Al día siguiente se levantó, se puso una camiseta blanca y un bañador y salió de su habitación sólo para encontrar a Chloe en la puerta de la pensión, a punto de irse.
- ¿Ya te marchas? – le dijo, mimoso. La tomó de la muñeca suavemente. Si pudiera retenerla un poco más… Que se olvidase del periodismo sólo por hoy…
- Llego tarde. Luego nos vemos – le dio un rápido beso en la mejilla y se escurrió de entre sus dedos con una facilidad que a Clark le pareció pasmosa. Cuando se vino a dar cuenta ella ya había cruzado la carretera y le hacía un gesto de despedida. Se quedó algo decepcionado, preguntándose cómo había pasado todo tan rápido… Se suponía que él tenía supervelocidad… Pero qué remedio le quedaba. Estaba claro que el hombre que estuviera junto a Chloe tendría que compartirla con el periodismo durante toda su vida. Esa era su auténtica pasión. Otro día de playa absolutamente solo. Se conformó con su suerte. Contaría las horas hasta que Chloe volviera.
Durante el día no dejó de pensar en cómo se habían besado la noche anterior. Le hacía ilusión verdaderamente intentar aquello con Chloe. Hacía tiempo que había dejado atrás los temores de intentar convertir la amistad en algo más. Merecía la pena. Chloe podía ser la mujer de su vida. Esta vez sí que podía funcionar.
Antes de comer decidió dar una vuelta por la isla, una especie de patrullar, que podríamos decir, por ver si la criatura de humo negro volvía a aparecer, pero no había ni rastro de ella. Intentó también seguir el rastro de los explosivos sin éxito. Como le ocurría muchas veces, por desgracia, tendría que esperar a que aquello que fuese a pasar, pasase realmente, a que el peligro se pusiera de manifiesto para atajarlo. No tenía muchos medios para resolver los problemas de forma preventiva, tenía que irlos resolviendo durante la marcha.
Chloe apareció más tarde de lo previsto, casi a las cuatro. A Clark la espera se le hizo eterna, mientras la esperaba en el porche, comiendo patatas de bolsa y agotando las reservas de limonada de la pensión. Cuando ella llegó parecía cansada.
- Bueno, un poco tarde pero, ¿qué te apetece comer? He estado viendo las posibilidades en este catálogo de viajes y parece que hay mucha variedad. Es de hace dos años pero no creo que hayan cambiado mucho…
- No tengo mucha hambre, Clark. Siento no haber podido avisarte antes, pero ha sido un infierno de trabajo… Intenta ir a comer tú. Yo he pensado en echarme un rato…
Para Clark fue un jarro de agua fría. La comida había pasado a ser el menor de los problemas.
- ¿Te encuentras bien?
- Sí… Sí. Es sólo que estoy algo cansada.
Clark reflexionó un momento y decidió preguntarle, inseguro.
- ¿Esto es por lo de anoche?

Ella no contestó. Sólo negó con la cabeza.
- Yo… No quiero presionarte ni nada de eso – siguió él -. No me importa darte todo el espacio que necesites, Chloe, no tienes por qué apartarte así de mí – le dijo, algo dolido por su cambio de actitud.
- No es eso. No pasa nada. Necesito descansar. Por favor.
Se dirigió a su habitación. A Clark le dio la impresión de que estaba agobiada pero no sabía qué hacer. Que le iba a dar espacio, le había dicho. No le apetecía nada hacerlo pero parecía que no le quedaba otro remedio. Tendría que esperar.
Por la tarde estuvo contemplando a solas el arrecife de coral, desde el lugar en que ella le había encontrado durmiendo. Aquella magnífica barrera coralina poblada de innumerables plantas y animales. Era un muro de todas formas, una pared que separaba una pequeña porción de mar del resto del interminable océano. Como el obstáculo invisible que ella parecía querer levantar entre ellos. Qué podía hacer. Tenía que encontrar la manera de salvarlo, de convencerla de que no había motivos para tenerlo, no había lugar para el miedo. Sabía lo que quería, estaba seguro, dentro de la seguridad que uno puede tener con estas cosas.
Aquellos pensamientos le acompañaron hasta el día siguiente a la misma hora del mediodía, cuando Chloe volvió a aparecer por el estrecho camino que llevaba al Chez Armelle.
- Hola Chloe – él le estaba esperando en el porche. Se acercó y le puso en el pelo una flor blanca, que había cogido para ella.
- Clark… - le respondió ella, con tristeza, intentando separarse.
- ¿Qué?
- Escucha, he estado pensando y no estoy muy segura… De que esto vaya a salir bien.
- Ya lo sé, Chloe. Seguro no se puede estar nunca pero hay que intentarlo. Antes pensaba que no pero es necesario tomar riesgos o nunca sabremos nada.
- Sí, pero es que… No sé, mira lo que pasó hace dos días – improvisó -. Siempre pasarán cosas… Difíciles. Te puede pasar algo en cualquier momento…
Clark retrocedió ligeramente. Chloe le estaba sorprendiendo. Nunca pensó que ella le diría algo así. Ella era diferente. Asumía los riesgos de sus aventuras, estaba dispuesta a comprometer sus sentimientos, a apoyarle. Este miedo era nuevo. Pero era cierto que sufrir por una pareja no era lo mismo que sufrir por un amigo. Era mucho más duro. Ella misma tendría que ponerse en peligro muchas veces. No era un lugar fácil para estar y él lo sabía.
- Te asustaste por lo del monstruo de la selva… - recordó su impresión de terror -. Yo no dejaré que te pase nada nunca. No necesitas salir conmigo para saber eso, ¿verdad? Yo siempre te voy a proteger, aunque no estuviéramos juntos.
- No es eso, Clark.
- ¿Entonces qué es?
- Ya te lo he dicho. Tengo miedo de que te pudiera pasar algo. De estar siempre sufriendo por ti. No quiero estar así… No quiero eso para mí.
Él la tomó por los hombros y la miró fijamente
- Chloe, ya sé que es muy difícil pero… - no pudo continuar. No se le ocurrió qué le podía decir. Contra aquello no tenía defensa posible ni cómo convencerla. Esa era su vida, complicación y riesgo. Chloe lo sabía mejor que nadie. Quien estuviera a su lado tenía que aceptarlo así. Era un sacrificio que no todo el mundo podía hacer y que, definitivamente, no estaba en el derecho de exigir. Sus brazos se relajaron y se resignó lentamente -. Creía que sentías lo mismo que yo.
- No es cuestión de lo que pueda sentir. Es más bien… De realizar una elección. Yo ya la he hecho. Y he elegido ser tu amiga.
Se marchó y Clark volvió a quedarse solo. Y esta vez parecía que por mucho tiempo.
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