A medida que el tiempo avanzaba, Clark tuvo ocasión de conocer mejor a Diana. Ella demostró tener una capacidad asombrosa para el deber y para distanciarse de sus sentimientos, su disciplina era tan estricta en cuanto a sí misma y a su forma de combatir que se acabó convirtiendo en el miembro más temido de la JLA, no ya por su poder, sino por su actitud. Su formación castrense la convertían en una enemiga terrible pues era partidaria de llevar la justicia hasta sus últimas consecuencias. A menudo Clark temía que llegara a traspasar ciertas líneas, aunque ella siempre se mantenía dentro de lo estrictamente correcto. Allí donde había que aplicar la mano dura, siempre estaba ella, se convirtió en su brazo más implacable. En ese sentido era necesaria, pues a Clark muchas veces le podía su humanidad, daba demasiadas oportunidades, agotaba hasta el límite las vías alternativas. Pero Diana era resolutiva y optaba por frenar el peligro de un tajo, de alguna forma llevaba la guerra en las venas tanto como la paz, pues la primera le parecía el mejor medio de alcanzar la segunda. Podía llegar a ser fría y a congelar sus emociones si lo deseaba y esto era algo que a Clark le daba inseguridad y que temía en el fondo. Ella era fuerte e independiente, no parecía que necesitase a nadie
No había vuelto por Temiscira y por otro lado parecía que la relación entre ellos se había estabilizado. Clark le había dado más espacio. Sabía que ella necesitaba tiempo para recomponer todas las piezas que había en su complicada vida. Sabía que si intentaba presionarla la perdería, así que de momento la única forma de que estuvieran juntos era aquélla, aprovechando cualquier momento libre para huir lejos y olvidarse de todo y de sí mismos. Mientras siguieran separando aquellos dos mundos no tenía por qué haber ningún problema. Podían pasar un fin de semana en Lhasa y el siguiente en Panamá o en Nueva Zelanda. Ambos aprovechaban el tiempo juntos para recorrer el mundo y hablar con sus gentes. Hasta cuándo, ninguno de lo dos lo sabía
Después de muchos meses de salir juntos, sus encuentros seguían conservando la intensidad de lo que se posee por poco tiempo y está fuera de la realidad cotidiana. Ella intentaba no enfrentarse con el lazo de la verdad, no preguntarse hasta dónde sería capaz de llegar. Sólo dejaba pasar el tiempo, mientras no tuviera que tomar decisiones de ningún tipo, todo podría mantenerse como estaba.
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- Me gusta estar aquí, escuchando - Clark se recostó contra la pared de la montaña - El viento se transforma. Los lamas creen que lleva las oraciones hasta Buda
Las banderas de oraciones se agitaban violentamente a aquellas alturas. El Himalaya era un lugar que Clark consideraba especial. Había lugares en Asia que para él desprendían una gran fuerza de espíritu: templos de agujas doradas perdidos en medio de remotas selvas, cuevas ocultas repletas de exvotos depositados durante siglos de devoción, los gigantescos rostros de las construcciones camboyanas... Eran increíbles las cosas que el hombre podía lograr a través de la fe.
- ¿Tú lo crees?
- ¿Por qué no?
- Creía que eras monoteísta. Que no creías en los dioses de las demás religiones...
- Que no me sienta cerca de ellos no significa que piense que no existen. Tus dioses, por ejemplo, los que te dan tus fuerzas y tu poder. Tú hablas con ellos, les has visto... Es evidente que están ahí...
- Pero sigues sin creer en ellos
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- No es eso...
Diana se sentó junto a él sobre la roca
- Explícamelo... Haz un esfuerzo
- Bueno, es simplemente... Que yo me identifico con mi religión, con la que forma parte de mi cultura. Pero no por ello pienso que otras manifestaciones no sean válidas. Creo que todas las religiones canalizan una misma fuerza y un mismo poder superior a todas ellas, y que éste toma distintas formas, así como la comunicación se transforma en distintas lenguas
Diana asintió
- Me gusta la idea que tenéis vosotros de un Dios únicamente bueno. No le hacéis responsable del caos. El caos es ajeno a él, es la ausencia de él. Nosotros le hemos puesto nombre al mal y le hemos dado templos y se le adora como se adora al bien, porque no podría existir Démeter sin Ares, ni Zeus sin Hades, ni Atenea sin Eris. En mi mundo las fuerzas del bien y las del mal son igualmente poderosas como en un Ying Yang, todos los dioses son necesarios y merecen respeto y adoración. Pero vosotros... Siempre ponéis el bien por encima, siempre acaba venciendo, y llamáis demonio sólo a aquella creación que torció su camino y que espera su castigo en el juicio final. Es una visión más optimista, más emocional
- Al final acabarás convirtiéndote al cristianismo y casándote por la iglesia
- Claro, y perderé mis poderes y me convertiré en devota ama de casa a tu lado. Es evidente que ese será mi destino
- No seas tan sarcástica. ¿Tan malo sería intentar encontrar un punto intermedio?
