de ailamiento! – protestó la celadora con energía

Cuando se hubo marchado, la lengua sibilina de Michelle prosiguió con su venenosa atracción, intentando hacer que el lado más violento de las entrañas de Catwoman saliera a la luz y se quedara.

- Así que ese era tu secreto para estar tanto tiempo fuera del trullo. Si no puedes vencerlos, únete a ellos... Literalmente. Eres la jodida prostituta de la JLA ¿A cuántos superhéroes te tiras para que te dejen hacer lo que quieras? Está claro que al pobre Batman lo tienes a tus pies... ¿Es él quien viene a visitarte de vez en cuando?

Selina imaginaba el cuello partido de Michelle, sin fuerzas, las vertebras arrancada de su base, la sangre en surcos chorreando por sus mejillas y sus brazos. Las garras de Catwoman permanecían crispadas alrededor de los barrotes, sus pupilas en rendijas verticales. Sus ojos reflejaban con el brillo de las lámparas cuando volvió la cabeza hacia su oponente. Michelle mantenía su retorcida sonrisa. Si conseguía que la matara habría llevado a cabo la más deliciosa de las venganzas posibles.

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Los cristales de recuerdos eran una tecnología desarrollada por Jor-El y Lara, su contribución conjunta al desarrollo de su civilización. Cuando ella, que dirigía los archivos de historia y cultura del planeta, planteó a su esposo la necesidad de un nuevo método de archivo de datos, él se puso a desarrollar un tipo de tecnología que permitiera almacenarlos de forma sencilla, que economizara el espacio, pero que a su vez permitiera que se conservaran con toda su fuerza y realismo, creando ilusiones complejas, absorbentes, comunicativas a niveles insospechados. De esta manera la riqueza de los archivos se multiplicó, permitiendo almacenar sensaciones, olores, ilusiones visuales tridimensionales y recreando una realidad virtual que fuera fuente de conocimiento para otras civilizaciones y para los kryptonianos de generaciones futuras (volver)

 

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