8. Morgana
Y entonces el rey Arturo, herido de muerte por la lanza de su hijo y sobrino Mordred, fue guiado por tres reinas en una barca, hacia la isla imperecedera de Avalón

 

Cuando abrió los ojos de nuevo le parecía que había estado durmiendo un día completo.

- Al fin has despertado.

Ella estaba allí de nuevo, sentada al borde de la cama, cerca de la cabecera. Llevaba la larga capa negra y el recogido alto envuelto en un pañuelo de seda oscura. Él tenía grilletes en las muñecas pero las cadenas eran muy largas y le permitían algo de libertad de movimientos. Se sentó en la cama, contra la fría pared de acero.

- Tú...

- Contessa Erica Alexandra del Portenza... Tu nueva dueña y señora – llevó la vista hacia el libro abierto sobre la mesa - He visto que has estado hojeando mi libro durante tu cautiverio... ¿Qué te parece? Como verás, además de una mujer de negocios, soy doctora en filosofía.

Clark estaba todavía un poco aturdido.

- Me parece que de alguna manera intenta decir que el fin justifica los medios... Una idea que se aleja completamente de mi manera de pensar.

- También dice que un hombre no debe dejar que los obstáculos se interpongan entre su voluntad y aquello que desea – se inclinó sobre su hombro, acercándole los labios al oído. Él podía sentir su aliento sobre la piel - Querer es poder, Clark, tú todavía puedes aprenderlo. Sólo necesitas un guía con experiencia que te ilumine el camino. Yo puedo enseñarte, si tú quieres – Seguía susurrándole mientras le rozaba el cuello con los dedos – Te puedo enseñar a realizar tus sueños, a ser cada vez más libre, a dar los pasos necesarios para cumplir con tu destino... Déjame que te quite todo ese peso que arrastras por dentro y que no te deja avanzar. Las personas como tú y como yo sólo pueden ir en una dirección... Hacia adelante.

- Lex dice que eres una inmortal

Ella le miró a los ojos, sosteniéndole delicadamente el rostro con ambas manos

- Así es, Clark. Piénsalo. Cuando todas las personas que conoces y amas hayan desaparecido yo seguiré aquí. Tan poderosa y plena de vida como me ves ahora mismo. Podría ser una compañera hecha a tu medida. Una que nunca te abandonaría.

- Lo harías cuando ya no te sirviera. Como planeas hacer con Lex. Ningún hombre con algo de juicio podría confiar en ti. Estoy seguro de que Lex intentará acabar contigo cuando le hayas dado el heredero que busca.

Ella se retiró como una serpiente que se ha encontrado un obstáculo.

- Espero que tu actitud sea mejor ahora. Mientras tú descansas y te repones, Lana sufre esos absurdos celos de Lex. Espero que no se pase con las dosis.

Miraba fijamente a la pantalla. Allí estaba Lex con Lana. Ella no conseguía moverse, estaba paralizada por los sedantes. Seguía a Lex con la mirada y apenas conseguía hacer oír sus palabras. Se podía escuchar lo que Lex le decía.

- Siento mucho lo de tu situación. En realidad, Clark se niega a colaborar con nosotros y por eso hemos tenido que involucrarte tanto. Tiene una naturaleza muy egoísta, además de peculiar... En otros aspectos. Supongo que nunca te contó que viene de muy lejos y que llegó con la lluvia de meteoritos. Seguramente fue una maniobra de distracción para que pasase desapercibido. No es fácil, como comprenderás, camuflar el aterrizaje de un extraterrestre dentro de los Estados Unidos. No les salió mal, a pesar de la cantidad de víctimas que se llevaron por delante con esta maniobra. ¡Y luego dicen que soy yo el que se sobrepasa con los efectos colaterales!

Lana guardaba silencio con la mirada baja. Clark estaba destrozado.

- Nació en un planeta llamado Krypton...

- Lo sé todo, Lex...

Ella le interrumpió con un hilo de voz

- No puedo creer que te lo contara

- Se llama Kal-el. Me lo contó todo.

Clark no conseguía explicarse esta respuesta. Lana le había estado ocultando que sabía toda la verdad. Lex se inclinó sobre Lana.

- Mejor. Porque si no lo hubiera hecho, ahora sería demasiado tarde. Pronto perderás la capacidad de escuchar. Esta joya te la regaló él, ¿verdad? Bueno, se la devolveré a su dueño.

Lex la besó en los labios mientras le quitaba el brazalete y después salió de la habitación. La condesa apagó la pantalla.

- Clark, ¿no crees que ya la has hecho sufrir suficiente?

- Haré todo lo que me pidas pero no dejes que Lex le cause ningún daño. Sé que tienes poder para imponerte a él. Me pondré a tu servicio si me prometes protegerla. Es mi única condición.

Los ojos de ella brillaron por un instante.

- Descuida, yo la pondré a salvo de Lex. Tú pórtate bien conmigo y yo me portaré bien con ella.

Él asintió con resignación.

- Dime lo que quieres exactamente

- Cierra los ojos y trata de relajarte

Ella se acercó más a él y le rozó las mejillas con los dedos, luego los párpados, luego los labios, muy lentamente. Le pasó la otra mano por el pelo, varias veces, recorriéndole los mechones oscuros en largas pasadas, bajando hasta el cuello y cerrando la mano a su alrededor, sintiendo los músculos poderosos. Acercó el rostro hasta apoyarlo en la mejilla de él y empezó a acariciarle y a darle besos con mucho cuidado, suavemente, hasta llegar a su boca.

Le besó al principio ligeramente y cada vez con más intensidad pero él no le devolvía los besos.

- Bésame...

Él la besó con rigidez. Se sentía bajo mucha tensión

- ...Como besarías a Lana.

Él se separó un poco de ella

- Esto no va a resultar... No puedo...

Ella le explicó, susurrando

- Cuando Morgana quiso que su hermano Arturo yaciera con ella, creó para él una ilusión mágica. Tomó la forma de su esposa, Ginebra, y Arturo creyó que estaba en el lecho con ella y de este modo engendraron al poderoso Mordred, un hijo de reyes.

Mientras contaba la historia, ella había empezado a desenvolver el pañuelo de seda que llevaba enroscado en la cabeza.

- Te haré un regalo. Voy a borrar de tu espíritu esos remordimientos. Quiero tu cuerpo y quiero también tu alma.

Dejó caer el pañuelo. El recogido iba sujeto por múltiples horquillas rematadas de piedras rojas que se repartían por todo el peinado, lanzando maléficos destellos por entre los bucles oscuros. Empezó a sacar un largo collar de cuentas rojas que llevaba sujeto. Clark sintió una energía liberadora recorriéndole el cuerpo.

- Será mejor que me sueltes estos grilletes

- ¿Puedo confiar en que te portarás bien?

- No quiero estrangularte con estas cadenas mientras te hago el amor

Ella le liberó los brazos, con una sonrisa plena de satisfacción

- ¿Me darás el poder que estoy buscando?

- Todo el poder que quieras y más. Serás la mujer más poderosa del mundo

- Que así sea, mi dulce Kal-el

 

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