3. Perdidos

Pasó la mañana en la playa, tomando el sol, que le hacía sentir más vital, tomando la sombra, disfrutando del agua paradisíaca y de los peces multicolores que el snorkel permitía perseguir y casi acariciar. Al fondo, cerca del horizonte, podía ver la línea de la barrera de coral.

 

Por supuesto, Clark no necesitaba tubo y podía pasarse horas sin hacer pie, allá en lo hondo, cerca del arrecife. Salió del agua y se sacó las gafas de buceo, que le habían dejado marca de tanto rato que había pasado bajo el mar. Salió a toda velocidad y en un segundo tenía una limonada bien fresca entre las manos. Los labios le sabían a sal cuando enganchaba la pajita para beber.

 

Pensó que tenía que hacer este tipo de planes de vacaciones más a menudo pero era temporada baja, la playa estaba desierta. Estaba completamente solo. Qué diferente sería compartir todo esto con Chloe, siempre la echaba de menos. Ella estaba en la rueda de prensa del Meridien, apenas a diez minutos andando para una persona normal, apenas a diez décimas de segundo para alguien como él. Podía ver las villas instaladas en la arena desde allí. Y sin embargo la distancia parecía mayor porque era una distancia psicológica, que le había impuesto ella. Ojalá no tuviera que ser así. Él no había pedido esto.

 

Recordó varios pasajes de su vida: cumpleaños, excursiones, trabajos de grupo… No hubieran sido lo mismo sin Chloe. Estaba muy acostumbrado a estar con ella. Se preguntaba cuándo conocería a alguna chica con la que poder compartir todas aquellas cosas… Como pareja. Un poco de suerte en aquel sentido. No había tenido ninguna otra novia además de Lana.

 

Chloe volvió del hotel a mediodía, después de una mañana de duro trabajo periodístico. Clark tenía muchas ganas de verla y hablar con ella, pero estaba silenciosa y poco habladora. De repente salió de su mutismo:

 

- ¿Quieres que alquilemos un jeep?

 

Tomaron la ruta larga, que atravesaba la isla de norte a sur. La vegetación era frondos. Chloe permanecía absorta mientras observaba las pequeñas cascadas que se derramaban en ramos de hilos a los laterales del camino.

 

- Deberíamos caminar un poco – dijo Clark, que se había desviado del camino principal y llevaba el coche dando tumbos por un sendero secundario, que debía ser para andar a pie y no para recorrerlo sobre ruedas. Estaba distraído, con la mirada fija en Chloe, preocupado por su persistente actitud autista, que no acababa de disiparse. A veces tenía momentos en que se abrían las nubes y volvía a aparecer la Chloe de siempre, luminosa y risueña, pero otras…

 

- ¡Clark! – exclamó Chloe cuando las ruedas del jeep cedieron en un bache y éste se atrancó bruscamente. Frenó en seco. Parecía haberse enganchado con algo. Afortunadamente sólo había sido un susto. Él se bajó a mirar.

 

- Hay algo extraño aquí debajo…

 

- ¿Algo como qué?, ¿un animal?

 

- No. Más bien… Algo metálico. Baja un momento.

 

Ella se apeó del todoterreno y Clark aprovechó para levantarlo a peso y desplazarlo.

 

- Parece una tapa de metal – apuntó ella -. Qué extraño. Aquí en medio…

 

- Está hecho de plomo. Esto no me gusta

 

- ¿Crees que la han diseñado pensando en ti?

 

- No lo sé. Quizás. O quizás el plomo sea para mantenerla bien cerrada, por el peso, no lo sé…

 

- Tendremos que averiguarlo – dijo ella remangándose y poniéndose de rodillas. Intentó alzar la mitad de la tapa con esfuerzo.

 

- ¡Chloe! – intentó detenerla él - ¡Podría ser peligroso!

 

- Esto es muy sospechoso. Si simplemente nos damos la vuelta, qué clase de periodistas somos… - estuvo a punto de decir y qué clase de superhéroes pero se lo calló.

 

- Podría ser tan solo un acceso al sistema de aguas de la isla, Chloe – dijo él quitándole importancia mientras asumía el esfuerzo de abrir la tapa. En el fondo le gustaba aquella sensación de volver a los viejos tiempos. Formar equipo con ella, tener esa complicidad.

 

- La escotilla está vacía – dijo Chloe asomándose

 

- Pero huele a explosivos…

 

No tuvo tiempo de seguir haciendo conjeturas, puesto que a ambos les sorprendió un sonido circundante parecido a un susurro primero y luego a un cascabel que diera vueltas a toda velocidad.

 

- ¿Has escuchado eso, Clark? – dijo ella, asustada -, ¿habías oído antes algo así?

 

Clark negó con la cabeza.

 

- Creo que lo mejor será que nos marchemos de aquí – le contestó, cerrando cuidadosamente la escotilla.

 

Antes de que se diera cuenta, Chloe estaba sostenida por encima de su cabeza. Una extraña columna de humo negro se le había enroscado alrededor, como una trompa de elefante. Hacía un ruido infernal, entre mecánico y orgánico, ¿qué clase de monstruo era aquél?

 

 

Se elevó en el aire sin perder tiempo, intentó enterrarle los brazos y las manos para provocar que la soltase pero no podía… Se trataba de humo, no había por dónde asir a una criatura así. Además, si se mantenía en la misma posición, el vapor negro también se enroscaba en sus propios miembros. Se mantuvo en altura mientras el organismo o lo que quiera que fuese zarandeaba a una aterrada Chloe hacia delante y hacia atrás.

 

Tomó distancia y dirigió el rayo de fuego hacia las entrañas de la columna. Era una táctica que solía dar resultado con otros seres incorpóreos, formados de pequeñas moléculas. Dio resultado. El ser se retorció y se retiró a las profundidades de la selva, dejando caer a Chloe. Los brazos de Clark la tomaron al vuelo.

 

- ¿Qué demonios era eso? – le preguntó ella.

 

- Parece que me persiguen los problemas – Clark llegó a la misma conclusión de siempre. Nunca en su vida tendría unas vacaciones decentes.

capítulo siguiente

volver al principio