7.8.06

Fib 2006 – Episodio 2 – “Qué dura es la vida del fibber!”

El fibber es un ser insolao, requemao, pasao de alcohol, deslomao de dormir en el suelo o, en el peor de los casos, todas estas cosas a la vez. Repasemos los retos a los que se enfrenta el fibber en un día cualquiera de su vida festivalera.

1. Camping fibber: El camping es parte fundamental de la experiencia FIB y, sin él y sin el machacamiento que conlleva, el fibber no estaría completo. El pobre fibber llega normalmente ya machacao al campamento, hacia las tantas de la noche, después de un duro día de trabajo, conducción o vuelo low-cost o, en el peor de los casos, todas estas cosas a la vez. Debe cruzar la pasarela de la muerte sobre la carretera y arrastrar penosamente su tienda y mochila por un interminable camino de piedras hasta la explanada cubierta toldos. Aquí estamos hablando del camping VIP, destinado a la gente de la organización. Del otro camping, el general, este fibber no tiene testimonio. Muchos han ido y pocos han vuelto. Sólo se sabe que está “a tomar por culo”. Allí, el fibber debe encontrar un hueco libre donde su tienda quepa, en una superficie más concurrida que una playa de Benidorm.

El camping VIP se encuentra junto a la vía ferroviaria, con lo cual el fibber sentirá algo parecido a como si le fuera a pasar un tren por encima, despertándose con sudores fríos y palpitaciones varias veces durante la noche. Excelente si llevas todo el día trabajando como voluntario. La cara de acojonado del muñequito del FIB se debe a este hecho poco conocido.

2. Duerme cuando mueras: El fibber no debe retirarse a una hora inferior a las 9 de la mañana, siendo su único destino ir a la playa a morir de insolación y pasar la resaca al sol como una lagartija. Si su destino es el camping, el tren, los bollos del suelo y la falta de colchón o de cualquier otro material mullido harán el resto. Estamos hablando de auténticos fibbers, ya que unos pocos suertudos tienen acceso a casas o alojamientos dentro del pueblo (menda incluído)

3. Servicios: Hay mucha leyenda acerca de éstos, especialmente los del camping (el que se levante a medianoche deberá utilizar infrarrojos o resignarse a la más absoluta oscuridad en su solitario quehacer). Lo cierto es que yo fui a uno de ellos sólo para ofreceros (sí señores, va por ustedes) la experiencia fibber de primera mano y tampoco es para tanto. Están las cabinas y el búnker. Puedo decir que el búnker es mejor que muchas gasolineras y que están separados los chicos de las chicas. Hay dos señoras repartiendo trozos de papel higiénico a la entrada durante todo el día. Fer habla peor del camping pero dice que aguantar hasta la vuelta no es solución: “es posible que uno se encuentre con que tanta tropa no quepa por la puerta del castillo”. Gracias Fer, por esta metáfora tan explícita

4. Sexo (“Festival Internacional Sexual de Benicassim”), drogas (“Hay mucha magia en esa carpa”) y rock&roll: Siendo éste un trío clásico, a su llegada al recinto se le entrega al fibber un manual de supervivencia en el que se dan consejos para que el sujeto aproveche lo más posible su desenfreno.

Los consejos son del tipo: sabemos a lo que has venido, así que vamos a sembrar de condones el festival para que no haya problema. Esto debe ser una leyenda urbana porque este fibber no vio nada y menos gratis. Otro consejo de exposición: bebe mucha agua o las sustancias estupefacientes que consumas te deshidratarán vivo. Hombre, gracias, me has salvado la vida. No lo olvidaré.

5. Basura: “Esto parece la escena final de Platoon” o “Esto es Apocalypse Now” (gracias, Pedro) son dos buenas maneras de ilustrar lo que es el FIB a las 9 de la mañana. Los “cadáveres” de los pobres guiris se apilan entre montañas de desperdicios. Se encuentran profundamente sopa a pesar del chundachunda que sigue saliendo de todas las carpas. El fibber llegará al extremo de acercarse hasta el contenedor de basura y depositar cuidadosamente a sus pies las botellas, plásticos y papeles. El fibber jamás, repito jamás, llegará a depositar nada DENTRO del contenedor. La acumulación de basuras es especialmente preocupante en los escenarios, ya que no hay donde apoyar los pies. Un consejillo: al fibber hay que ir con tenis, no con chanclas.

6. Comida y bebida: Pese a lo que mucha gente cree, sí que se puede pasar comida dentro del FIB. Allí se pueden conseguir cosas para ir tirando: bocatas, pizzas, kebabs y crepes… Ni tan mal. No es barato pero bueno. La bebida, aún más cara, se consigue canjeando tickets. El límite de esponjismo del fibber es desconocido, sobre todo en guiris, que a las 6 de la tarde pueden estar ya de no reconocer a su señora madre. Esto se traduce en empujones y somantas de palos por parte de los borrachos y en espinilleras, rodilleras y casco para defenderse por parte de los que sólo quieren ver a su grupo favorito (veáse avalancha de Los Pixies y concierto posterior de Los Strokes)

7. Expresión de la personalidad: El fibber viene a expresarse, liberarse, a pasarlo bien. Saca del armario esa queridísima camiseta con el ídolo de infancia, la peli de culto, el grupo favorito o la fricada que sea (el fibber lleva al festival sus camisetas favoritas y más amadas, es la ocasión, es su puesta de gala) y sale dispuesto a decir “aquí estoy yo”.
Aparejada a esta necesidad proliferan las tienditas destinadas a proveer al fibber de camisetas, chapitas y cositas cool que exhibir y con las que expresarse: eso sí, a precios de guiri, que para eso es Festival Internacional. Los precios no son una clavada, simplemente son eso, “internacionales”. Pues ya está.

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