- No dejaré de ser quien soy por ti, Kal...
- Yo no te pido que cambies, sólo querría que lo nuestro tomara una consistencia más real...
Ella lo miró un momento y besó sus labios
- ¿Esto no te parece suficientemente real?, ¿no es real la intensidad conque te entrego mi cuerpo? Estoy aquí, contigo, ahora. ¿No es eso lo que importa?
- Sí... – le respondió con cansancio – Supongo que sí.

Por aquel tiempo Batman se había comprometido con Catwoman, estando ella todavía en prisión. Ella había aceptado el anillo de compromiso a través del cristal de visitas, conmovida por la lealtad y la fuerza que él le demostraba. Le había prometido que aguantaría, que saldría antes de la próxima primavera. Bruce le había dado un motivo más para desear la libertad. Sin embargo, una triste noticia empañó los días felices y prometedores de la vida de Bruce Wayne, una de las mayores pérdidas que podían marcar su corazón a lo largo del tiempo. Una noche, al volver de una de sus habituales visitas a la cárcel, encontró la mansión más oscura que de costumbre. El corazón de Alfred, su mayordomo y amigo, se había parado mientras preparaba el jardín para la nueva estación.
El día después del funeral, cuando todo el mundo se hubo ido, Clark permanecía al lado de su amigo Bruce, hasta las dos, las tres, las cuatro de la mañana.
- ¿No echas a veces de menos a tus padres?
Clark se sorprendió por esta pregunta. Bruce no solía hablar jamás de sí mismo y menos a un nivel tan personal, ni siquiera teniendo en cuenta las circunstancias. Su hermetismo habitual había desaparecido.
- A veces... Pienso que la muerte sólo ese momento trágico que lo cambia todo, ese tropiezo en medio de miles de cosas... Un relámpago clavando las raíces en el lugar equivocado, una tarde de domingo rota por una sirena de ambulancia, una brecha irreparable en el firmamento. Sólo un traspiés y luego todo queda visto a través de ese momento, porque ya no eres la misma persona. ¿Sabes lo que quiero decir? Recuerdo tres momentos de la noche en que mataron a mis padres: En un primer momento estaba sentado en las butacas de la ópera y recuerdo estar asustado y queriendo irme a casa. Luego un segundo momento, una encerrona en un callejón, mis padres asustados... Y yo, no sabía muy bien qué estaba pasando, todo pasó tan deprisa... No sé cómo pudo pasar tan deprisa, es imposible que algo tan importante suceda tan rápido... En un tercer momento estaba solo. Había pasado. Había bajado aquel escalón, ya no tenía remedio. Dentro de mí sigo en ese escalón, más oscuro, más profundo, como un cuarto de castigo.
Clark no sabía qué decir. Pensaba que siempre encontraría palabras para sus compañeros pero esto...
- ¿No lo has pensado nunca? – prosiguió Bruce - La vida está formada por miles de millones de instantes que se construyen con inmenso trabajo, con la precisión de la arquitectura, con la belleza de lo intangible. Construir una identidad, una historia, construir ideas y pensamientos, una trama de relaciones, amor, odio, devoción.... Construir como esos inmensos palacios invisibles que son las personas, llenos de palabras y de abrazos, y a los que vas a pasear todas las tardes como si fueras un niño. Lleva años y años darles forma, docenas de navidades, muchos veranos, muchos buenos momentos. Y una tarde cualquiera de esas vas por allí y no queda más que un solar... – Un momento de silencio siguió. Clark sentía su propio corazón encogido por los recuerdos - Tendría que haber hecho más. Tendría que haber cuidado más a Alfred. No haber dejado que se ocupara siempre de todo. Podría haber estado más con él. Tendría que haberme quedado dentro del teatro aquella noche... Mis padres seguirían vivos. El destino me ha cobrado tan cara aquella cobardía...
- Sólo eras un niño, Bruce, sería tan injusto que exigieras para ti lo que a ningún otro le pedirías... Además, es imposible que supieras lo que iba a pasar. Siempre pensamos que podríamos haber hecho algo más, que podríamos haber cambiado el curso en tantos puntos del camino... Yo echo de menos a mi padre cada día.
- Supongo que nunca sabes cuando va a ser la última vez que escuches la voz de alguien... ¿verdad?
Clark sonrió amargamente a su amigo:
- Mira, yo estoy seguro de algo. La vida no puede ser tan llena y la muerte tan vacía. Todo en el universo está equilibrado. Estoy seguro de que hay algo más.
- Algo... ¿como después de la muerte? – Bruce le devolvió la expresión
Clark asintió:
- Los caminos se cruzan y descruzan a través del tiempo y cada uno tiene que hacer su parte, sea más larga o más corta... Tu parte ahora está aquí, defendiendo a los que no pueden defenderse, ayudando a que no se repita lo que les pasó a tus padres. Volverás a encontrarte con los tuyos. Ten confianza, Bruce.
- Supongo que por mucho que hagamos los héroes, la muerte al final siempre vence... Excepto en tu caso, Clark... |
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